17 años a ritmo de Pacífico

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Mencionar el Petronio en Cali es remitirse inmediatamente a la marimba de chonta y a esos acordes que evocan el Pacífico colombiano, pero la intención del Festival va mucho más allá. Busca en un solo evento, contribuir al conocimiento, reconocimiento y salvaguarda de las culturas y las músicas tradicionales del Pacífico Colombiano, con inclusión. 

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Con esta intención nació el 9 de agosto de 1997, El Festival de Música del Pacífico Petronio Álvarez, que además con su nombre rinde homenaje al músico bonaverense Patricio Romano Petronio Álvarez Quintero.

Después de 17 años el Petronio ha evolucionado, se ha transformado, ha cambiado de escenarios, buscando ser cada año más incluyente y con mayor proyección.

El primer cambio, quizás el más notorio es el tamaño del evento. El festival se inició con un público de cinco a diez mil personas en los primeros dos festivales y muy rápidamente se fue disparando hasta convertirse en un espectáculo que durante cinco jornadas congrega a más de 25 mil espectadores y visitantes diariamente.

Hasta el 2007 el Festival se realizó en el Teatro al Aire Libre los Cristales, cuando desbordó la capacidad de este escenario.

En 2008 se trasladó a la Plaza de Toros, espacio que tiene la posibilidad de albergar a 15 mil espectadores. En el exterior de la Plaza se ubicaron las artesanías y gastronomía propia de la región Pacífico, en menor escala.

Diversidad en texturas, formas, materiales, presente en el Festival Petronio Álvarez
Diversidad en texturas, formas, materiales, presente en el Festival Petronio Álvarez

En 2011, recién entregado el Estadio Olímpico Pascual Guerrero, luego de su remodelación, se realizó en este escenario y el parque de las Banderas.

Finalmente en 2012 el Festival de Música del Pacífico Petronio Álvarez encuentra un espacio propicio para concentrar en un solo sitio todas las manifestaciones culturales, gastronómicas y estéticas de esta población. En la Unidad Deportiva Panamericana supera todos los estimativos de asistencia y se consolida como un gran evento de ciudad; espacio que en 2013 se denomina Ciudadela Petronio.

En la versión 17 del Festival, en la Ciudadela Petronio, se estima que asistieron a la inauguración unas 50 mil personas y, en los días más fuertes, viernes y sábado, la asistencia llegó a 120 mil espectadores.

Pero al tiempo que cambian los escenarios cambia el público. Inicialmente el púbico del Festival, como era lógico, lo constituía la afrodescendencia del Pacífico, poco a poco se fue sumando a este grupo la afrodescendencia colombiana, el Petronio era un espacio de encuentro al que llegaban de todas las regiones del país. Como lo señala Germán Patiño Ossa, historiador y literato de la Universidad del Valle y uno de los fundadores de este festival folclórico, “hoy, es un evento multicultural donde están todas las etnias, ya no está concentrado solo en la afrodescendencia, ha trascendido. Este cambio de público es importante”.

Y es que la pluralidad étnica y la multiculturalidad de Santiago de Cali hicieron eco rápidamente a este evento que pronto creció en participantes; hoy llegan a los 460, creció en público y se metió en el corazón de una ciudad que espera convertirse en la capital del Pacífico Latinoamericano.

Esta fue una sociedad esclavista durante trescientos años y aquí la presencia negra es muy importante, está en todas partes, la vivimos a diario, sería absurdo negarla. Es mejor aceptarla y acogerla.

El Festival Petronio Álvarez es un medio de conservación, apropiación y conexión con las manifestaciones culturales afrocolombianas urbanas y rurales.

El segundo cambio, ya en su forma como evento musical, lo sufre en las categorías musicales y el objetivo general.

“El Petronio comenzó como un festival de orquestas y conjuntos, así fue el primer festival, pero rápidamente nos dimos cuenta que eso no funcionaba, porque en la música tradicional no hay ni lo uno ni lo otro, entonces se crearon las categorías de marimba y chirimía y la de versión libre para darle espacio a los grupos urbanos y académicos”, precisó Germán Patiño.

Y agregó que “finalmente, hace unos cinco años, se agregó la categoría de violines caucanos, porque representaba un segmento afrodescendiente muy importante, esos del  antiguo Cantón de Caloto y el valle del Patía, muy vinculados al Pacífico históricamente, que hacían una música singular”.

Los mejores grupos del Festival se hacen acreedores a El Bombo Golpeador, la estatuilla entregada en el Petronio Álvarez.

El componente académico siempre ha estado presente desde el primer Festival, siempre se han aprovechado los jurados para dictar talleres, hacer encuentros académicos, intercambio con los músicos, esa es una constante del Petronio, que tiende a fortalecerse, porque no se puede apartar la academia cuando se habla de una cultura tan vasta como la cultura del Pacífico.

La muestra artesanal abre un espacio para el reconocimiento de otras estéticas
La muestra artesanal abre un espacio para el reconocimiento de otras estéticas

Lo que ha evolucionado en el Petronio y mucho, son otros componentes que realzan y destacan el contexto de la música del Pacífico. No se trata solo de gozar y bailar con los ritmos, sino también disfrutar de la cocina, de la amplia gastronomía que ofrece la región. La zona gastronómica del Festival crece y se ha fortalecido, luego de ser una cocina inicialmente precaria, hoy está mucho más organizada y ofrece mayor variedad.

También la muestra empresarial, de artesanías, de estética afro, cosas que son nuevas en el festival, que aumentan y enriquecen su entorno. Un cambio positivo en Todo eso ha sido un cambio positivo en el Festival.

EL futuro del Petronio depende en buena medida de que permanezca en la tradición. “yo quisiera que no evolucionara más, mientras más tradicional fuera, mucho mejor”, sentenció el profesor Germán Patiño.

El Festival Petronio Álvarez debe mantener su carácter multicultural, pero la gente debe educarse más en la música del Pacífico, sentirla más y ser capaz de gozar no solo con los ritmos que lo hacen saltar, sino también con los ritmos que son muy muy lentos.

Esta, que se ha convertido en la fiesta más grande y representativa del folclor del Pacífico afrocolombiano con su sensualidad y virtuosidad, se renueva cada noche, con las fusiones de cantos ancestrales y nuevos ritmos, nació para quedarse arraigado en los corazones de los caleños y de los miles de colombianos y extranjeros que cada año vienen a llenarse de colorido, de movimiento, de currulao, cununos, violines, guasá, marimbas, sonidos que rescatan el orgullo de pertenecer a una etnia con una gran riqueza cultural que cada año exhibe, vestida de gala, lo mejor de sí.

Voces del Petronio:

“Me parece una gran ocasión para recordar nuestros ancestros y la preparación de sus deliciosas recetas, el Petronio no solo es música, es su gastronomía y la oportunidad para que todos los asistentes se deleiten con los frutos que nos da el mar”, afirmó Mariluz Angulo, una nariñense, de El Charco, que tiene un puesto de comida típica en la muestra gastronómica del Petronio.

 “Como afrodescendiente y caleño quiero compartir con mis semejantes, no me quiero perder las delicias que aquí se ofrecen y culturalmente, la música. Estoy feliz de ver tanta gente”, aseguró Cristian Vásquez, uno de los miles de asistentes a la Ciudadela Petronio Álvarez.

 “Con paja de tera estamos ofreciendo sombreros, bolsos, turbantes y abanicos, también con guadua, que tenemos bastante en nuestro Pacífico, estamos haciendo pulseras, aretes y elementos decorativos para el hogar”, indicó Claudia Patricia Saa Cuero, expositora en la muestra artesanal, proveniente de Santander de Quilichao.

Hugo

Homenaje a Hugo Candelario

Hugo Candelario González Sevillano nació en Guapi, Cauca, el 12 de febrero de 1967, es compositor, arreglista, saxofonista, marimbero y director musical. Vivió su infancia cerca del río, de los marimberos, de los músicos y cantoras que pasaban por el lugar formando las famosas curruleadas. Este fue su primer contacto con la música. En 1978 viaja a Bogotá donde termina el bachillerato. En 1985 se radica en Cali.  Inicia sus estudios en el Instituto Popular de Cultura, en el Conservatorio Antonio María Valencia y posteriormente en la Escuela de Música de la Universidad del Valle, estudios que alterna con investigaciones particulares sobre el folclor tradicional de la región del Pacífico y otras regiones de Colombia, investigaciones que son aún su interés primordial y el eje de su carrera musical.

Hugo Candelario ha participado en varios seminarios y talleres musicales  con renombrados maestros del país como Blass Emilio Atehortúa, Álvaro Gallego, entre otros, y en diferentes lugares, desde  la Costa Pacífica y Atlántica, hasta La Habana, Cuba, donde tomó un taller de Música Popular Cubana, en la Escuela Nacional de Arte de este país.

Estas bases académicas e investigativas lo han llevado a conformar y dirigir varios grupos y trabajos musicales: ha sido el Director Musical del Grupo Folclórico Yurumanguí  (con el que participó en los Festivales de Verano en Europa, en 1991), de los montajes teatrales del Grupo de Teatro Experimental de Cali, del Grupo Joricamba, en el montaje “María” de Incolballet, entre otros. Además de grupos folclóricos de importantes empresas y universidades de la ciudad. Ha integrado otros grupos musicales como: Río Guapi, Teatro Luna Bruja, Banda de la Universidad del Valle, Grupo Instituto Popular de Cultura, Razas, Raíces Negras y Arcano.

Ha participado como músico invitado en los montajes de la Orquesta Sinfónica del Valle –Manglares- dirigido por el maestro Francisco Zumaque y La Sinfónica en Salsa de Currulao  dirigida por el maestro Paul Dury, en el que participó como arreglista junto con el maestro Félix Darío Morgan. Paralelo a estas actividades Hugo Candelario se ha dedicado a desarrollar una práctica docente, se ha  desempeñado como profesor de música en la ciudad de Cali, en algunas escuelas, en el Instituto Popular de Cultura, en el Instituto Departamental de Bellas Artes, en la Secretaría de Cultura de Cali y en diferentes instituciones a nivel nacional.

Director del Grupo Bahía, reconocido en el ámbito musical no sólo del Valle del Cauca y Colombia, sino también de diferentes ciudades del mundo. Con este grupo fue ganador  en las dos primeras versiones del Festival de Música del Pacífico Petronio Álvarez.

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