¿Dónde está el Buffet criollo?

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La victoria de Obama en Estados Unidos es el triunfo de una visión moderna y progresista de economía y sociedad, que reconoce que en el mundo real ni el talento, ni las oportunidades ni la suerte están equitativamente distribuidos, que la solidaridad es el “pegamento” del contrato social y que los más afortunados tienen el deber de contribuir en mayor
medida a mejorar las posibilidades para todos.
En el ámbito empresarial, fue la victoria de Warren Buffett (el inversionista multimillonario y filántropo estadounidense, quien apoyó a Obama y ha dicho que no se justifica que él pague menos impuestos que su secretaria) sobre Sheldon Adelson (multimillonario de los casinos que aportó cerca de $USD100 millones a la campaña republicana, profesa una visión individualista a ultranza de la economía y cree que la mejor receta para el crecimiento es la reducción de los impuestos al capital). En momentos en que Colombia, un país atrozmente desigual, acomete una reforma tributaria es preciso preguntar a los empresarios colombianos por qué visión de sociedad van a apostar: ¿la de Buffett o la de Adelson?
La reforma propuesta contribuye a la equidad general en varias dimensiones: 1. disminuye los impuestos al trabajo (parafiscales, salud) y fomenta la generación de empleo formal, camino cierto a la reducción de la pobreza; 2. reduce los impuestos a los trabajadores de menores ingresos, especialmente a los que ganan entre 1 y 3 salarios mínimos; 3. aumenta progresivamente los impuestos efectivos al 12,6% de los contribuyentes (más o menos el 2,5% de la población económicamente activa) que ganan más de $5,15 millones por mes; y 4. sube los impuestos (aunque tímidamente) a los pensionados que reciben más de $10 millones mensuales. Tiene toda la lógica que el aporte tributario del 1% de los colombianos que ganan más de $10 millones al mes (¡quienes acaparan el 20% del total de los ingresos de la población!)
sea significativamente mayor al 5% promedio que hoy pagan por concepto de renta.
Sin embargo, es inaudito que este esfuerzo no se le exija en forma proporcional a los colombianos que son ricos (0,1% de la población) o ultraricos (0,01%)para estándares internacionales. El efecto progresivo del Impuesto Mínimo Alternativo Nacional (Iman) se estanca en ingresos gravables de $250 millones al año. De ese nivel en adelante se paga 15% de impuesto de renta. ¿Porqué no subir ese límite gradualmente al 25%, por ejemplo? Con esto se corregiría la baja tributación de las personas que cobran salarios u honorarios muy altos (ejemplo: de $500 a $1.000 millones al año).
Aún con este cambio, se seguiría privilegiando a las personas más ricas del país, pues sus ingresos son principalmente por concepto de dividendos que son exentos de renta en Colombia y,por ende, no estarían sujetos al Iman. Esta situación es escandalosamente inequitativa. En la mayoría de los países del mundo se gravan los dividendos y en Colombia existió este impuesto hasta 1986. En Estados Unidos, por ejemplo,los dividendos actualmente tributan al 15% y la “regla Buffett”, impulsada por Obama, busca establecer un impuesto mínimo del 30% para aquellas personas que ganen más de $USD1 millón al año –independientemente de si la fuente es ingresos laborales o rentas de capital–.
La situación es incluso más patética si se considera que en el proyecto de reformase bajan los impuestos a las empresas (al bajar las contribuciones parafiscales y para salud). Lo mínimo sería “compensar” esta reducción de los impuestos a través de un gravamen a los dividendos. De lo contrario, será una reforma que privilegia claramente al capital. ¿Habrá algún empresario suficientemente visionario para atreverse a sugerir una fórmula para Colombia como la propuesta por
Buffett?
P.D.: ¿En que país viven el senador Salazar (Conservador), que considera que un colombiano que gana entre $20
millones y $30 millones es de “salario medio”, y el senador Robledo (Polo) que considera que gravar pensiones superiores a los $10 millones de pesos.

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