484 años cerca del cielo

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Por Jorge Buitrago

Santiago de Cali, la ciudad fundada un 25 de julio de 1536 está de cumpleaños. Hoy quiero dedicar unas palabras a esta hermosa tierra que me vio nacer y que al igual que a todos los que acoge, nos ha dado lo mejor de sí.

Hablar de Cali es sinónimo de cultura, alegría y hospitalidad de gente buena y talentosa. Ya muy bien lo plasmaron maestros como Edulfamid Molina y Jairo Varela en esos viejos y amados himnos a esta bella comarca y sus hermosas mujeres “Cali es Cali, lo demás es loma”. Esta ciudad es un sueño abrazado por esa brisa deliciosa que nos acompaña todas las tardes. Tierra de artistas, músicos, escritores, cineastas y de los mejores deportistas. Lugar de gente bacana, que trabaja incansablemente y sin importar las circunstancias nunca deja de sonreír. Terruño que irradia sabrosura y empuje en cada una de sus esquinas.

Ciudad de una riqueza natural como ninguna otra en Colombia, única atravesada por siete ríos, rodeada de dos cordilleras y por cuyo cielo vuelan un sinfín de especies de aves. Caminar por Cali es encontrarse con unas calles rodeadas de guayacanes, samanes, ceibas, veraneras y palmas, que adornan cada uno de sus rincones.

Además de ser la capital mundial de la salsa, donde se encuentran los mejores bailarines del mundo, es también una tierra en la que confluyen múltiples tradiciones del Pacífico, el sur y otras zonas de nuestro país. Somos una ciudad que como símbolo de ese Cristo Rey que nos acompaña desde su cerro, abraza por igual a todo el que llega a ella. Esa mezcla de pueblos, tradiciones y culturas hacen de Cali una ciudad que no reconoce extraños.

Esa sucursal del cielo, lo es también de una clase empresarial y obrera que a lo largo de su historia ha sabido sembrar las bases de una región prospera que va desde la caña de azúcar y el agro, atraviesa el sector servicios, pasa por las industrias creativas y termina en un sector salud único en su especie en Colombia.

Son 484 años de una historia que nos llena de orgullo a los Caleños, pero a la vez nos impone enormes retos frente al presente y el futuro de nuestra ciudad. Cali necesita un mayor empuje de nosotros, no podemos seguir evocando el recuerdo de aquellas épocas en la que éramos ejemplo de civismo y desarrollo para el mundo, es ahora donde debemos recuperar el sentido de pertenencia por esta tierra y trabajar todos unidos bajo el propósito común de seguirla haciendo grande.

La mejor manera de amar a nuestra ciudad y honrarla en su cumpleaños, es lograr pasar de una Caleñidad que vaya más allá de lo simbólico de esta hermosa tierra y dar paso a una que permee nuestra civilidad e identidad y nos permita seguir haciendo de Cali la sucursal del cielo en la tierra.

Feliz cumpleaños, Cali.

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