6 jóvenes escritores que escribieron un libro antes de los 30

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En Cali hay un importante número de jóvenes escritores que vienen haciendo su aporte cultural. Y  a pesar de que muchos de ellos permanecen en la sombra, es mucho lo que tienen por decir. El Pueblo presenta un breve perfil sobre ellos.

Por Jaír Villano

@VillanoJair

Un primer libro es una falsa hazaña. Al principio, estimula el ego, crea audaces expectativas, la admiración de ciertos incautos. Un primer libro te abastece de falsos amigos y de paso de sinceras enemistades. Un primer libro es un primer paso, un tenue pero –a fin de cuentas– rugido. Los comentarios de un primer libro nunca son malos, por el contrario, suelen enmarcarse en esa etiqueta peligrosa según la cual el autor es una “joven promesa” (Ay, a las viejas decepciones les consta que, en la mayoría de los casos, eso no corresponde a la realidad). Y como no hay crítica (no, nadie se atreverá a lastimar las esperanzas del bisoño) el autor de un primer libro cree que, siendo modesto, el Nobel no será suyo, pero ahí está el Príncipe de Asturias, ahí viene la columna en Arcadia, la invitación a cócteles con la gente del establecimiento a la que antes criticaba, las conferencias pagas, el paseo en las Ferias del libro.

No, no, no. Y por si acaso: ¡no!

Un primer libro es solo una pisada en el amplísimo horizonte por el que ya pasaron los verdaderos escritores, pero una primera obra también es un resultado, el culmen de un proceso generalmente largo y extenuante. Tal vez en ello reside su pertinencia; en el ejercicio de, en la finalización de algo que siempre pudo ser mejor, pero que es lo que es y ya, porque parafraseando a Borges: los libros se publican porque de no hacerlo nunca terminaría de corregirse. Y porque como bien lo insinuó Gabo: Uno no escribe lo que quiere sino lo que puede. Ya está.

En Cali hay un importante número de jóvenes que llevan poco tiempo de estrenar una obra. Desde luego, esto es un acontecimiento digno de mencionar, tal vez ninguno de ellos comparta lo dicho en los primeros párrafos, en cualquier caso, aquí en El Pueblo le contamos un poco acerca de estos jóvenes escritores, y también algunos comentarios que tienen frente a la escena literaria de la ciudad.

Dos poetas rugientes

Alejandra Lerma (24 años) y Daniela Prado (21) llevan menos de un año en el estreno de su libro de poesía (financiado por el programa Estímulos de la Secretaría de Cultura), pero ambas tienen una experiencia envidiable para su corta edad.

Alejandra escribe antes de los 12 años. Le otorga la pasión por los libros (en especial la poesía) y la escritura a su abuelo, quien a pesar de no ser escolarizado tenía un interés por la literatura, que contribuyó a que Lerma estuviera rodeada desde pequeña de libros.  Esta caleña publicó su primer libro teniendo 15 años de edad. ‘El lenguaje de mi alma’  es un recopilado de sus expresiones poéticas, que salió a la luz cuando estaba en el colegio. La joven poeta jamás creyó que ese compilado trascendería del círculo familiar, pero el libro ganó un premio Departamental, que le abrió un camino por el que cursa con calma.

Alejandra Lerma
Alejandra Lerma

Alejandra está finalizando su carrera de Comunicación Social en la Universidad del Valle, y ha sido ganadora de numerosos premios de poesía, que además le han posibilitado viajar a países como Cuba, México y Perú. Sin duda, Lerma es una de las poetas jóvenes con mayor proyección en el Valle del Cauca.

Al igual que su compañera, Daniela es una promotora cultural que acompaña su gestión con la escritura de versos. Prado ha sido ganadora de numerosos premios; sus poemas la han llevado a encuentros en Monterrey, Quito, Bogotá, entre otras ciudades más.

La poesía de Daniela son metafísicas reflexiones sobre su acontecer. Su encuentro con la “dama de cabellos ardientes” fue casi que fortuito. Estando en el colegio abrió un blog en el que escribía sin saber sobre qué género. Sus amigos y lectores la definieron como poesía y ella empezó  a consumir versistas que se acercaran a lo que proponía. Hace menos de un año estrenó ‘Big Bang’, un poemario que le ha merecido un importante reconocimiento.

Daniela Prado
Daniela Prado

La poesía, dice Daniela, “lo que busca es resignificar el mundo a partir de las mismas palabras”. Tal vez por eso cuando habla sobre la escena de la poesía en Cali no desaprovecha para irse lanza en ristre contra lo reducidos que son los espacios y la falta de rigor que hay en algunos de los talleres de poesía, donde, según ella, se “reúnen a acariciarse los egos”.

Alejandra no es menos crítica, sin embargo, reconoce que en la ciudad han venido floreciendo apuestas en función de la promoción de la cultura del libro, pero despotrica de la misma manera que Prado: “En Cali a cualquier lo llaman poeta”.

Estas dos escritoras son de las mejores apuestas que tiene la ciudad en la escena poética, seguramente, en unos años no muy lejanos darán de qué hablar.

El interés por el acontecer histórico

Juan David Ochoa
Juan David Ochoa

Para sorpresa de muchos, Juan David Ochoa es columnista de El Espectador desde que tenía 25 años de edad. Este joven caleño, que hoy tiene 3 años más, es una importante voz en la cultura local y nacional. Su columna del sábado suele tocar temas de interés público, tal vez su prosa o expresión argumentativa es lo que más llama la atención, pues en su lenguaje amalgama la profundidad conceptual de la filosofía y el lirismo de la poesía, lo cual, por lo demás, es consecuente con los intereses de Juan David, quien estudió Licenciatura en Filosofía y Letras en la Universidad del Valle, a pesar de que la literatura ha sido su gran pasión.

Ochoa manifiesta un inquietante interés por la historia que se puede evidenciar en sus textos y su libro ‘Polvo de Imperios’, compendio de relatos que recogen el trasegar de personajes históricos que han tenido giros violentos en su vida, y el cual es adobado con la meditada y característica prosa de este autor, que dirige talleres de escritura y comunicación en Cali.

Luis Gabriel Rodríguez
Luis Gabriel Rodríguez

Y si de historia se trata, hay que darle lugar a Luis Gabriel Rodríguez, un abogado cuyo romance con el periodismo y la literatura dio vida a su libro ‘De sueños y olvido’, una novela que pretende narrar aconteceres históricos y de suma pertinencia del país, como el exterminio de líderes de la otrora Unión Patriótica.

Luis Gabriel es egresado de la Universidad San Buenaventura, ha trabajado en el periodismo universitario y mantiene un espacio de opinión en la revista El Clavo. Manifiesta interés por la investigación, sus textos han sido publicados en varias ciudades del país.

 

 

 

El periodismo como mecanismo de memoria histórica

A diferencia del periodismo tradicional, el investigativo debe ser más reposado, menos coyuntural y más profundo. Esta clase de apuestas periodísticas son las que adolecen un país donde los trinos de Twitter se vuelven las agendas noticiosas de los medios y donde las declaraciones ardientes, temerarias y morbosas son la premisa bajo la cual operan los criterios de notica (que ni siquiera es complementado con un completo contenido).

Este periodismo, que pareciera en vía de extinción es, no obstante, el más reconocido. Por eso conviene hablar del trabajo de Luis Felipe Pérez, Luis Bustamante y Alejandra Rayo.

Luis Felipe Pérez
Luis Felipe Pérez

Para empezar, el pertinente libro de Pérez, quien en ‘Los enemigos de Trujillo’ desentraña la historia de las víctimas de este municipio golpeado por la brutalidad de los Paramilitares, el grupo ilegal que perpetró dantescas masacres entre finales de los 80 y comienzos de los 90.

El libro es una apuesta por hacer del periodismo un instrumento para la memoria histórica que además cuenta con un variopinto número de voces que le dan la rigurosidad necesaria para consolidarse como un valioso trabajo. Desde luego, a ello se le suma la oportuna relevancia que obtiene, dado el marco socio-político que atraviesa el país.

Pérez es Comunicador Social de la Universidad Autónoma de Occidente, y deja entrever en sus palabras el interés por la línea investigativa en el periodismo.

Y para terminar, un trabajo de trascendencia cultural, que no obstante no ha tenido el debido reconocimiento. Es el libro ‘Cuuuentos. Historia de un grito lastimero en Cali’, que recoge el origen de la cuentería en la ciudad a través de un cúmulo de testimonios de los actores que rodean los escenarios donde se despliega la actividad.

Luis Bustamante y Alejandra Rayo empezaron el trabajo como proyecto de grado para graduarse de comunicadores sociales en la Autónoma de Occidente, pero el proyecto investigativo fue tan bueno que terminó materializado en libro.

Alejandra Rayo y Luis Bustamante
Alejandra Rayo y Luis Bustamante

Curiosamente, uno de sus autores, Luis Bustamante, quien hoy cursa una maestría en Historia, advierte en el libro un importante trabajo, pero un flaco ejercicio de historia.

Una percepción que se podría atenuar si se tiene en cuenta el sesgo academicista. Lo cierto es que su libro se constituye como un aporte para la memoria cultural de una actividad caleña con un importante número de adeptos.

Epílogo

Así, pues, estos son algunos de los perfiles de los escritores jóvenes caleños. Un reconocimiento que muchos de ellos merecían, pues, como ellos lo sabrán, la visión mercantil bajo la que operan algunos medios, ensombrecen el aporte cultural de estas promesas de la literatura vallecaucana.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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