El fin de la Obamanía

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President Obama speaks at an interfaith vigil for families of the victims

Por Alejandro Sánchez

La gobernabilidad del presidente Barack Obama quedó seriamente comprometida luego de las elecciones del pasado martes. Por primera vez desde el 2006 el Partido Republicano logró apoderarse del Senado, con 52 escaños. De esta forma los conservadores se hicieron con el control de ambas cámaras del Congreso, dado que ya eran mayoría en la Casa de Representantes. Este resultado deja las principales propuestas del presidente norteamericano en un limbo legislativo que puede extenderse por el resto de su mandato. Y, lo más importante, derrumba la mítica imagen que lo llevó al poder en las históricas elecciones de 2008.

La contundencia de los resultados muestra un descontento popular con la administración de Obama. Algo que no deja de ser paradójico debido a la situación actual del país. Con un déficit fiscal menor al recibido en el 2008;  un precio de la gasolina en constante caída; y una economía que se recupera con solidez, no es fácil creer que 7 de cada 10 estadounidenses desaprueben la gestión de su líder. Eventos con mayor relevancia mediática, como la expansión del Estado Islámico o la invasión de Crimea, pudieron haber sido la causa del escepticismo con la administración del presidente y la de su colectividad.

La victoria Republicana hay que entenderla en un contexto bipartidista. En una democracia donde solo dos partidos se disputan el grueso del electorado, el voto de ‘rechazo’ es una figura que termina definiendo el curso de un proceso electoral. Aparte de ser la elección de medio tiempo más costosa de la historia ($3.7 billones), esta se caracterizó por el alto contenido de propaganda negra de una y otra parte. En esta ocasión el discurso Republicano se valió de la falta de resultados en Washington para desprestigiar la administración Demócrata. Al final el electorado se identificó con este mensaje y decidió castigar a Obama con su voto.

Es importante también reconocer los cambios al interior del Partido Republicano. A diferencia de otros años electorales, los nuevos dueños del Congreso decidieron presentar una imagen más moderada en el 2014. El Partido, por ejemplo, decidió distanciarse del ultra-conservador Tea Party Movement, quienes al igual que los demócratas salieron derrotados en estas elecciones. Adicionalmente decidieron  aislar a aquellos líderes que protagonizaron reconocidos escándalos mediáticos, como en el caso de Todd Akins. Finalmente, la flexibilización de sus posturas en temas como la inmigración y el uso de la marihuana medicinal les permitieron acceder a nuevos grupos de electores.

La nueva composición del Congreso cubre de incertidumbre las principales propuestas de Obama. La reforma al sistema de salud norteamericano es sin duda la política insignia de la actual administración. Ésta pretende universalizar un sistema de salud ampliamente privatizado por medio de subsidios públicos y regulaciones a la industria aseguradora. Obama logró sacar adelante este proyecto gracias a las mayorías legislativas que lo apoyaban. Sin embargo los republicanos dieron una férrea oposición a esta iniciativa. Y ahora que controlan ambas cámaras del Congreso, podrían boicotear esta reforma.

El cambio climático es otro frente que puede afectarse después de las últimas elecciones. La escena política en Estados Unidos tiene opiniones contradictorias sobre el manejo de los temas ambientales. Con una visión más empresarial, el Partido Republicano no acepta la existencia del cambio climático y promueve la explotación desregularizada de los  recursos naturales. Por lo contrario el Partido Demócrata no solo acepta la veracidad del cambio climático, sino que promueve actos legislativos para contrarrestarlo. El futuro de estas iniciativas también será incierto en el nuevo Congreso.

Finalmente se espera que la relación con Medio Oriente pueda experimentar cambios. La tan esperada salida de Afganistán puede tener algunas modificaciones. Con el fin de contener a Irán, algunos líderes conservadores opinan que una retirada absoluta de Afganistán no es conveniente. Por otra parte, es de esperar que el Partido Republicano no apoye las negociaciones nucleares entre Irán y Estados Unidos. En el caso de Siria podrían esperarse más críticas por la falta de acciones bélicas e incluso acciones legislativas que fomenten este tipo de acciones.

El carisma que generó Obama en el 2008 es hoy un lejano recuerdo. En los dos años restantes de su gobierno tendrá que lidiar con una legislatura hostil a sus políticas. Con esto no solo su gobernabilidad queda comprometida, también el legado que ha construido en sus ya seis años de gobierno. La victoria republicana del pasado martes es una muestra del rechazo popular a la administración Obama y de la moderación al interior del partido. Ahora solo falta esperar si el ya polarizado ambiente en Washington soportará la falta de sinergia entre el Presidente y el Congreso.

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