A los héroes los dejamos solos

0

luza-2011Por Luz Adriana Betancourth

En este mes de abril se cumplirán tres años del homicidio de una mujer a la que sin duda recordará su familia a diario, pero para los demás caleños, tal vez no es conocida, a pesar de que su integridad y valentía merecen un homenaje que sirva de ejemplo para quienes creen que ya no quedan funcionarios públicos dispuestos a ser fieles a los postulados de honestidad, transparencia y servicio.

Conocí su caso cuando me desempeñaba como directora del Noticiero 90 Minutos, y aunque muchos televidentes piensan que los periodistas nos volvemos indolentes frente a las noticias, créanme que no es así.  La muerte de Martha Inés Correa fue impactante porque se trata de una de esas mujeres maravilla dispuestas a cumplir con su deber por encima de amenazas y tentaciones de enriquecerse con sobornos. Sus batallas las dio desde la oficina de Instrumentos públicos de Cali, donde muchos pretenden alterar el certificado de tradición para que algunas propiedades a nombre de narcotraficantes aparezcan con un origen limpio.

Martha Inés gozaba de respeto como docente en las universidades San Buenaventura, Libre y Santiago de Cali. Tenía 57 años de edad cuando sicarios cortaron su vida, al regresar a su casa en el barrio Capri donde residía con su hijo.  Fue en abril del 2010 y en mayo del mismo año, el ejército publicó un comunicado donde indicaba que capturó a alias Fantasma, tercero al mando de “los comba”, a quien se responsabilizó por el crimen de la registradora.

El tesón, la rectitud y profesionalismo de  Martha Inés fueron reconocidos dando su nombre a la oficina ubicada en la avenida Guadalupe entre autopista sur oriental y avenida Pasoancho. Pero durante las batallas que libró para no dejarse presionar por quienes querían alterar el registro de las propiedades, Martha estuvo casi sola.

Esa es la reflexión a la que pretendo llegar: Por què reclamamos actos valientes e íntegros de parte de funcionarios públicos, si cuando ellos están dispuestos a hacerlo, los dejamos solos.

El Llanero solitario, Supermán, Centella y otros personajes de ficción lograban en cada capítulo pelear contra ladrones, asesinos, psicópatas y demás variedades de la delincuencia, sin que tuvieran ayuda de sus conciudadanos.  En ese contexto, uno podría pensar que el mundo está lleno de personas débiles que deben esperar a que llegue alguien con poderes especiales para salvarlo del abuso de los malvados.

En la vida actual los roles continúan más o menos iguales: la mayoría de la población es víctima de unos cuantos ambiciosos que abusan del miedo general para lograr enriquecerse o saciar sus desajustes emocionales.  Y uno que otro héroe, dando la batalla prácticamente solo.

Lo único que no coincide entre ficción y realidad, es que nuestros héroes son tan frágiles como las víctimas, no tienen poderes especiales; sin embargo su sentido de la ética, de responsabilidad, de honestidad y de justicia, los lleva a ser valientes, porque no soportan quedarse callados e inmóviles frente a los abusos.

Muchos de esos héroes a los que hemos dejado solos, se han convertido tristemente en noticia judicial.  Olga Becerra, inspectora de la secretaría de gobierno del municipio de Cali, fue otra heroína encontrada muerta el 5 de enero del año 2009, en la vía a La Buitrera. Tres tiros y una puñalada, además de señales de tortura, produjeron su deceso.

También la dejamos sola. Muchos ni siquiera sabíamos quién era o qué defendía. Nos interesamos más por la vida de Sofía Vergara, de Madonna o cualquier excéntrico personaje, mientras los héroes de verdad dan la batalla contra la corrupción, esa que mencionamos tan seguido, como la causa de muchos males en Colombia.

Olga Lucía Becerra, no pretendía ser heroína al investigar cómo se apropiaban fraudulentamente de las tierras del municipio.  No señores, probablemente solo quería cumplir con su deber como funcionaria pública a lo largo de 24 años. No iba a recibir recompensas, ni entrevistas por su trabajo. En cambio había recibido amenazas de muerte.

Cuando fue noticia, la revista Semana publicó que Olga dejó cinco sobres cerrados con declaraciones específicas. Uno de ellos dirigido a la Fiscalía, en ese entonces a cargo de Mario Iguarán. Todo parece indicar que había un demandante que pretendía apoderarse de un gran terreno en el sur de Cali, barrio El Limonar, y que su investigación estaba concluyendo que el demandante no tenía el dominio sobre el predio, sino la firma constructora que adelantaba un centro comercial.

Entre las amenazas, le llegó a Olga Becerra un sobre indicando cuál debía ser el fallo que ella expidiera sobre el caso. Se negó porque al parecer sus principios sobre decir la verdad eran más fuertes que el miedo. Todos sabían a su alrededor que estaba amenazada, pero Olga se quedó sola.

Ni la compañía que salvó su predio, ni la fiscalía, ni los ciudadanos de bien que tanto criticamos la corrupción, hemos hecho lo suficiente por devolver a Colombia la confianza en las bondades de forjarnos como sociedad legal. A la familia de Olga, seguramente solo le queda como a los hijos de otros héroes, el orgullo de que su madre fue valiente y honesta hasta el final.

Fabio Ospina Giraldo y Ovidio Marín desde 1.992 investigaban el cartel de las pensiones en el Valle del Cauca, por medio del cual importantes ex funcionarios públicos se jubilaron recibiendo más dinero del que establecía la ley.  La importancia de su investigación se evidencia hoy cuando el departamento está en ley de quiebra y la principal causa es el alto costo que cada año asume por las pensiones. Si el pasivo pensional de ley es oneroso para la Gobernación, imagínense si no hubiesen investigado y denunciado, un Fabio Ospina, un Ovido Marín, una María Elena Castrillón, quien hizo parte de una misión del Ministerio de Trabajo, para investigar 409 pensiones irregulares, pretendiendo recuperar para el Valle del Cauca 3.747 millones de pesos.  Ella fue amenazada y debió retirarse.

Hay otro tipo de héroes, que no luchan contra quienes quieren apodarse del dinero público, pero tampoco se prestan para sus pretensiones. Si bien no tienen el valor de denunciar, tienen la convicción de no convertirse en cómplices. Para ellos también van los sentimientos de admiración.

Qué hubiese sido de la vida de Olga Lucía, Martha Inés, Fabio, Ovidio y  sus familias si los hubiésemos rodeado como sociedad? Tal vez necesitamos un sistema que proteja a héroes como ellos, para que los discursos contra la corrupción dejen de ser palabras y se conviertan en hechos.

Héroes que hacen de su trabajo diario, algo así como una liga de la justicia porque creen que el dinero público está destinado al beneficio común y a la construcción de una sociedad equitativa y justa; héroes que se niegan a pagar o recibir sobornos; héroes periodistas que creen en el poder de la denuncia; héroes defensores de derechos humanos que interceden por los más débiles; héroes en fiscalías y juzgados que se niegan a aceptar que el dinero puede comprar fallos.

Si queremos una paz real, una paz con justicia y legalidad, comencemos por no dejar solos a los que luchan. Abramos espacios en los medios de comunicación para que denuncien, para dar a conocer sus miedos y sus argumentos. Como ciudadanos rompamos el círculo vicioso de la indiferencia que nos lleva a más corrupción y ello a más indiferencia. Exijamos resultados en las investigaciones. Condecoremos a los héroes en vida, no cuando ya han sido sacrificados. Al Estado reclamemos un sistema de protección real a servidores públicos, para los  investigadores y para los testigos, que nos lleve a recuperar la confianza en las leyes, en lo público y en nosotros mismos como colombianos.

 

Comments are closed.