Abril 9, movilización por la paz y la democracia

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Alejo VargasPor Alejo Vargas Velásquez

No pongo en duda que la amplísima mayoría de los colombianos está de acuerdo en que una prioridad nacional es la terminación del conflicto interno armado, como paso necesario al trabajo colectivo de construcción de paz.

Sin embargo, hay confusiones en sectores de la sociedad: algunos siguen creyendo de buena fe o de manera intencionada que la confrontación militar es el único camino para lograr la terminación del conflicto interno armado. Esto es un sofisma, porque una cosa es que toda sociedad requiere un Estado fortalecido con una Fuerza Pública legítima y modernizada, y otra es que el camino para terminar el conflicto interno armado sea el exterminio de los adversarios insurgentes; claro que para terminar un conflicto interno armado se necesita un Estado fortalecido y eso ya lo tenemos, en buena medida.

Pero sobre todo, hay una pasividad en los sectores de la sociedad que apoyando el esfuerzo en la búsqueda de la superación política del conflicto interno armado, no se expresan. En ese terreno los sectores opuestos, minoritarios pero muy poderosos y activos, parecieran expresar las mayorías nacionales, creando una distorsión en la opinión nacional.

Por ello es muy importante iniciar una movilización activa de apoyo a las conversaciones de La Habana entre el gobierno nacional y las Farc, y al fortalecimiento de la democracia en un sentido de lo público, y la primera gran convocatoria es el 9 de abril en Bogotá, nuestra capital. Una fecha muy importante porque recordamos con nostalgia el asesinato del caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán a mediados del siglo pasado, pero también un día dedicado a la Memoria Histórica.

Ese día han sumado esfuerzos organizaciones sociales, políticas, el gobierno del Distrito Capital y el propio presidente de la república. Ese día los colombianos, no importa la tendencia política o su situación social, debemos expresar nuestro apoyo a las salidas políticas concertadas para superar el conflicto interno armado. Para que no siga habiendo más muertes inútiles de compatriotas, ni los horrores de la confrontación armada sigan golpeando a tantos miles de hogares colombianos.

Pero eso no significa un acuerdo a cualquier precio, sino un acuerdo con verdad, reparación de las víctimas, justicia y certeza de no repetición. Para ello debemos confiar en el equipo negociador que ha designado el gobierno nacional, y esperamos que los negociadores de la guerrilla, igualmente con sentido de país, contribuyan a construir los necesarios y realistas acuerdos.

No nos convencen las voces que dicen que hay que predicar el odio, la retaliación y la venganza. Tenemos demasiadas víctimas de todos los lados del espectro social y en todas las regiones del país. Lo que necesitamos los colombianos son actitudes de reconciliación y de sumar entre todos esfuerzos para construir un país mejor, con una democracia de mejor calidad y con una sociedad menos inequitativa.

Algunas voces, cuando se hace este tipo de planteamientos, dicen “es que son cómplices del terrorismo”. No, queremos una democracia donde ningún actor político acuda a la violencia para imponer sus tesis, en la cual todas las opiniones se expresen y se puedan debatir, sin que eso implique estigmatizaciones o calificativos injuriosos o calumniosos, como a algunos sectores, que se creen poseedores de la verdad, les gusta endilgarles a quienes no comparten sus tesis. Pero con todos hay que seguir debatiendo, sin descalificaciones, respetuosamente, porque así enriquecemos el debate democrático.

Por eso, por una democracia de mejor calidad y en paz, debemos expresarnos los colombianos y hacer una tarea pedagógica con los compatriotas que no tienen una información adecuada o están desinformados.

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