Acabar la guerra y no recrudecerla

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Álvaro Guzmán Barney

Director del Centro Interdisciplinario de Estudios de la Región Pacífico Colombiana, CIER

Universidad Autónoma de Occidente

El evento sucedido en Buenos Aires (Cauca) en el que murieron diez soldados, un sub-oficial del Ejército y un guerrillero es grave, doloroso para todas las víctimas y ha causado un gran desánimo en la ciudadanía esperanzada en el “desescalamiento” del conflicto de principios de año y en la firma de una paz pronta y definitiva. A pesar de que es difícil hacer una reflexión cuando hay muchos dolientes con razones válidas, quisiera hacer énfasis en un detalle del evento no que no se ha subrayado y que tiene una importancia más general para el país y hacia el futuro.

Cuando la guerrilla había declarado un cese al fuego unilateral, se ensañó contra un grupo de soldados que se encontraba descansando, pasando la noche, bajo la estructura metálica de algo parecido a un coliseo. Se podría suponer que tenían relativa confianza sobre el cese al fuego unilateral de la guerrilla. En este sentido, el Ejercito, que no está bajo una orden se cese al fuego, no habría tomado las medidas de seguridad necesarias. Pero ¿por qué, entonces, un grupo de la guerrilla rompe su compromiso de cese al fuego de esa manera y con soldados en esas circunstancias? La guerrilla ha afirmado que responde cuando es hostigada por el Ejército, como sería este caso. Pero, no está claro cuál sería el hostigamiento en esta oportunidad.

Por su parte, el Ejército responde que por mandato constitucional debe hacer presencia en todo el territorio nacional. El punto que quiero enfatizar es que el evento sucedió en el municipio de Buenos Aires, en la zona conocida como “El Naya”, de Timba (Cauca) hacia la cordillera occidental. Esta zona no solamente es productora de coca y de cocaína, sino que además es un corredor de los grupos armados y del narcotráfico hacia el Pacífico o hacia Jamundí y Cali, viniendo de allá. Es una zona casi sin presencia del Estado, incluso armada. Pues bien, seguramente el Ejército inició una operación de presencia territorial, da alguna forma y esto es sencillamente inadmisible por parte de quienes están lucrándose en la zona del negocio del narcotráfico, que son las Farc y otros grupos también. Fue un hecho económicamente motivado, en mi interpretación, en circunstancias políticas orientadas en otra dirección. El hecho debió caerle mal en La Habana, a la misma delegación de las Farc.

El hecho debe llevar a hacernos ver la complejidad del conflicto colombiano. Las Farc tienen cierto orden de mando, pero en los distintos frentes y en los mandos medios y bajos, imperan lógicas que no son necesariamente dominadas por la política y que conducen más bien a acciones criminales. El efecto del narcotráfico ha sido devastador para la sociedad colombiana. La guerrilla de las Farc está lejos de ser el “primer cartel” de la cocaína del mundo. Pero muchos de sus miembros y frentes sí viven del narcotráfico y será muy difícil, pero necesario, que precisamente el acuerdo de La Habana sobre narcotráfico se haga una realidad. En el posconflicto, sobre este tema también debe darse una identidad de propósitos entre el Ejército y las Farc desmovilizadas.

Hacia el futuro, en el mismo posconflicto, el Ejército tiene una tarea fundamental que es tomar control del territorio nacional, gran parte del cuál está en manos de explotadores ilegales de los recursos naturales, más allá de los cultivos ilícitos. La mayor riqueza colombiana es la del Medioambiente y el Ejército Nacional, replanteado en sus funciones, está llamado a responder por este y los recursos naturales. En el mismo Norte del Cauca, también en Buenos Aires, de Timba hacia Suárez, lo que está sucediendo con la minería ilegal debe controlarse de tajo y la acción del Ejército en este sentido es muy importante. Lo sucedido en Timba hace dos semanas es lamentable. Pero se debe persistir en el proceso de paz, en desescalar el conflicto y firmar cuanto antes un acuerdo definitivo y verificable. Aunque uno puede entender la rabia de las personas, el llamado a los bombardeos y a matar guerrilleros es tan desalmado e impertinente como fue la acción contra los soldados.

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