Acciones diplomáticas controladas

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Camila ZuluagaPor Camila Zuluaga
Twitter: @ZuluagaCamila

Llevamos ya casi un mes reportando la situación que hoy vive Venezuela. El grave escenario ha sido recreado por medios de comunicación del mundo entero. A pesar de ello, el pronunciamiento de los Estados no ha sido tan contundente como se esperaría o, en su defecto, ha sido tardío, como es el caso de Colombia.

Desde hace muchos años, los integrantes del Gobierno venezolano han expresado en diferentes espacios que el expresidente Álvaro Uribe es un paramilitar de la ultraderecha fascista que está teniendo injerencia en los asuntos internos de su país.

No quiero entrar a evaluar las calidades del expresidente, objeto de una polarización en la que no quiero entrar. Sin embargo, la dignidad que ostenta merece un pronunciamiento de quienes hoy manejan la diplomacia colombiana.
Ante esa necesidad imperiosa de pronunciarse, pues la presión no le daba alternativa, la canciller María Ángela Holguín, tras las declaraciones del canciller Elías Jaua, dijo “basta ya de insultos”. La pregunta es: ¿por qué hasta ahora? ¿Por qué esa reacción no se había dado antes? Los pronunciamientos adversos y faltos de respeto para con el expresidente han sido constantes, y el Gobierno había mantenido un silencio sepulcral. Lo anterior me lleva a pensar que la reacción del Gobierno colombiano se debe a dos cosas: a un cálculo electoral o a una predicción de que el barco del gobierno venezolano poco a poco se hunde; o las dos.

Sobre la primera, ya sabemos del comprobado éxito que tiene para la imagen de un mandatario y de su gabinete despertar el sentimiento nacionalista al atacar o defenderse de un agente externo. En este caso eso se logró a cabalidad: varios sectores salieron a apoyar lo dicho por la canciller y muchos colombianos por fin sintieron que había una voz de protesta frente a los sistemáticos ataques hacia un colombiano, el expresidente, sin importar si se comulga o no con sus convicciones políticas y con su accionar en la vida nacional.

Pero la realidad es que mirando más allá, es imposible dejar de pensar que debido a la coyuntura electoral, la intención de dichas palabras era ganar puntos en las encuestas y en la imagen de un presidente que quiere reelegirse, a pesar de que ha dicho que no le gusta la reelección. Esas son las contradicciones de nuestros dirigentes. Es cierto que Santos gana en intención de voto, pero también es cierto que será reelegido por un país apático que ve en su representación al “menos peor”.

Siguiendo con la reacción hacia Venezuela y la razón por la que se dieron las declaraciones de Colombia, hay que tener claro que si existen pronunciamientos planeados y premeditados, son los del servicio diplomático, lo que nos lleva inmediatamente a pensar que existió un cálculo antes de pronunciarlos. Ya mencioné el electoral, ahora me refiero al segundo, y es que posiblemente dentro del Gobierno estén sintiendo vientos de fracaso, de debilitamiento y la posible caída del Gobierno de Venezuela. Sabe el Ministerio de Relaciones Exteriores que la situación es casi insostenible y que la pita en cualquier momento se revienta, por lo que es el momento perfecto para mostrar los dientes sin grandes consecuencias.

Ese es otro de los puntos. Aquí realmente lo único que hubo fue una mostrada de dientes para asustar al contrario, no un reclamo formal. Claro, ese riesgo no creo que piensen correrlo. En el escenario de los diálogos de paz con las Farc, Venezuela juega un papel fundamental y no quieren comprometer su apoyo ni el de Cuba frente al tema más importante para el Gobierno.

Más vale tarde que nunca, dice la sabiduría popular. El reclamo llegó y es preciso reconocerlo, pero también es preciso saber las motivaciones que llevaron a que se diera, para que en futuras ocasiones se le exijan acciones a nuestra diplomacia. Si bien la prudencia es pertinente en ciertos casos, lo es también la contundencia en tantos otros.

Una cosa más: El vicepresidente Angelino Garzón ha tomado tintes de caballo de Troya. Será el mayor crítico del Gobierno y seguirá atacando al presidente y a su gabinete mientras esté dentro de él. Sin duda. será un elemento interesante y divertido durante la campaña presidencial.

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