Aceptar la crítica

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Camila-ZuluagaPor Camila Zuluaga
Twitter: @ZuluagaCamila

Esta semana el periodista y columnista inglés del periódico “The Guardian”, Seumas Milne, escribió sobre Colombia y la situación de violencia en nuestro país. Su artículo que se titula “We must end this collusion with terror in Colombia” que traduce: “Debemos terminar la complicidad con el terror en Colombia”, cuestiona la situación política, económica y social en nuestro país y lleva a que entre otras cosas nos preguntemos si la realidad que creemos vivir es cierta o está maquillada por el gobierno.

Por alguna razón la visita de periodistas extranjeros a Colombia y su posterior publicación de lo encontrado en nuestro país dista mucho del imaginario que tenemos de lo que aquí sucede.  Generalmente estos tienen una fascinación por aquellos territorios olvidados y marginados de nuestra geografía a los que los medios nacionales poco nos interesa cubrir. Es en estas regiones en donde hay un percepción distinta del accionar del Estado y del conflicto armado que vivimos. Es tal vez en esas zonas en donde las guerrillas han encontrado el epicentro perfecto para justificar su accionar.

Erróneamente, cuando vemos estas publicaciones, reaccionamos de manera equivocada. Impulsados por un nacionalismo endeble atacamos los argumentos planteados, esgrimiéndole al visitante que no conoce a profundidad el conflicto y la situación colombiana y por lo tanto no tiene derecho a opinar. Lo que ignoramos es que probablemente ese extranjero ha estudiado y escudriñado con mucho mayor rigor y profundidad que muchos de nosotros lo que aquí sucede, y los colombianos, en vez de ser autocríticos y reflexivos sobre lo que muestra una óptica distinta, decidimos atacarla y negar que exista la posibilidad de que lo que nos muestran sea real.

Pareciera que no quisiéramos ver más allá de las convicciones y preceptos que hemos o nos han establecido sobre el conflicto. Sin embargo, no es falso que, como lo evidencia la columna de Milne en “The Guardian”, hay muchas cosas que deberían darnos vergüenza aceptar como ciudadanos. Lo que sucede en el puerto de Buenaventura es una de ellas.

Por ese puerto del Pacifico se mueve el 60% de las importaciones y exportaciones del país. Ahora, con los múltiples tratados de libre comercio que el gobierno de Santos se ufana de haber firmado, se incrementará el ingreso y salida de mercancías por esa puerta. Dicho puerto pertenece a los hombres y familias más ricos del país. Desde la privatización de la actividad portuaria que se dio en Colombia bajo el gobierno de Cesar Gaviria, los dueños de los puertos como el de Buenaventura han venido usufructuando un negocio monopólico, llenando sus arcas personales, lo que les han permitido incluso financiar varias campañas políticas que incluyen presidenciales.

No entiende uno como ese puerto del Pacifico, el más importante del país, está rodeado de miseria y violencia. ¿No deberían aquellos privados, a quiénes se les permitió adueñarse de uno de los negocios más lucrativos, tener responsabilidad con su entorno? ¿No existe una conciencia de que uno no puede estar volviéndose millonario mientras quien lo rodea esta sumido en la miseria? Pues eso sucede en Buenaventura y sin sonrojamos aceptamos que asía sea; y mientras situaciones como estas continúen, será muy difícil que logremos una paz verdadera.

Por ello, antes de criticar y atacar aquellas visiones sobre Colombia que vienen del exterior y son más crudas de lo que estamos dispuestos a aceptar, pensemos por un momento si tal vez quien nos critica tenga razón y nosotros debemos despertar y ser concientes de una realidad existente pero que muchas veces no vemos: porque no queremos o porque no podemos.

Una cosa más: Las cosas cambiarían en el funcionamiento del Estado si los mandatarios decidieran nombrar mas técnicos y expertos en sus cargos que políticos. En esta oportunidad, en el “nuevo” gabinete, poco hemos visto de eso; otra vez son los mismos con las mismas  y así este país en poco se renueva.

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