Aguardiente Blanco del Valle

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pablo -uribe-bandaEl Aguardiente Blanco del valle fue, para muchos caleños, el primer licor fuerte que probamos en nuestra vida. Hace parte de nuestra idiosincrasia y nuestra cultura.

Pero el Blanco no solo es parte irreemplazable de nuestra cultura, sino que también es uno de los grandes aportantes a las arcas de nuestro Gobierno Departamental.

Por ser una empresa pública, la Industria de Licores del Valle o ILV (que es la que produce el Blanco) le aporta todos los años miles de millones de pesos a la Gobernación, con los cuales se financian programas muy importantes para nuestra gente. En el 2011 la ILV le aportó 78 mil millones de pesos a la gobernación y en el 2012 fueron 100 mil millones.

Lastimosamente, un medio de comunicación nos sorprendió la semana pasada con una decepcionante noticia: la mitad del aguardiente que se toma en el Valle es falso. A la Industria de Licores del Valle le salió competencia que le está falsificando el aguardiente. Esto quiere decir que la ILV está perdiendo la mitad de lo que se debería estar ganando por ventas. Pero además, si a la ILV le están robando la mitad de las ventas de su marca, entonces, la Gobernación del Valle está recibiendo la mitad de lo que debería y eso quiere decir: menos inversión pública.

El artículo que denunció esta noticia le echa la culpa a la “falta de controles”, otros le echan la culpa a la ineficiencia administrativa, otros van más lejos y dicen que es la corrupción. Yo, respetuosamente, quiero apartarme, porque en mi opinión el culpable de todo esto es el sistema: las normas que regulan el licor en el Valle.

En el Valle del Cauca existe una regla cuando se habla del licor destilado (aguardiente, ron, vodka, etc.): el Estado tiene un monopolio sobre la producción, distribución y venta de este producto. Esto quiere decir que solo la Gobernación tiene la autorización para producir y comercializar licores destilados. Por esa razón, el negocio de la ILV es tan bueno, porque, en teoría, tiene autorización legal para sacarse a la competencia de encima.

Muchos se preguntarán entonces ¿Por qué cuando voy al mercado veo tantos licores de tantas marcas y tantos lugares del mundo?, la respuesta es simple: así como la Gobernación puede prohibir que cualquier otra persona venda o produzca licor, pues también puede permitirlo. Todos esos licores están en el supermercado porque las empresas que los comercializan han recibido permisos especiales para traerlos. Pero no hace falta mencionar el infierno burocrático que debe cruzar alguien para obtener esos permisos; pero además, ese permiso es algo completamente discrecional, la Gobernación se lo da, literalmente, al que quiere.

Las personas que están vendiendo ese licor falso están haciendo algo malo, porque se están aprovechando de la marca de otro y además no están pagando los respectivos impuestos; pero aparte de eso, la verdad, no hay nada de malo con producir y vender licor.

Hacer y vender licor no es un crimen ni un pecado, claro que tomar aguardiente o ron tiene sus efectos negativos, pero así mismo los tienen la gaseosa o las empanadas: todo lo que a uno le gusta le hace daño, no nos digamos mentiras. Es más, nuestro mismo Estado ya está produciendo licor, entonces yo me pregunto: si los políticos pueden estar en el negocio del licor ¿Por qué los ciudadanos no?

Yo creo que ya llegó la hora de plantearnos seriamente la conveniencia de seguir con un “Estado aguardientero”. El gobierno debe sacar su plata de los impuestos, de ahí para allá es una pérdida de tiempo y un despilfarro de recursos. Dejemos que la gente produzca y venda libremente licor, dejemos de perseguir a los ciudadanos que venden bebidas alcohólicas, más bien traigámonoslos para la formalidad. Si le damos libertad al negocio del licor el Estado va a perder una empresa, pero va a ganar más ingresos por impuestos y los ciudadanos van a ganar más empleos ¿Cuál opción es mejor?

@pablouribe90

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