Al interior del Ras tas tas que baila la Selección Colombia

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Por: Jaír Villano

Pablo Armero jugaba la Champions League con el Napoli de Italia, cuando Michael Snider Palacios, mejor conocido como Dj Maiky le escribió por WhatsApp:

-Miñía ahí te dejo lo último de la salsa shocke en Cali.

Tiempo después este respondió:

-Bacano parcerito. –Quizá sin advertir que en el link que subyacía en su Smparphone se encontraba el ritmo que, meses más adelante, cuando la selección Colombia estaba el mundial, sería la pieza musical que acompañaría las celebraciones de los goles de James y Cuadrado y que puso  a celebrar a una nación entera–.

“Ras tas tas dice Ras tas tas”. Dj Maiky y Armero se conocieron en la escuela de fútbol Niche Fútbol Club, dirigida por el profesor Héctor Fabio Polo y ubicada en el barrio Ciudadela Comfandi, en el sur de Cali. Ahí también se encontraron al delantero Adrián Ramos, quien luego, cuando entrenaban en la primera C, sería posicionado como goleador por el “Pitufo” Antony de Ávila. Más adelante, Armero sería observado por el profesor Diego Umaña, jugaría en las reservas del América de Cali y lo demás es historia contada, en tanto Maiky dejaría al soslaye su sueño de ser lateral derecho para terminar mezclando y animando los ambientes de las rumbas. Hoy es el Dj de Cali Flow Latino y dice –sin advertir la importancia que esto puede significar para cualquier hincha de la selección y con la normalidad que suscita un encuentro casual entre amigos–  que en la noche cenará con Miñía y Juan Guillermo Cuadrado, a quien también le guarda especial aprecio.

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Cali Flow Latino lleva ocho años de existencia musical y actualmente cuenta con 10 integrantes /Foto: Juan Camilo Palomar
Cali Flow Latino lleva ocho años de existencia musical y actualmente cuenta con 10 integrantes /Foto: Juan Camilo Palomar

“Ras tas tas” nació en diciembre del 2013, producto de una interacción musical entre los hermanos Harrinson (o Latino) y Andrés, quienes desde finales del noventa vienen haciendo música.

Eran los sábados de tardes arropadas por el sol,  de cielos lozanos y brisas intermitentes cuando estos y su primo Romel se dedicaban a asir instrumentos como la guitarra y el tambor.  Llevaban una grabadora que registraba sus notas y movimientos. Después, cuando dejaban de pensarse músicos, escuchaban el resultado de ese ejercicio esporádico. Para la sorpresa era valioso.

-Se escucha bien –decían lacónicamente sus familiares, quienes son afines a la música y los cuales han apoyado todas sus veleidades: dicho sea de paso que los hermanos Mesa también querían ser jugadores profesionales de fútbol.

“Dice Ras tas tas” no es más que una manifestación de la influencia por la música del Pacífico de la que gozan Latino y Andrés. La música del pacífico, dice este último,  lo que hace es volver música las anécdotas, los momentos, las historias. Algo similar profirió Octavio Paz en Estocolmo: “la poesía está enamorada del instante y quiere revivirlo en un poema; lo aparta de la sucesión y lo convierte en presente fijo”.

Se podría decir que hay una familiaridad entre un género y otro si no fuera porque Latino suele hacer hincapié en la otra cara de la moneda: que son las influencias urbanas. Esas que el año 2000, cuando las rumbas de Cali empezaron a cambiar las trompetas de la salsa por el beat del reggaetón,  los llevaron a erigirse como cantantes cuya referencia eran las osadas letras de los exponentes del susodicho género.  De esa fusión entre el subyacente poético del pacífico y la irreverencia del reggaetón es que surge Ras tas tas. Como una composición que cuenta una historia: la del joven que se prepara para la fiesta, y un ritmo de la calle: pegajoso.

Ras tas tas, en principio no era Ras tas tas, sino la historia de un joven que se prepara para la rumba del sábado y que en el Distrito de Agua Blanca, el barrio de los músicos,  suelen denominar “Full HD”.

-Full HD es un término universal –dice Andrés–, que se entiende por lo mejor de lo mejor, por eso la gente cuando se prepara dice estoy  Full HD.

Pero Ras tas tas, vale la pena reiterar, no era Ras tas tas hasta que Latino lo advirtió.

-Estaba hecha la sopa, recuerda, pero faltaba la sal.

En efecto, faltaba ese algo que hace que la gente rememore y que su entorno humano también. Así que este pensó en el 1, 2, 3 del baile de la salsa shocke: Tas, tas, tas.  Y fue en un acto inefable de iluminación que llegó: Ras tas tas, sin saber por qué, pero a fin de cuentas  Ras tas tas.

Lo demás es cuestión de la respuesta de un formidable jugador colombiano que lleva en su casaca el número diez:

-¿Cómo se llama la canción que bailan en la celebración de los goles? –Le preguntó curioso un periodista–.

-Ras tas tas –dijo James Rodríguez dando paso al éxito de Cali Flow Latino y a la “Ras tas tas manía”–.

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Harrinson Cortés y Andrés Cortés empezaron su carrera musical  como Latin Style, cantando reggaetón en el año 2000 /Foto: Juan Camilo Palomar
Harrinson Cortés y Andrés Cortés empezaron su carrera musical como Latin Style, cantando reggaetón en el año 2000 /Foto: Juan Camilo Palomar

La salsa shocke, escrita así en la proclamación a la que se llegó en el marco del día la Raza el 6 de octubre de 2013, tuvo su origen en el 2006  con la canción de CJ Castro llamada Chichoky, la cual fue éxito en las emisoras locales y nacionales. Esta hibridación es una mezcla de instrumentos musicales y el intercambio de unos por otros, tales como el timbal por el bombo, así como el ritmo Pilón, el cual es importado de Cuba. También, de la influencia de géneros urbanos como el  Hip Hop, R&B, Raggamuffin, Dancehall,  y el Reggaetón, esto quizá expresado en la percusión que es más atrevida que la de la salsa misma. Los golpes de marimba de chonta, cununo, y guasá, todos instrumentos musicales que despiertan el entusiasmo en el sur del Pacífico.

La salsa shocke, según el punto tres del  acuerdo  que se hizo en aras de crear una especia de deontología en la cual se deja claro que el género está hecho para la alegría y la gozadera, señala que: “La salsa shocke no vulnerará la dignidad de ningún ser humano. La sensualidad de la mujer es una inspiración de este género, pero respetarla es una obligación; los niños son [el]público más importante, por eso las letras y contenidos procurarán ser digno ejemplo para ellos”.

En esa línea, Ray Charrupí, director de Chao Racismo, precisa que este un acta de constitución en la que los integrantes del género se comprometen a cortar la posibilidad de asociación de esta música como agresión a la dignidad de cualquier ser humano.

Dicho compromiso, vale la pena decir, es firmado por los exponentes principales del neonato género y el por el Concejo Municipal de Cultura de Santiago de Cali (para ese año bajo la batuta de Ángela María Villalobos Gonzáles).

No obstante, este ha sido, como en sus inicios la salsa, el merengue, la bachata y otros géneros, blanco de arengas a favor y en contra por parte de algunos melómanos y conocedores de salsa. El escritor Umberto Valverde, por ejemplo, asegura que “nadie sabe si la salsa shocke es salsa, los músicos salseros dicen que eso no tiene nada que ver con la salsa. Ellos trabajan una base de percusión que está más ligada al reggaetón que cualquier otra cosa, su verdadera identidad es el reggaetón, de salsa muy poco o nada”.

Para Valverde el híbrido no es más que una de esas expresiones novedosas que Cali ha soportado, sin embargo, dice que hay cosas interesantes como el hecho de que con esta música se haya desplazado el reggaetón boricua y que hay agrupaciones como Casanova, en las que hay percusión salsera.

En contra parte, Medardo Arias, escritor del libro La verdadera historia de la salsa, conjunto de ensayos que en 1982 fue ganador del premio Simón Bolívar y en la que estuvo el Nobel Mario Vargas Llosa, estima que “por la historia de otros géneros  no hay que censura; la música por ser música se respeta. Hay que celebrar que Cali por fin tiene un ritmo propio,  que por fin la gente afropacífica puede decir esto es nuestro. No se puede negar la salsa shocke porque antes que una manifestación musical es una expresión popular de Cali”.

Para Medardo es ridículo que se trate de desprestigiar el género, toda vez que es imposible detener los fenómenos sociales,  en ese sentido, saca a colación la historia de los comienzos de la salsa, cuando era un género que generaba animadversión en las clases sociales medias y altas. La salsa viene de abajo hacia arriba, recuerda, “A mí me tocó  una época en que era fustigada porque era un ritmo de presidarios, de gente baja, hoy no hay fiesta que se haga en el Club Campestre donde no pongan salsa”.

Precisamente los integrantes de Cali Flow Latino, quienes según  Valverde no tienen en su música retazo de salsa, dicen que sus canciones se salen del shocke en tanto que cuenta con elementos de la salsa tradicional como  la percusión en vivo. Empero, no ignoran que muchos de los salseros tradicionales se han mantenido distanciados de esta nueva clase música; son salomónicos y saben que como reza el adagio popular entre gustos no hay disgustos. Además,  y esto lo dice textualmente Latino:

-La salsa es salsa y eso nadie lo cambia nadie.

El Ras tas tas se lanzó al mercado en diciembre de 2013, pero tuvo su acogida gracias a las celebraciones de la selección Colombia en el mundial de fútbol de 2014 /Foto: Cortesía Cali Flow Latino
El Ras tas tas se lanzó al mercado en diciembre de 2013, pero tuvo su acogida gracias a las celebraciones de la selección Colombia en el mundial de fútbol de 2014 /Foto: Cortesía Cali Flow Latino

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