Alcaldes orwellianos

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Por Jorge Buitrago

Cuando los actuales alcaldes buscaron la elección de los ciudadanos seguramente eran conscientes de los retos que asumirían en cada una de sus ciudades, pero a lo mejor nunca pasó por sus mentes el tener que enfrentar una pandemia. La emergencia generada por el Covid-19 los obligó a cambiar sus proyectos iniciales, reorientar los Planes de Desarrollo hacia la atención y superación de la crisis, y tomar medidas excepcionales nada exentas de polémica.

Algunos en su afán por atender la emergencia han emprendido acciones lesivas con los derechos y libertades individuales de los ciudadanos. En principio muchos las toleramos sin mayor resistencia, pero a estas alturas del camino empieza a parecer que los mandatarios le están cogiendo el gusto a la arbitrariedad y bajo el manto de un discurso protector, empiezan a sobrepasar esa esfera o porción mínima que los individuos se reservan para sí mismos dentro de una democracia liberal como lo es la nuestra. 

Al mejor estilo de las pantallas del Gran Hermano, en Medellín se ordenó a los establecimientos privados conectar sus cámaras de seguridad con la plataforma de la alcaldía, para poder tener un seguimiento y rastreo de todos los movimientos de los ciudadanos por fuera de sus casas. Siguiendo con la línea Orwelliana, en Cali el alcalde se dedicó a cazar fiestas, la más llamativa resultó ser un presunto encuentro sexual entre hombres cuyo requisito era estar contagiados del virus, al final la mentada condición resultó no ser cierta, pero esas personas fueron sometidas el escarnio público y el daño a su intimidad quedó hecho. El más reciente de los ejemplos es Bogotá, donde su alcaldesa pretendía imponer el suministro obligatorio de información privada en una plataforma manejada por el Distrito, como condición para poder salir a las calles; no bastando con eso, cuestionó el hecho de que los ciudadanos suministren su información en redes sociales pero se nieguen a hacerlo “para cuidarlos” ignorando la enorme diferencia existente entre el otorgamiento libre y voluntario de información para fines íntimos de las personas, y la imposición de condiciones desbordadas para el goce de derechos como la libre locomoción. 

Los ejemplos abundan, como el de Barranquilla donde se impondrá ley seca cada fin de semana, el de Tocancipá que pretende permitir la salida de mayores de 60 años solamente entre 7 y 8 de la mañana, y otros tantos que nos denotan un tufillo bastante autoritario de muchos de nuestros alcaldes.

No estamos en el mundo que narra George Orwell en 1984, en el que, bajo un discurso de protección contra el enemigo, que constantemente se renueva y adapta a las circunstancias, se le vigila a los ciudadanos con pantallas, se les limitan sus relaciones íntimas y se justifican los abusos de un Estado policial. Nos encontramos en el año 2020, tiempos donde la libertad representa tal vez el mayor valor histórico para los ciudadanos, del cual no están dispuestos a renunciar.

Enfrentar una emergencia no justifica violentar la esfera intima de las personas, el Estado existe y tiene legitimidad en la medida en que garantiza a los ciudadanos el ejercicio libre de sus derechos, y no de forma contraria. A los alcaldes no se les puede olvidar que la nuestra es una democracia liberal y que la constitución sigue vigente. Qué no les quede gustando el poder del que hoy gozan, pues entre los ciudadanos no faltarán nunca los Winston Smith dispuestos a defender sus libertades.

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