Alejandro Gaviria y crítica al liberalismo político

0

Será que a la más profunda alegría
Me habrá seguido la rabia ese día
La rabia simple del hombre silvestre
La rabia bomba —la rabia de muerte
La rabia imperio asesino de niños
La rabia se me ha podrido el cariño
La rabia madre por dios tengo frío
La rabia es mío —eso es mío, sólo mío
La rabia bebo pero no me mojo
La rabia miedo a perder el manojo
La rabia hijo zapato de tierra
La rabia dame o te hago la guerra
La rabia todo tiene su momento
La rabia el grito se lo lleva el viento
La rabia el oro sobre la conciencia
La rabia coño paciencia, paciencia

La rabia es mi vocación

Silvio Rodríguez. Días y Flores

Por Valentina Bardbury

“Tenemos que recuperar la razón en la política” afirma Alejandro Gaviria, rector de la Universidad de los Andes, en entrevista con Noticias Caracol. A pesar de haberse negado a postularse o ser postulado como candidato presidencial en múltiples entrevistas, sigue apareciendo, no solo en todas las encuestas de opinión sobre las próximas elecciones, sino también, con relativa recurrencia, en múltiples medios de comunicación. En la entrevista de Caracol, deja por primera vez la puerta abierta a una candidatura, pues ante la pregunta bastante insistente del periodista, responde que aunque no lo ve viable, no sabe.

Fiel a los principios de su partido, Gaviria le explica al periodista que el odio que actualmente estamos viviendo en el contexto de este Paro Nacional, evidencia nuestra incapacidad colectiva para conversar con quien piensa distinto, considerándolo inferior y cerrando los espacios de discusión política tanto en escenarios públicos como privados.

De Rawls a Habermas, diferentes teóricos del liberalismo, han llevado a cabo propuestas de modelos teóricos de democracia -como el de democracia deliberativa- buscando responder a las deficiencias del Estado moderno, y, especialmente, a las limitaciones del modelo de democracia representativa. No obstante, nos explica Chantal Mouffe, todas estas propuestas, en apariencia innovadoras, responden a lo que precisamente plantea Alejandro Gaviria en su entrevista, el concepto universal de la razón en detrimento de las emociones humanas, las cuales no tendrían cabida en el ejercicio de la política. De manera general, los liberales plantean que a través de la democracia deliberativa, se podrían llegar a consensos colectivos basados en acuerdos racionales, que no conocerían la exclusión.

El problema de esta perspectiva, es que no examina el carácter conflictivo de la naturaleza humana, y en consecuencia de la política, pero además, parece que negara las diferencias sustanciales de intereses entre los grupos humanos dependiendo de las intersecciones de clase,  de género y étnicas que representan cada uno, como de las relaciones asimétricas de poder que de allí se derivan.

Por más que existan posibilidades de deliberación informada y racional, yo me pregunto: ¿Qué tanto Luis Carlos Sarmiento Ángulo cedería frente a una reforma que implicara una mayor tributación al capital y al patrimonio? ¿Qué tanto estaría dispuesto a ceder la multinacional AngloGold frente al pago de indemnizaciones monetarias por afectaciones ambientales? ¿Qué tanto cedería la Iglesia Católica frente a la autonomía de las mujeres para decidir sobre sus propios cuerpos? ¿Qué tanto cederían los Eder y los Lafaurie en la concentración de la tierra y su redistribución a campesinos/as, comunidades indígenas y comunidades negras? ¿Qué tanto cedería el Estado frente a la legalización y regulación de las drogas? ¿Qué tanto estaría la sociedad dispuesta a ceder en la carne que consume en su dieta diaria?

Si bien, cualquier democracia necesita consensos mínimos, para Mouffe, el reconocimiento del antagonismo como expresión inherente de las relaciones humanas es una necesidad determinante para la sobrevivencia de la democracia. En este sentido, los dispositivos democráticos servirían para transformar el antagonismo (relación con el enemigo), en agonismo (relación con el adversario). “El objetivo de una política democrática no reside en eliminar las pasiones ni en relegarlas a la esfera privada, sino en movilizarlas y ponerlas en escena de acuerdo con los dispositivos agonísticos que favorecen el respeto del pluralismo.” En otras palabras, una propuesta de democracia radical, pretende deconstruir la idea de una coexistencia humana armoniosa entendiendo que la conflictividad social -siempre parte constitutiva de nuestra comunidad humana-, puede pasar de ser  una voluntad de exterminar o abatir el enemigo (antagonismo), a ser un espacio de confrontación política (agonismo).

Las desigualdades espaciales que se han visto reflejadas en las condiciones de vida materiales de los jóvenes presentes en los puntos de bloqueo, han conllevado a nuevas formas de identificación colectivas y compartidas. Sin embargo, los escenarios recientemente creados para la participación política de los jóvenes movilizados durante el Paro, como la elección de los Consejos de Juventud propuesta por Duque, o la Asamblea Permanente del Paro en el Concejo Distrital de la ciudad de Cali, no parecen representar escenarios legítimos para la expresión del agonismo. En cambio la calle, se ha convertido en la materialización de la disputa antagónica entre los distintos sectores sociales evidenciando la desigualdad de fuerzas y la desproporcionalidad en el uso de las mismas. La aspiración de la propuesta de Mouffe o de la democracia radical, no sería la desaparición de estas nuevas identidades colectivas, sino, por el contrario, las condiciones y las garantías para su expresión en escenarios de discusión y decisión política.

Comments are closed.