Algo malo va a pasar

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@zuluagacamila

En estas primeras semanas que han transcurrido en Colombia en el 2016, se habla principalmente del devenir económico del país.  La mayoría coincide en decretar una catástrofe de año bisiesto y todo parece indicar que, como en el cuento de García Márquez “Algo muy grave va a suceder en este pueblo”, efectivamente, ante tanta réplica del pésimo panorama que se nos avecina, algo poco esperanzador podría pasar en ese aspecto.

El año inició con la filtración de algunas recomendaciones que hizo, al terminar el trabajo encomendado por el gobierno, la comisión de expertos para una reforma tributaria estructural. Entre las recomendaciones que están en ese juicioso estudio se habla de un aumento del IVA, de una mayor tributación de las personas naturales y menor de las personas jurídicas; es decir, las empresas. Por supuesto como es habitual cuando se habla de impuestos, todos salimos a reclamar. ¡Es el colmo que nos cobren más impuestos cuando todos se los roban!  ¿Cómo y por qué los más ricos; es decir las empresas, tendrán que tributar menos? Han sido expresiones diarias de políticos, periodistas y gente del común.

Si se quiere caer en gracia, el anterior es el discurso natural que debe darse; sin embargo, valga la pena decir que no es el más responsable. Empecemos por mencionar que quienes conforman la comisión de expertos son gente muy respetable y profesional que hizo su trabajo sin ningún interés distinto a plantear el mejor mecanismo para un buen funcionamiento tributario del país. En primero lugar trabajaron casi un año, en reuniones los días lunes de ocho de la mañana a doce del día, estableciendo también subcomisiones para ahondar en cada uno de los temas. Todo esto sin remuneración y con un único fin: hacer una reforma justa, donde la administración tributaria sea fácil, para que el contribuyente pueda cumplir con sus obligaciones de una forma más sencilla.

Por lo anterior es una irresponsabilidad la de nuestro mandatario, ante las criticas de la gente, y por su afán de permanecer popular, decir que no necesariamente esas recomendaciones serán acatadas.  Lo lógico sería aceptar y poner en marcha las directrices de quienes vienen estudiando, desde hace ya un buen tiempo, qué es lo mejor que se debe hacer; en vez de sucumbir a los vaivenes de la popularidad. Porque además, no se entiende cómo se reacciona así ante un caso, pero se omite el sentimiento nacional ante otro tan grave como la venta de Isagen. Todo pareciera indicar que prefirió darse ese lapo y no el de mejorar el sistema de impuestos del país.

Los mercados tienen hoy entre sus predicciones que la reforma se tramitará en el Congreso, y anticipan que de no hacerse para este año, el panorama económico del 2016 sería mucho más delicado. Y viendo la coyuntura política en donde el gobierno tiene la necesidad de aprobar un plebiscito por la paz y hacer que los colombianos terminemos de tragarnos unos cuantos sapos de este proceso, entre otras tantas cosas, podría llegar a suceder que Santos decida no tramitar aquel proyecto que es necesario para la economía del país. Por eso es que, si seguimos contagiándonos de pesimismo y del discurso de negarnos a recibir una nueva estructura tributaria, efectivamente algo muy malo va a pasar en este pueblo.

Una cosa más: A ustedes gracias por darle una oportunidad a esta columna en el 2016. Gracias por acompañarme con su lectura.

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