Algo que aprender de Cuba

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camilazuluaga_800x669Por Camila Zuluaga

@zuluagacamila

Este año el mundo ha mirado a Cuba por las constantes noticias que ha generado el restablecimiento de relaciones de la Isla con los Estados Unidos. El cambio de la política internacional en el país del norte y la intervención del Papa Francisco en ese proceso, entre otras cosas, están haciendo mirar con detenimiento que es lo que Cuba ha hecho bien y mal en su proceso revolucionario.

Múltiples líneas se han escrito sobre lo que Cuba ha hecho mal, sin embargo en medio de esa observación me ha parecido importante rescatar un aspecto que le brinda una gran enseñanza a la política colombiana y sus ciudadanos; sobretodo, una semana después de las elecciones regionales en donde muchas de las practicas endémicas de nuestro país siguieron vigente e incluso exacerbadas.

En la  visita que hizo el sumo pontífice a Cuba este año, la cual tuve la oportunidad de cubrir para los medios de comunicaciones en los cuales trabajo, entrevisté a uno de los hijos de Fidel Castro, Alex Castro,  y a Mariela Castro la hija de Raúl. Quería entender cómo se veía Cuba desde sus posiciones, sin ningún privilegio especial, siendo trabajadores como el resto de sus conciudadanos, atendieron mi petición periodística. En el desarrollo de las conversaciones, para mí fue inevitable no lanzar la pregunta, de ¿cómo era ser hijo de los líderes de la revolución? Con asombro, en días y escenarios distintos, pues con ambos hablé por separado, me contestaron: Aquí no es como en España o en las Monarquías, que la importancia se gana por ser hijo de alguien; aquí todos nacemos iguales, sin importar de quién se es hijo o familiar, no somos celebridades y si hemos de destacarnos no es por eso sino por nuestro trabajo.

Ojala aquí en nuestro territorio fuera igual, pero somos un país de delfines y herencias políticas. Cuando a la gente se le pregunta aleatoriamente: ¿por qué no vota?, muchas de las veces responden: ¿para qué?, ¿para  saber que van a seguir gobernando los mismos? Y si miramos bien, realmente es así; la gente tiene razón cuando responde. Los clanes políticos regionales pululan en Colombia: hijos, primos o hermanos que se ganan la posibilidad de estar en el escenario nacional y regional solo con el merito de ser el familiar de alguien. No importa el partido ni la ideología. La costumbre es similar en casi cualquier escenario.

Por supuesto toda regla tiene su excepción, y también en estos comicios triunfaron políticos trabajadores, que se han hecho a pulso y que merecían su triunfo; pero ese no fue el común denominador. Por eso, a pesar de sonar retórico y cliché, sostengo que si queremos una democracia mejor, es importante estar atentos, pedir la rendición de cuentas correspondiente y auditar a nuestros mandatarios. Y así, de paso, miramos si los delfines tienen las capacidades para estar en sus cargos o simplemente son herederos de un apellido y una tradición. ¡Aprendamos eso de Cuba!  Que los destacados sean aquellos que tienen capacidades y no permitamos que esa costumbre del linaje, como ocurre en las monarquías, sea la que impere.

Una cosa más: Desafiante es la mejor apalabra para describir la actitud del Fiscal Montealegre, apareciendo con Natalia Springer en Washington para presentar su pobre informe sobre el ELN.

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