¡Arriba mi selección!

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ana-mariaPor: Ana María Ruiz Perea

Twitter: @anaruizpe

El 19 de junio de 1990, Colombia entera gritó el gol del histórico empate de la selección Colombia con Alemania, en el mundial de Italia. Fredy Rincón llenó de emoción al país, y nos dio el paso a los octavos de final por primera vez en la historia, gracias a la matemática que nos incluyó como mejores terceros en la segunda ronda de la Copa.

El pasado jueves 19 de junio, 24 años después, nuevamente Colombia pasaa la segunda ronda, pero esta vez encabezando su grupo. Con dos partidos jugados hasta ahora, Colombia ya ha metido más goles que nunca antes en sus participaciones mundialistas, con un equipo de chicos que en su mayoría apenas supera los 24 años, capitaneados por el veterano Yepes y dirigido por un hombre sereno, disciplinado y estratégico, el señor argentino José Néstor Pékerman.

Todavía recuerdo la absurda discusión desatada en las autoridades del fútbol nacional cuando la sociedad presionó la salida del Bolillo Gómez de la Dirección Técnica de la selección. Creo que la mujer a la que este tipo golpeó una noche a la salida de un bar no alcanza a entender la magnitud de las consecuencias que desencadenó la violencia machista de su amante: gracias a tan bochornoso episodio, la historia del fútbol colombiano se comenzó a reescribir, bajo una nueva dirección más preocupada por llevar al onceno al triunfo, que por manejar el negocio de los pases de los futbolistas.

Los jugadores, desde el crack Falcao cuya ausencia del mundial tanto sufrimos, hasta el pequeño gigante Quintero, pasando por la magia de James y como ellos casi toda la nómina, se desempeñan con lujo en diferentes equipos alrededor del mundo. Y cuando son convocados para portar la camiseta amarilla, Pékerman los encierra en un régimen monacal que divide el tiempo entre el fuerte entrenamientofísico, el estudio de los rivales y la definición de estrategias.

De la formación de Colombia con aquellos jugadores históricos de la selección que gozamos y sufrimos en la primera mitad de los 90 queda poco. La selección de hoy es un equipo compacto, con temperamento ganador. “El toque es a un equipo lo que la palabra a la sociedad, una manera de entenderse”, dice el jugador, técnico, escritor y filósofo del balón Jorge Valdano. Hoy, Colombia está demostrando que tiene escrito su lenguaje, que lo ha practicado, que sabe cómo entenderse en la marca y el ataque, y por eso la ausencia del crack no disminuyó la garra del equipo.

Pero lo más importante de la capacidad futbolística de este grupo de muchachos bien dirigidos, es la emoción que nos revienta el corazón, en simultánea, a millones de colombianos que, pegados al televisor, seguimos con pasión sus movimientos en la cancha y saltamos y lloramos de emoción en cada gol.

Nos están enseñando que el trabajo de equipo no es una suma de individualidades fulgurantes, sino la sincronía de las destrezas tácticas de todos; que al triunfo se llega paso a paso, y la meta más alta se consigue con esfuerzo, entrega y humildad; que el temple del líder se asoma en las dificultades, como la precisión que demostró Yepes frente a Costa de Marfil, todo un capitán a carta cabal.

En tiempos de esperanza en una Colombia menos violenta, que se encuentra en la ruta de pensar la reconciliación, la justicia y el perdón, la selección Colombia no solamente nos está llenando el alma de alegría; también nos está señalando la actitud y la ruta para avanzar en los caminos de construcción colectiva que tanto necesitamos.

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