#aymariquita

0

Nos estamos acostumbrando a generar debates sobre superfluos acontecimientos sin importancia en el país. Prestantes líderes de opinión han dedicado importantes espacios para ajusticiar un evento cuestionable desde todo sentido, pero que no merece la importancia prestada. Hago referencia  a la polémica desatada por un tema desarrollado al aire  en un vano programa juvenil de la radio colombiana.

Desde hace algún tiempo la emisora Los 40 Principales de Caracol Radio (Grupo radial para el cual trabajo) creó una actividad tan común como previsible, en lo poco innovadores de dichos espacios radiales, en donde se promovía “denunciar” a aquellos personajes de carácter afeminado que estuvieran alrededor de los oyentes en su espacio habitual, ya sea el colegio, la Universidad o el trabajo.  Esta denuncia o participación en el programa se venía realizando a través de la línea abierta en la emisora, tiempo durante el cual NADIE dijo nada al respecto.  Posteriormente convocaron a los oyentes para que,  a través de la tan conocida red social twitter, bajo el hashtag (etiqueta que identifica un tema del cual la gente está hablando) #aymariquita, hicieran su denuncia. En ese momento, las críticas que se habían demorado en llegar, se hicieron notorias.

Esta red  se está caracterizando por generar movimientos importantes, sin embargo  se ha convertido en una dictadura en aras de la defensa de ideas liberales, las cuales promulgo; pero  no podemos convertir a twitter en una persecución a quienes piensan diferente. Que la comunidad homosexual se haya sentido ofendida es completamente entendible, que se haya hecho un llamado de atención, también. Lo que no comparto son las dimensiones que están tomando acontecimientos como este.

¿Dónde están las voces críticas hacia la violencia constante en los medios de comunicación  y diferentes espacios en contra de las negritudes, comunidades indígenas y sobre todo las mujeres? Permanentemente se hacen chistes y se maltrata a esta población, al aire, en este tipo de espacios. ¿Cuántas veces no ha oído usted hablar de que alguien es un “indio”, término despectivo con esa minoría? ¿Nunca ha visto en las redes sociales chistes sobre lo “brutas” que somos las mujeres? Claro que debemos cuestionar y condenar dichas actitudes. Pero no podemos caer en la persecución inquisitiva que se presenció en este caso y vemos en tantos otros.

Es inaudito que se observen declaraciones del fiscal general de la nación, en la justicia show a la que nos vamos acostumbrando,  anunciando una investigación penal por lo sucedido en la emisora Los 40 principales.  En un país en el que estamos a la espera de la apertura de investigación por  crímenes atroces que son invisibles para el mundo y las redes sociales. Pero como he dicho ya varías veces: ¿Qué podemos esperar en el país del realismo mágico?

No es que esté a favor de lo sucedido en dicho programa, de hecho me parecen deplorables la mayoría de espacios juveniles que hoy se encuentran al aire en la radio nacional. Pero hago un llamado a las proporciones. No podemos caer en el país en el que una lechuza, víctima de  un jugador que la patea, genera indignación nacional; pero en el que las masacres paramilitares, asesinatos de mujeres a diario, torturas y persecuciones no producen los mismos efectos. Múltiples injusticias presenciamos a diario en este territorio y no se observa una reacción tal, deberíamos preguntarnos ¿por qué? Es una invitación a la reflexión.

Estoy en contra de cualquier tipo de discriminación, de cualquier tipo de señalamiento. Pero también contra la persecución constante que hoy en día presenciamos. Ahora, el ciudadano se cuida cuando expresa una idea, enmarcado por el temor a ser juzgados, por nada más. Entiendo el derecho de las minorías, pero estamos cayendo en una dictadura en pro de los ideales liberales que de hecho comparto y defiendo, sin embargo, no podemos convertirnos en aquello que tanto hemos criticado. El dialogo y la exposición de ideas es lo que genera un cambio, no el matoneo para imponerlas. Hay que tener cuidado ya que podemos estar cayendo en una nueva modalidad de persecución, la del siglo 21 ya tan común en las redes sociales.

Una cosa más: Soy una convencida de que la mujer está en pleno derecho de decidir sobre su cuerpo y debería tener la opción de abortar de forma segura en Colombia.

Comments are closed.