Azul del Hijo Muerto

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Este poema es de la autoría de Gilberto Garrido, publicado en el Semanario Cultural de El Pueblo #1 el 16 de mayo de 1976.

Garrido fue poeta, periodista, diplomático en México y Brasil. Nació en Supía, Caldas, en 1.887 y falleció en Cali, Valle del Cauca, en 1.978. Colaboró con importantes periódicos y revistas regionales y nacionales, entre ellas, Estravagario y el Semanario Cultural de El Pueblo. Participó activamente de la vida política del país. Entre sus más importantes y destacados libros están Son sus libros: Llanto (1943), Ansiedad (1947), Poemas (1954), y Anima expuesta (1959).

familia

Azul del Hijo Muerto

 

Corazón de Azucena,

hendido, macerado, suspirado:

de Ti fluye la vena

deste bien acordado

amor y este dolor mejor amado.

 

Bien hallo vivir duelos

yo que en flores he sido y fallecido,

y he rasgado los velos

del tesoro dolido

sobre mi propio ser desparecido.

 

La voz que más resume

es la del niño, apenas escuchada,

de la que se presume

que trae compasada

la música de Dios, maravillada.

 

Por esa escala vino

mi fe, dolida de su oscuro extremo.

Bien eligió camino

el resplandor supremo

para darme esta luz en que me quemo.

 

LlantoMi hijo se fue cuando

una brasa de mí le estaba ardiendo.

El se iba apagando,

y en mí iba encendiendo

esta agonía de seguir viviendo.

 

Sube el dolor y es palma

de todo ser que mereció su herida.

Su estrella viene al alma

en la propia medida

en que la tiene el alma merecida.

 

No hay más dura amargura

que vivir una vida que se fuera

y el milagro procura

de conservar entera

el ánima que a escombros redujera.

 

Este soplo que pudo

con menos luz, ser foco desolado,

hizo fanal su escudo

tiene ya logrado

vivir en el dolor eternizado.

 

Llorar es ver el fondo

en donde Dios alumbra nuestra pena.

No hay un lugar más hondo

ni hay una luz más buena

que la que lo ilumina y lo serena.

 

dolorPor eso cuando lloro

en ti, pues vivo en ti, me elevo tanto,

que el trémulo tesoro

deja de ser quebranto

para ser claridad fundida en llanto.

 

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