Baldado de realidad

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Por Luz Adriana Betancourt

Por Luz Adriana Betancourth

Primero sentí como baldado de agua fría el discurso de Iván Márquez en Oslo, porque pese a la incredulidad que tengo en un posible proceso de paz, por respeto a las nuevas generaciones de colombianos guardaba una pequeñísima esperanza de que un acuerdo fuese posible. El vocero del Gobierno con su tono conciliador me contagió por un momento la fantasía de llegar a una desmovilización guerrillera: con entrega de armas, nuevos exguerrilleros en elecciones y terminar viéndolos como a Antonio Navarro Wolf o a Gustavo Petro, dando debates nacionales necesarios, sin armas e incluso con la responsabilidad de gobernar y resolver problemas cotidianos.

Pero lo que escuché era el discurso tradicional en contra del capitalismo, contra las políticas del gobierno de turno y la intervención extranjera. Recordaron los falsos positivos y otros crímenes de Estado y, en cambio, no mencionaron sus secuestrados, ni sus atentados criminales, ni el reclutamiento forzado de niños, ni los daños que causan a la infraestructura del país.  En ese momento, el poquísimo optimismo que tenía sobre el proceso de paz se vino al piso: “No se están sintonizando para un acuerdo, sino para reforzar el antiguo desacuerdo”.

Después, al escuchar algunas reacciones en los noticieros y ver que el baldado de agua mojó a muchos, me tomé el trabajo de buscar en internet la grabación del discurso del vocero de las Farc. Tras oírlo una y otra vez, como periodista que respeta el deber de la objetividad –así me digan que es imposible lograrla–, he aquí mi nueva apreciación:

Que Colombia es “el tercer país más desigual del mundo”, dijo Márquez. Eso no es mentira y, de hecho, se basa en el coeficiente Gini, que mide cuán grande es la desigualdad social en un país o, dicho de otro modo, qué tan grande es la brecha entre ricos y pobres. Ese indicador es tomado en cuenta por serias entidades internacionales y, por lo tanto, que lo dijeran las Farc no es cuestionable.

Oír decir que “la pretendida paz exprés” no es posible, ¡eso sí que dolió!, porque casi nadie quiere revivir la historia del Caguán, donde la negociación se alargó por tres años y el balance fue bueno para las Farc y pésimo para los colombianos. La interpretación obvia fue pensar que otra vez están dilatando el diálogo para recuperarse de los combates y sacar provecho de los permisos especiales para movilizarse internacionalmente.  En ese momento quería gritarle al gobierno nacional que cancelara ya mismo el pretendido diálogo porque es evidente que no llegaremos a ningún lado si el sacrificio nuevamente es darle tiempo a las Farc.

Lo que siguió en el discurso me aclaró que uno de los objetivos inmediatos de esta guerrilla era denunciar la explotación minera, porque de ahí en adelante más de la mitad del tiempo se lo tomó para recalcar lo siguiente:

“De 114 millones de hectáreas que tiene el país, 38 están asignadas a explotación petrolera, 11 millones a la minería”. Ya con ese tema expuesto, Márquez no solo cumplió un deber ideológico, sino que de paso se ganó algunos puntos con las personas que están siendo desplazadas por los procesos agresivos de explotación minera y con los académicos y ambientalistas, que deben estar muy preocupados por el abuso del suelo.  Esto tampoco es una mentira inventada por la organización guerrillera que tanto daño ha hecho por su cuenta, pero que en este tema en particular está poniendo el dedo en la llaga; sino, revisen las investigaciones que ha revelado el portal adscrito a la revista Semana, verdadabierta.com, las publicaciones de lasillavacia.com o miren en Youtube los informes del periodista Mauricio Gómez para CM& sobre el gran daño ambiental de la explotación minera, y que conste que estamos hablando de periodismo serio y de investigación.

Lo que me preocupa ahora no es si la paz es viable o no en Colombia, sino la lista pormenorizada de las concesiones mineras que ponen en riesgo el agua pura, las tierras de cultivo para la seguridad alimentaria y la estabilidad de campesinos que no quieren convertirse en peones mineros.  Creo que todos los colombianos estamos en la obligación de informarnos mejor sobre la construcción de la represa del Quimbo, sobre la renovación del permiso  de la concesión para sacar carbón en El Cerrejon, debemos leer con atención las denuncias sobre explotación del oro y tener otra mirada sobre las plantaciones de palma para agrocombustibles.

Resaltar lo anterior no significa que pasemos por alto las omisiones imperdonables del delegado de las Farc en su discurso, porque si por un lado la explotación de carbón, oro, níquel y otros minerales por parte de multinacionales está deteriorando el territorio y desplazando campesinos, igualmente los cultivos de coca, marihuana y amapola que ellos tienen o cuidan han sustituido la producción de alimentos, ha tumbado bosques para la siembra de ilícitos y ha desplazado familias rurales, además de haber promovido el homicidio de cientos de colombianos por el tráfico de drogas. Pero sobre  los cultivos ilícitos no habló el señor Márquez, y supongo que no lo mencionó porque pretendía ocultar un tema del cual la guerrilla saca provecho.

Qué impacto tan distinto hubiese logrado el discurso guerrillero si al mismo tiempo que hacían denuncias contra el Estado, nos hubieran dado una muestra de contrición, es decir, de arrepentimiento por sus crímenes. Pero acusar sin admitir faltas no resuelve nada, porque los hechos que la guerrilla denuncia ponen en evidencia su inutilidad.

La violencia guerrillera no nos ha salvado de que aumente la pobreza en el campo y en las ciudades. Al contrario, su lucha armada empeoró el problema: por sus crímenes, personajes de extrema derecha promueven y justifican la creación de autodefensas, bacrim o cualquier nombre que se les den a los mercenarios.  Por el cansancio que ustedes han producido con su inescrupulosa forma de luchar, millones de colombianos estamos cansados de todo lo que suene a guerrilla y por eso su discurso ha pasado casi desapercibido en asuntos fundamentales como las concesiones mineras y el daño ecológico. ¿Se imaginan la misma denuncia formulada por la FAO (el organismo de la ONU creado para promover la seguridad alimentaria o que lo dijeran decanos de todas las facultades de agronomía o ambientalistas respetados en el mundo?

Si el Gobierno y las Farc tienen intenciones reales de avanzar en un diálogo, el primer punto de la agenda conjunta, que es la política de desarrollo agrario, deberá abordar cómo minimizar efectos negativos de la explotación minera y cómo desmontar los cultivos ilícitos que existen, cuya protección está en manos de la guerrilla y para lo cual cobran vacunas a los narcotraficantes.

El baldado de agua fría pasó a ser baldado de realidad cuando los discursos me llevaron a pensar que la paz en Colombia puede convertirse en una especie de partido de fútbol que nos presentan para distraernos , el balón va y viene, se meten goles y hasta pueden empatar, pero las apuestas se están moviendo afuera del estadio.

 

 

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