Bocas a la espera

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Por Francisco Javier Pantoja Pantoja

Magister en Economía Aplicada

@fjpantoja

 

¿A qué se debe dedicar la sociedad? a ¿eliminar la pobreza? o a ¿eliminar la riqueza? y si se dedica a la pobreza, qué hacer con la miseria. Y si se enfoca en la riqueza, qué hacer con la acumulación. Ante la indecisión, mejor Shakespeare: “¡Ser, o no ser, es la cuestión!”

Como el refrán: “Ni me subo ni me bajo, ni me quedo allí tampoco”. El asunto no es fácil, pero al agitar el árbol de la riqueza, caen, entre otras, la propiedad sobre la tierra y las ganancias exorbitantes que se acumulan en pocas manos.

Y como hay tantas bocas a la espera de un subsidio, de una casa, de un programa, de un control natal -en fin: hasta aquí la lista porque quien a listar se ocupa nunca desocupa-; suele suceder que estas soluciones son ‘pan pa hoy y hambre pa mañana’, mientras que el esfuerzo de este gasto tendría que propiciar tanto el aumento permanente en el bienestar de los menos favorecidos como la reducción en las tensiones sociales.

Empero, los subsidios y los impuestos son dos caras de la misma moneda. Creados, no desaparecen fácilmente porque adquieren fuerza electoral; y además, en el largo plazo tienden a ser perversos y sacan a la luz efectos no esperados. Tal es el caso que al subsidiar a la madre se requiere al niño en la escuela y a la postre -posiblemente- esto se convierte en un incentivo a la fecundidad.

Ya nadie come de ideología. Los fracasos saltan a la vista. Ni el comunismo, ni el socialismo, ni el capitalismo, ni el neoliberalismo, han detenido la avalancha: las desigualdades son cada vez más grandes y las brechas más amplias. La pobreza es a la Hidra -el monstruo mitológico griego-, se la ataca y ella persiste.

Al caer la tarde, lo único que queda es el Estado. En temas sociales éste debe ser fuerte, su papel está dado a corregir los problemas de distribución y asignación de los recursos escasos, e ir en contra de la ley de la gravedad para evitar que la gota de lluvia se alargue al caer, pues si así ocurre habría arriba poquitos y el resto en la base atiborrados.

Después de todo el objetivo es solucionar este problemita. Y por ello se le deja al lector este ejercicito: tres niños discuten sobre quién debe quedarse con una flauta. Marielita dice que es de ella porque es la única hábil que sabe tocarla; Fabiancito argumenta que es de él, dado que es muy pobre y no tiene juguetes; y Claudita entra en la discusión reclamando el instrumento porque fue ella quien lo elaboró. ¿Usted a quien asignaría la flauta?

Tenga cuidado, su solución podría ser derechista cuando ha profesado ser marxista o utilitarista queriendo ser libertario como bien explica Amartya Sen.

Y a todas estas ¿qué es pobreza? ¿Ausencia de qué? ¿De derechos, de libertades, de oportunidades, de ingreso, de dignidad, de riqueza? A esta columna la persiguen las listas, pero bueno queda claro que no solo tiene que ver con el ingreso.

De hecho, ¿en qué momento de la humanidad apareció el primer pobre? Busque en la teoría de la evolución la respuesta y si no la encuentra vaya a la teoría creacionista, entre tanto que investiga, el reloj de población mundial, corre, corre, corre acercándose a los 7.3 millardos de habitantes. ¿Cuántos millardos de pobres hay?

Nadie duda que la desigualdad es un mal para la sociedad. Sin embargo, Colombia tiene suerte. Es el momento y la oportunidad para repensar el arreglo social existente. Y tal vez sea mejor construir una senda de prosperidad y de inclusión aunque el camino sea angosto se llegará a buen puerto, porque como dijo el gran boxeador colombiano Kid Pambele: “¡es mejor ser rico que ser pobre!”.

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