Buenaventura: la expresión de nuestra institucionalidad

0

Floro Hermes G.Por Floro Hermes Gómez Pineda

Twitter: @Florohermes

En mi columna de 8 de diciembre de 2012, ¿Por qué la hecatombe de nuestra salud?, expliqué que la cuestión es debida a “un país con ‘instituciones políticamente extractivas’, es decir, con una distribución estrecha del poder en manos de una élite que diseña instituciones económicas para enriquecerse y afirmar su poder a expensas de la sociedad, como lo ha demostrado el colega profesor y politólogo James Robinson en su libro Why Nations Fail.

Buenaventura es la expresión esas instituciones políticas y económicas extractivas, que el Gobierno Nacional intenta ocultar tras la cortina de humo se sus consecuencias o resultados: “Buenaventura la ciudad más violenta de Colombia”, “Buenaventura la ciudad más violenta del continente”, “Buenaventura el emblema de la corrupción del Valle del Cauca”, “Buenaventura un lugar de impunidad e ineficiencia de las autoridades”, “Buenaventura centro de bandas delincuenciales”, “Buenaventura lugar de circulación restringida y control social”, “Buenaventura el sitio donde impera la ley del silencio”, “Buenaventura la más pobre de Colombia”, etc.

Buenaventura no es la tragedia visible arriba descrita. Buenaventura es la expresión invisible de una “institucionalidad política y económica extractiva” construida por la élite política nacional, para enriquecerse y enriquecer a los distintos intermediarios que pueblan la nación, la cual consiste en detraer rentas de nuestro “bello puerto de mar” (lo cual es corrupción) hasta el límite de negar los más elementales servicios públicos (por ejemplo el de acueducto) a los bonaerenses.

Tal “institucionalidad política y económica extractiva”, que en Buenaventura se expresa como corrupción, se comporta como un “impuesto a la inversión” que desincentiva la realización de inversiones nacionales y extranjeras. Al hacerlo, frena el desarrollo económico del puerto; al frenar su desarrollo económico, menoscaba los recursos distritales necesarios para la satisfacer de necesidades de sus habitantes; al menoscabar los recursos distritales, acentúa la desigualdad provocando la exclusión y generando una democracia sin pueblo.

Como consecuencia se perpetúan unas “instituciones distritales políticamente débiles”, porque no hay recursos para pagar el ideal liberal del imperio de la ley sobre la población y el territorio; al perpetuarse estas no es posible lograr la estabilidad en la acción de gobierno, es decir no es posible lograr el propósito liberal de establecer limitaciones a los derechos particulares; al no poder conseguir la estabilidad en la acción de gobierno, se promueve la ineficiencia de la función pública, la cual consiste en que los ciudadanos debemos obedecer la voluntad de la élite política (clientelismo) y no, como lo quiere todo liberalismo, la voluntad de la ley, lo que desemboca en el fenómeno de la regulación pública (cada oficina inventa un trámite); al promoverse la ineficiencia de la función pública, muchos consideran tener el sagrado derecho liberal a la revolución, generando así confrontación y violencia, con la cual tratan hoy de distraernos.

En conclusión, Buenaventura no necesita ser un espectáculo. Buenaventura reclama derribar nuestra institucionalidad política y económica extractiva, para sustituirla por una liberal política y económica inclusiva e innovadora; es decir, reclama pasar de un mercado del aprovechamiento a un libre mercado.

Comments are closed.