Buenaventura y Cali

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leo quinteroPor Leo Quintero

Aunque la ceguera centralista de los vallecaucanos les haya impedido ver que el futuro del departamento está indisolublemente unido a lo que le suceda a Buenaventura, esa es la realidad, porque lenta, pero pesadamente, todos los problemas del Pacífico de la región se han extendido a nivel seccional.

Recordemos que la primera visión del Pacífico desde Cali la determinó el propio Sebastián de Belalcázar, quien había llegado al continente por el mar del sur, o Pacífico, cuyo descubrimiento para el mundo europeo ocurrió hace 500 años, a manos de Vasco Núñez de Balboa.

Están tan unidas Buenaventura y Cali, que así lo describió Cieza de León en sus crónicas sobre la llegada de los españoles a tierras del Valle del Cauca y con la premura que tenía el «adelantado» Sebastián de Belalcázar de buscar la salida hacia el mar del sur.

Esto ocurriría cuarto años después de la fundación de Cali. En julio de 1540, don Juan de Ladrilleros y Pascual de Andagoya, después de penar por la Bahía de la Muerte, como llamaron a Málaga, tras la desaparición  de la esposa de uno de ellos, se hicieron a la mar y lograron llegar a la bahía de la Buena Ventura un 14 de julio, cuando  arribaron a las costas de la Isla de Cascajal, en donde fundaron el primer poblado de la Costa Pacífica colombiana.

Claro, después de don Juan y don Pascual, llegaron muchos años de pobreza, que aún no se han ido. Solo se han multiplicado y en muchas de las zonas aun, hoy casi 480  años después de su fundación, que viven muchos pobladores de Buenaventura  en los tiempos de Andagoya y Ladrilleros.

Pero en los últimos treinta años la crisis se ha diseminado y masificado con la transformación de la ciudad, primero, en receptora de nuevos pobladores, provenientes de otras regiones, como desplazados, de la misma Costa Pacífica, del Eje Cafetero y del departamento de Antioquia. Además, con la desaparición de empresas estatales como la Flota Mercante Grancolombiana y la Empresa Colombiana de Puertos, que en operación pagaban  salarios, buenos salarios, a sus trabajadores y esos dineros se quedaban en la economía de Buenaventura.

La muerte de la flota  y la privatización del puerto dejaron que esos dineros por concepto de salarios no llegaran a la economía del Pacífico. Los jubilados de Buenaventura se movilizaron a otras regiones del país y el circulante se constriño  y se redujo dramáticamente también por factores como la transformación del régimen laboral que emplearon y siguen haciéndolo los contratistas, subcontratistas y paracontratistas de las empresas que cumplen labores en los terminales marítimos del Pacífico vallecaucano.

Tanto es así, que luego de varios años de hacerse el de la vista gorda, el Ministerio del Trabajo intervino y sancionó a numerosas cooperativas de bolsillo que aún siguen funcionando en la contratación en los terminales marítimos.

Esa crisis económica generó  que los pobladores de Buenaventura fueran permeados por otros medios para obtener ingresos para sus familias. Para conseguir recursos para alimentar a sus hijos, darles educación y garantizarles el futuro. Primero fueron los miembros del narcotráfico, los que nunca se han ido y además se han transformado, según la presión del Estado, en representantes de la guerrilla de las Farc, paramilitares, AUC, La Empresa, Urabeños y todos los nombres que las autoridades puedan endilgarles.

Esa presión ha generado que la crisis del Pacífico, los problemas sociales del Pacífico, la violencia de esos sectores de Buenaventura se trasladen a otras partes del departamento. Cali es hoy en día escenario del conflicto de esos grupos armados que luchan, según las autoridades, por el microtráfico, pero todos  saben que es por las rutas para movilizar cargamentos de droga  hacia Centro y Norteamérica. Esas rutas están representadas en territorios, porque está claro que en los lugares de mayor conflicto es en donde están centralizados los escenarios naturales en los que puede recalar una embarcación de mediano calado, o donde está el estero, que en marea alta ayuda a que se muevan más rápidamente las lanchas.

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