Bukowski en La 66

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Por Jaír Vilano

@VillanoJair

Le digo que es posible que horas más adelante me vuelva un pedo. “La chica que me gusta estará por ahí; ella, ya lo sospecharás Hank, no me quiere ni un poquito”. Bebe más cerveza y me responde: “Tranquilo, yo también tuve mis amores no correspondidos”. Y entonces evoca sus poemas a Jane, la mujer que sacó lo más amable de su corazón y que murió intoxicada (de alcohol, presumen algunos) cuando apenas empezaba la treintena. La relación con Jane Cooney estuvo llena de altibajos, se amaban porque eran dos disolutos que bebían día y noche; Jane fue una prostituta que conoció en alguno de los bares que tanto frecuentaba en California.

Un chirri que se sorprende por las cicatrices de su cara y su aspecto físico me pregunta si ese es otro de mis amigos escritores. Le digo que sí, pero que a diferencia de los otros, este es menos pedante y más talentoso. Bukowski quiere más cerveza y más cigarrillos.  La misma persona me felicita por la columna que escribí hace unos días, cuando se va le cuento a Hank que en efecto tengo unos espacios en los que expreso mi opinión frente a los aconteceres nacionales.  Me dice que cuando tenía su columna ‘Escritos de un viejo indecente’, que salía  en el Open City, un periódico underground de su amigo John Bryan, él también quiso hacerlo, pero le ganaban la vehemencia y entonces despotricaba.

-Una vez escribí un artículo sobre la muerte de Kennedy –recuerda mientras prende otro cigarrillo–, nada serio. Un par de diatribas frente a esos cabrones que aprovechan la ocasión para posar como humanistas. Me fastidia ver cómo los miserables se aprovechan de la tragedia.

Le quiero referir que la fauna política en Colombia suele perpetrar este tipo de acciones, pero Hank se adelanta y tajante profiere:

-Mira, chaval, no quiero presumir demasiado de estar activamente interesado por la suerte de la humanidad, porque en el fondo la mayor parte de la humanidad me repugna.

Su aserción me despierta una hilaridad genuina, me digo para sí: “Ah, es que es Bukowski”.

Al rato me pregunta por el lugar en el que nos encontramos. Le digo que lo llevé ahí porque es el único sitio cerca de mi casa donde me puedo embriagar con poco dinero (y a veces sin llevar un solo peso). Tímidamente le cuento que también escribo. Advierte en mis palabras una reverencia que para aclimatarla escupe:

-Debes beber, escribir y follar. Esa es la fórmula.

Recuerda entonces  que cuando tenía mi edad, 23 años, escribía una cantidad ingente de cuentos que enviaba a revistas literarias y magazines de los diarios, que siempre rechazaban.

Dice que es irónico, pero de todos esos cuentos que enviaba,  el comité editorial de  Story, decidió publicarle uno de los malos.

Su rostro de carne de hamburguesa, como me dijo uno de los chirris que me brindó yerba, se debe a que cuando era un adolescente sufrió una enfermedad que le dejó cicatrices en el rostro y la espalda.  Además de ser hijo de un beodo que lo maltrataba, tuvo ese infortunio que lo llevó a esconderse en las bibliotecas; ahí descubrió  a Céline, Dostoievski, Chéjov, Hamsun, y otros grandes a los que faltó al respeto.

Le pregunto por su bronca con Shakespeare y mientras toma otra cerveza responde con singular vehemencia:

-Mira, chaval, lo dije hace unas décadas atrás: Shakespeare está sobrevalorado. Pero la gente no quiere escuchar esto. Uno no puede atacar templos. Ha sido fijado a lo largo de los siglos. Uno puede decir que tal es un pésimo actor, pero no puede decir que Shakespeare es mierda. Cuando algo dura mucho tiempo, los snobs empiezan a aferrarse a él, como ventosas. Cuando los snobs sienten que algo es seguro, se aferran. Pero si les decís la verdad, se ponen salvajes.

Le cuento que hace unas semanas atrás un poeta cuya suerte es más grande que su talento, y en todo caso menor que su ego, estuvo en La 66. A diferencia suya, este hacedor criollo llamó la atención de los yonkis, que ignoraban que era un POETA.

Me dice que eso siempre pasa; Hemingway, ejemplo diáfano de ello.

-Era menos talentoso de lo que creía –ilustra al tiempo que mira el trasero de una sensual chica. Luego atenúa–: Pero a todos nos pasa lo mismo.

Bukowski es un artista.  Al rato, cuando veo que mi chica está con otro sujeto, le expreso que en lugar de estar triste estoy enervado. Y entonces él va y le escupe en la cara. El tipo este se queda estático, porque el aspecto de Hank lo pone laso, y porque algunos de los chirris sospechan que, el individuo con quien llevo horas hablando, es nada y nada menos que Bukowski: ¡el  Baco literario!

Expresa que hace harto tiempo tuvo una riña similar con unos admiradores que se pasaron de gelatinosos. Dos sujetos, estudiantes de la universidad Long Beach State (California),  llegaron a una fiesta organizada por su novia Linda King, uno de ellos se pasó de amable, Hank hizo una escena de celos, que tiempo después, en el bar La 49, fue materializada; el tipo este se le acercó como si nada y él le escupió la cara.

Le digo que increíble, pero el individuo a quien atacó no era el que creía, sino su biógrafo póstumo: David Barker, quien por cierto escribió una bella crónica a propósito de ese impase.

Hank no lo lamenta. El león sigue bebiendo.

Y entonces me percato que es tarde, me tengo que ir, trabajo al otro día. Se ofusca y truena:

-El trabajo es para los zoquetes.

 Le digo que sí, es cierto, pero mi trabajo no es tan malo: consiste en escribir esta columna. Dice entonces que eso no es problema. Retóricamente espeta:

-Mira, cabroncito, por lo menos yo, Bukowski, no recuerdo haber escrito un poema totalmente sobrio.

-Escribe ebrio, edita sobrio, parafraseando a Hemingway.

Me asesta un puño en el ojo izquierdo y vomita:

-No menciones a ese canalla.

Me pide disculpas sin pedirlas, soy yo el que interpreta su risa como una excusa, como si se trata de un juego, ríe con malicia, exhala humo y me dice que no le crea mucho.

-En las entrevistas me gusta jugar y burlarme un poco, así que doy información falsa sólo por el gusto de entretener y mentir.

Le digo que esto no es una entrevista, es  un sueño de un man que se acostó pasado en alcohol.

Se ríe y me dice que esa anotación estuvo buena.

(Las aseveraciones de CB son reales: la mayoría fueron extraídas de entrevistas, textos y trabajos en torno a él).

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