Cables con la electricidad en reversa

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SOFÌA GAVIRIA CORREA*
Parece mentira, pero, en Colombia, hasta la electricidad está corriendo al revés. El nuevo anuncio del Gobierno de sacar a la venta a Isagén va claramente a contramarcha de la tendencia mundial, especialmente cuando observamos la experiencia de las naciones que la OCDE nos propone como paradigmas. Quisiera referirme, en lo que permite el espacio limitado de esta columna, a la protección de la energía eléctrica como bien público en algunas de las mayores potencias energéticas del mundo:
Francia: Cuenta con la mayor compañía de energía eléctrica del orbe, Électricité de France S.A. (EDF). Aunque esta empresa fue privada en sus inicios, pertenece hoy casi enteramente al Estado, gracias a un proceso que comenzó en 1946, cuando se produjo en Francia la nacionalización de los bienes de las empresas de producción, transporte y distribución de la energía eléctrica.
Canadá : su principal generadora de energía es Hydro Québec, la mayor compañía hidroeléctrica del mundo. Esta también es hija de una nacionalización. Para adquirir el monopolio de la energía en el Quebec, su gobierno hubo de acudir a créditos internacionales a veinte años, pagados con las ganancias de la compañía misma unificada, Hydro Québec.
Noruega: se sitúa como la sexta mayor potencia mundial en energìa hidràulica. Su mayor compañía de electricidad es la Statkraft, una empresa pública que se ha posicionado como la mayor productora de energía basada en recursos renovables en Europa.
Suecia: ocupa en la actualidad el décimo puesto en cuanto a producción de hidroenergía en el mundo, gracias a Vattenfall, comprada por el gobierno nacional, justamente cuando estaban de moda las privatizaciones.
Rusia: es el quinto mayor productor mundial de energía hidráulica. Cuenta con RusHydro, el segundo productor mundial de energía hidroeléctrica y mayor proveedor de Rusia, que pertenece al Estado.
En Corea del Sur, la más grande compañía de electricidad, la KEPCO, que genera el 93% de la energía del país, tiene al Estado como dueño mayoritario. Esta empresa es catalogada como la séptima mayor del mundo en su campo.
En la China, el Estado ejerce dominio sobre la producción y distribución de electricidad. Allí operan dos de las cinco mayores empresas generadoras de energía eléctrica del mundo, ambas pertenecientes al Estado: la China Datang Corporation (CDT) y el China Huaneng Group.
Brasil: uno de los grandes actores mundiales de la hidroelectricidad. Allí, el Estado tiene el control de la energía eléctrica, al tener mayoría accionaria en Electrobras, la principal electrificadora del país, décima en el mundo y cuarta, en cuanto a energía limpia.
Por su parte, en los Estados Unidos aprendieron la lección acerca de los riesgos que implica la privatización de las empresas de energía eléctrica. En California, en el decenio de 1990, se dio una desregulación estatal en cuanto a energía, se privatizó la industria y se abrió el mercado energético. Esto condujo a la peor crisis energética en la historia del Oeste Norteamericano. Aunque California vio aumentar su población en un 13% en el decenio de 1990 y conoció un fuerte crecimiento económico durante tal período, ni el Estado, ni la empresa privada construyeron ninguna nueva gran central eléctrica durante dicho lapso. La alta demanda fue correspondida por costos especulativamente altos de parte de las compañías generadoras. Ello, sumado a prácticas ilegales de la compañía Enron, llevó al colapso y a una penuria energética que provocó, en el 2001 y en el 2001, largos apagones que, además de afectar a la comunidad, generaron pérdidas por más de 40.000 millones de dólares. Luego de los innumerables apagones, el Estado tuvo que entrar al rescate de las compañías y financiar la compra de electricidad.
Este veloz vistazo nos muestra que las naciones líderes del mundo en el campo de la energía eléctrica han optado por defender la producción eléctrica como bien de principal interés nacional, que debe permanecer bajo custodia y dirección del Estado. Y, mientras tanto, aquí se insiste en buscar lo contrario, la privatización de la energía, a sabiendas de los grandes peligros que esto entraña, justo cuando se prevé que Colombia, con su inmenso potencial hídrico, se convierta en uno de los mayores exportadores latinoamericanos de energía.
Los colombianos deberíamos seguir el ejemplo de los uruguayos, que, en 1992, cuando el gobierno abrió las puertas a la privatización de las empresas de servicios públicos, salieron a votar en referendo y se pronunciaron en un 70% a favor de mantener las compañías en manos del Estado. Hoy, Uruguay es modelo para toda América Latina.
Si el Gobierno se negara a considerar las alternativas que se le han planteado, sería necesario que los colombianos acudiéramos a las urnas para defender la soberanía energética nacional y el inmenso patrimonio económico, social y ambiental que estaría en juego, si Isagén se vendiera.
*Senadora de la República
Codirectora del Partido Liberal

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