Caleños, ¡somos mundiales!

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Leo QuinteroPor Leo Quintero

Este domingo terminan en Cali los novenos Juegos Mundiales, nos dejan varias consideraciones.

La primera: que sí se pueden hacer eventos multitudinarios en Cali, sin que haya un solo caso de violencia. Luego: que la ciudad está preparada para grandes eventos. Que la gente está deseosa de participar masivamente en actividades públicas, especialmente deportivas. Que el deporte es el nuevo motor social de Cali, y aunque con disciplinas  desconocidas para muchos, permitió a la familia expresarse. Que el deporte mueve a la familia, que se reúne en torno a su práctica, e impulsa a los exponentes de estas actividades. Que aunque haya deportes raros para muchos, extraños para nuestra cultura, como el sumo, el korfball entre otros, siempre existirá la curiosidad y hasta el deseo de vincularse a la práctica de esas actividades atléticas. Que la ciudad tiene hoy en día, en Colombia y en el continente, los mejores escenarios para cualquier deporte, olímpico o mundialista. Que los críticos de los juegos mundiales, aquellos que desde que la ciudad obtuvo este compromiso solo se dedicaron a darle garrote a una actividad de esta naturaleza,  por fin entendieron que los eventos de ciudad son más importantes que los hechos personales.

Los juegos mundiales le dejan a la ciudad una gran herencia en varias instancias  deportivas, con muchos valores agregados, con nuevas expectativas y reconocimiento. Escenarios nuevos y otros remodelados, que le garantizarán a los jóvenes de Cali lugares para la práctica de las más variadas disciplinas.

A la dirigencia deportiva de la región, el enorme compromiso de no dejar deteriorar los escenarios deportivos, tal como ocurrió pasados los sextos Juegos Panaméricanos, en 1971, o los últimos nacionales, hace cuatro años.

El mayor reto para esa dirigencia es no permitir que los escenarios deportivos ni sus alrededores caigan en manos de las pandillas o grupos de expendio y consumo de sustancias sicoactivas.

La frase más recordada por los miles de personas que abarrotaron los escenarios deportivos fue una sencilla «Qué bien nos sentimos en los coliseos y estadios, sin  olor a marihuana ni viendo el rostro desencajado de personas que la consumen en espacios públicos y se convierten en los actores violentos de estos espectáculos».

Cali, desde que se cerraron los Juegos Mundiales, tiene el compromiso de que los imaginarios colectivos que se crearon, que esa nueva identidad que se pretende implantar, sea el sello que nos mueva de ahora en adelante.

Somos capaces de organizar grandes eventos, de cumplir con todas sus expectativas, de movilizarnos cuando nos corresponde. El resto de hechos ocurridos en torno a los mundiales formarán parte del imaginario de ciudad, tal como lo contaron durante cuarenta años los caleños que estuvieron presentes en los Juegos Panamericanos de Cali. Las nuevas generaciones de caleños podrán contarles después a sus hijos y a los hijos de sus hijos que estuvieron en un evento mundialista, con delegaciones de 108 países y miles de deportistas, en completa paz, sin contratiempos, sin enfrentamientos.

Los Juegos Mundiales serán la nueva marca de ciudad. Una capital del Valle que aspira a ser el referente para todos los eventos deportivos de Colombia, para ello nos preparamos los caleños.

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