Cali, a salir del clóset

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El pasado 19 de enero del 2011, guardas del centro comercial Cosmocentro de Cali solicitaron a una pareja de homosexuales retirarse de las instalaciones cuando se besaron y abrazaron en las instalaciones. Los guardas, que consideraron inapropiada la conducta de los hombres en presencia de familias y niños, pidieron a la pareja retirarse para no recurrir al uso de la fuerza. La actitud de los guardas refleja una cultura todavía muy arraigada que considera la opción homosexual como “anormal”.

En Cali los hechos de discriminación en contra de los homosexuales son más frecuentes de lo que se cree, por lo que este caso puede convertirse en una verdadera oportunidad para que la ciudad salga del closet. Se estima que entre el 8 y el 10% de la población puede ser homosexual, alrededor de 200 mil personas.

La Corte Constitucional ordenó a los administradores del Centro ofrecer excusas públicas, desarrollar un programa de capacitación a sus empleados y una campaña de difusión a favor de la inclusión y del reconocimiento de los derechos de las minorías.

Según indicó Norma Uribe, representante legal de Cosmocentro, en entrevista con La W Radio, los guardas actuaron tal como habrían hecho frente a “parejas normales” pues el centro comercial enfatiza la “cordura y privacidad” dentro de su ambiente familiar. La referencia de Uribe a lo que es, según ella, “normal,” revela tintes discriminatorios.

No es difícil encontrar en un centro comercial de Cali, incluido Cosmocentro, parejas heterosexuales que se besen o acaricien en público sin que ello sea objeto de reproche. Cuando la misma conducta es realizada por parejas homosexuales es objeto de censura e incluso de sanción. Como lo señaló la Corte, lo que se censuró en Cosmocentro no fue un acto inapropiado de afecto per se, sino más bien el hecho de que tal acto fue efectuado por dos personas del mismo sexo.

El actual personero de Cali, Andrés Santamaría, quien orientó legalmente a la pareja involucrada en su calidad anterior de Defensor del Valle del Cauca, es enfático en rechazar la explicación de Cosmocentro frente al incidente. Según él, a partir de una investigación de campo con parejas heterosexuales y homosexuales que demostraban su afecto en las instalaciones del centro comercial, las reacciones del personal de seguridad fueron inconsistentes.

Mientras que las parejas heterosexuales incurrían en demostraciones más evidentes sin problema alguno, las homosexuales eran frecuentemente objeto de censura. El accionar de los guardas estuvo infuenciado por sus percepciones acerca del homosexualismo, pues su interferencia únicamente en los casos de parejas del mismo sexo evidenció su oposición a las demostraciones afectivas de los homosexuales mas no a las de las parejas heterosexuales.

En Cali, la mayoría de los casos de discriminación permanecen ocultos. Un informe de la Defensoría del Pueblo realizado en el 2008 revela que las personas no identifican adecuadamente los actos de discriminación. Entre los entrevistados señalaron a la Policía Nacional como la institución mayormente transgresora de los derechos de las diversas poblaciones sexuales.

Esta semana se conoció un hecho discriminatorio en un hogar infantil de la ciudad en contra de dos niños portadores del VIH, a cuyos padres les habrían pedido retirarlos del hogar.

Aunque el caso no es igual, es una demostración de que en Cali sigue habiendo fuertes presiones sociales que continúan restringiendo el ejercicio pleno del derecho a la igualdad y libertad de los homosexuales. La difícil aceptación de su condición como iguales dentro de la sociedad es evidente en situaciones de la vida diaria y es un claro obstáculo en sus intentos de ejercer plenamente sus derechos como individuos. El trato diferencial que fue dado a las parejas, tanto a aquellas identificadas en el estudio de la Personería como la que originó el pronunciamiento de la Corte, implica una clara vulneración a los derechos básicos de cualquier persona. Para empezar, la ausencia de estándares claros que rijan lo que es apropiado afectivamente en Cosmocentro ubicó a los involucrados en una situación de desventaja.

El debate alrededor de la orientación sexual se ha caracterizado por la primacía de creencias individuales sin reconocer la necesidad de tolerar aquellas de los demás. La recurrente alusión a doctrinas religiosas, morales o filosóficas implica un obstáculo difícil de superar en un debate donde posiciones contradictorias se tratan de imponer la una sobre la otra. Partiendo del hecho de que los seguidores de cada doctrina ven sus propias creencias como verdaderas, es cada vez más complejo conciliar las diferencias entre individuos.

El caso de Cosmocentro evidencia cómo, partiendo de una definición subjetiva de obscenidad y lo que es apropiado, el guarda intentó usar su propia doctrina para condicionar el comportamiento de otros. Lo que se debe rescatar es la conveniencia de establecer términos comunes de comportamiento para todos, sin referencias discriminatorias ni basados alrededor de condiciones afiliadas únicamente a una creencia…

Las creencias personales deben restringirse a ser exactamente eso: personales. Mientras que estas no infrinjan directamente los derechos o libertades de otros, son un ejercicio legítimo de la libertad del individuo. El problema yace en los intentos de extender el alcance de las doctrinas individuales a los otros, pues evidencian un irrespeto a la misma libertad que se busca ejercer.

El procurador general de la Nación, Alejandro Ordoñez, se ha convertido en el funcionario que más ha antepuesto en forma indebida sus creencias personales, lo que lo ha llevado a oponerse a los pronunciamientos que ha hecho la Corte Constitucional para garantizar los derechos de los homosexuales.

La dificultad para asumir la diversidad, especialmente en materia sexual, quedó reflejada en las críticas que se le hicieron en 2010 a la Alcaldía de Cali por invertir recursos en la producción de material dirigido a crear competencias en el cuerpo docente de la ciudad para el respeto por los derechos de la comunidad LGTB. Se cuestionó hacer inversiones en ese programa e incluso en el concejo se oyó decir en forma despectiva que “en Cali hay que ser gay para conseguir presupuesto”. La Asociación de Colegios Privados de la ciudad afirmó que el material que se produjo inducía a la homosexualidad. Actitudes como esta no son exclusivas de Cali, en Barranquilla –por ejemplo- en la discusión del Plan de Desarrollo 2012 se oyeron expresiones similares.

La nueva ley antidiscriminación, promovida por varios congresistas de la bancada liberal de la Cámara de Representantes, podría convertirse en el instrumento de castigo de esas actitudes que antes no tenían sanción legal.

En Cali, durante el año 2011 se hicieron graves denuncias de hechos de violencia en contra de la población transexual. La Defensoría del Pueblo estimó que al menos 12 personas fueron sido asesinadas en Cali por su condición. A pesar de la gravedad de los hechos, no se conocen pronunciamientos judiciales que identifiquen a los responsables.

La sentencia T- 909/11 de diciembre del 2011 de la Corte Constitucional será sin duda otro hito en el largo recorrido de los homosexuales por lograr igualdad ante la ley, una conquista que otras poblaciones alcanzaron hace más de 200 años.

La Corte determinó que los hombres estaban en plena libertad de ejercer su derecho a la libre escogencia de su orientación sexual y a exigir su tratamiento como iguales. El trato proporcionado a la pareja traspasó los límites de la intimidad, violó derechos básicos de libertad individual e implicó una discriminación injustificada a partir de un acto natural del ser humano.

La sentencia resalta la importancia de garantizar la igualdad de condiciones e insiste en la inconstitucionalidad de prohibiciones basadas en la orientación sexual. Los hechos de Cosmocentro y la decisión del Tribunal Constitucional le dan una nueva oportunidad a la sociedad caleña.

 

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