Cali, cada vez más violenta

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Floro Hermes Gómez PinedaPor Floro Hermes Gómez Pineda

Twitter: @Florohermes

Según el Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal de México, Cali en 2011 era la undécima ciudad más violenta del mundo, con una tasa de 77.90 por cada 1.000 habitantes. Para 2012, Cali “mejoró” en el ranking, se convirtió en la séptima más violenta del planeta, con una tasa de 79.27 por cada 1.000 habitantes.

Contra estos hechos basados en la evidencia, el burgomaestre de la ciudad, capacitado, entrenado y formado al más alto nivel en Epidemiología, desestimando estos datos ha afirmado que “andar por Cali es como andar por cualquier capital europea”.

Contrasta la opinión del señor Alcalde de Santiago de Cali con el dato fáctico de la inexistencia, dentro de las primeras veinte ciudades más violentas del mundo, de capital europea alguna, para los mismos periodos analizados, de acuerdo con la ONG mexicana productora de los informes que muestran el empeoramiento de la seguridad en nuestra ciudad.

¿Qué quiere decir la situación de empeoramiento de la seguridad ciudadana en nuestra ciudad? Que ante la ausencia de una mirada liberal, para la cual “su principio de cálculo es la seguridad”, prima la idea conservadora de la seguridad entendida como la defensa del Estado.

Esta mirada conservadora desecha la idea liberal del monopolio de las armas y se entretiene con el desarme de la sociedad civil, que no es otra cosa que dejar las gentes de bien expósitas ante los violentos, quienes nunca se desarman. Es decir, es renunciar al abordaje del conflicto desde el liberalismo, que es la complejidad, y abordarlo desde el conservadurismo, que es simplicidad.

Para todo liberalismo, como buen hijo de la Ilustración, resolver el conflicto es la complejidad de arbitrar, imaginar, innovar e insuflar a cada momento la libertad; pero el conservadurismo (anclado en la premodernidad), en cambio, es la simplicidad de prohibir, intervenir e impedir, lo cual es la tiranía, que se supone derrotamos con nuestra revolución liberal de independencia de 1819.

De aquí se desprende que la ciudad reclama, con urgencia un gobierno liberal; es decir, un gobierno municipal que se ocupe de gestionar las fuerzas estatales mediante mecanismos que creen más libertad y que permitan a los ciudadanos valerse de su propio entendimiento.

En otras palabras, para hacer de Cali una ciudad moderna o, lo que es lo mismo, una urbe que esté habitada por ciudadanos que acaten y obedezcan las leyes y que tenga, dentro de su jurisdicción, el monopolio legítimo de la coacción física (la fuerza y las armas), para que las fuerzas contrarias al orden (delincuencia común, mafias y pandillas) no impongan su ley.

Para lograr lo anterior, como lo señaló muy bien el profesor y pensador Michel Foucault se requiere de la mirada liberal, la cual reivindica “la racionalidad científica”, puesto que todo liberalismo cree que “es absolutamente indispensable para el buen gobierno”.

El liberalismo desecha la opinión porque considera imposible el arte del buen gobierno sin una mirada basada en la evidencia, la cual falta en Cali.

Para 2012, Cali “mejoró” en el ranking, se convirtió en la séptima más violenta del planeta, con una tasa de 79.27 por cada 1.000 habitantes

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