Cali epicentro de desarrollo y paz

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Por: Luis Felipe Barrera Narvaez

Politólogo con estudios en filosofía política. Analista político. Caleño constructor y promotor de paz.

Twitter: @luisfebarrera

Estamos a pocas horas de que se firme el Acuerdo Final de paz en la Habana. Es la consumación de un proceso histórico que transformará la vida política del país y afectará la forma en que gestionamos el poder y tramitamos nuestros problemas comunes. El advenimiento de la paz, implica la evolución del paradigma que hacía orbitar el mundo político alrededor del conflicto armado. Nuevas formas de liderazgo, discursos políticos y enfoques creativos de política pública serán necesarios para trazar un rumbo estable y sostenible para la paz estructural, un rumbo que trascienda el silencio de los fusiles y adopte nociones integrales de desarrollo para el posacuerdo.

En este panorama, la capital del Valle del Cauca empieza a descollar como modelo de pensamiento y acción política para Colombia. Lejos de replicar libretos y formulas prefabricadas, en la ciudad surgen iniciativas y voces que aportan a la agenda pública en materia de paz, desarrollo económico integral y renovación de las costumbres políticas.

La primera transformación se dio en el liderazgo político.  Paradójicamente, en las manos de un hombre poco político, se empezaron a reconfigurar las prácticas y las instituciones del gobierno local. Con su naturalidad, sensibilidad y vocación social, Maurice Armitage ha transgredido el paradigma del político tradicional para afirmar un modelo de gestión que promueve la inclusión social, el civismo, la reconciliación y la igualdad de oportunidades. A contrapelo de lo acostumbrado, alza su voz contra la corrupción y no se pliega a ella, sino que está dispuesto a dar la pelea con tal de depurar y proteger los recursos públicos de los caleños.

A este primer esfuerzo lo secundó el liderazgo espiritual. En un acto de auténtica valentía, Monseñor Darío de Jesús Monsalve lanzó un llamado ético en torno a la urgencia histórica de finalizar la barbarie y degradación que nos legó el conflicto armado. Enalteciendo el valor de la vida y la civilización fundada en la moral, promueve, no una opción afirmativa para el plebiscito, sino la admisión social de los valores más cristianos y a la vez más humanos de todos, la compasión, la reconciliación, el perdón y la paz entre hermanos. Leal a la refrescante guía del Papa Francisco, pero sobre todo, leal a la fe de su alma y al mensaje del evangelio, Monseñor ha desafiado con honestidad a esa peligrosa corriente ultraconservadora que pretende echar abajo con embustes, discordia y fanatismo, todo lo que huela a progreso, cambio y paz para Colombia.

Conscientes de esta coyuntura crítica, resurge la vocación pública de la empresa privada del Valle del Cauca. Asumiendo un compromiso real, el liderazgo empresarial ha entendido que para que sea posible un orden social y económico en paz, es fundamental forjar políticas de desarrollo integral que involucren a toda la región pacífica. El desarrollo económico y humano de Cali pasa por las dinámicas del entorno regional sin las cuales no sería posible concebir un modelo de gestión viable para la ciudad. La paz territorial depende más de esos modelos de planeación e integración regional, que exclusivamente de los textos emanados de la mesa de negociación de la Habana. Ese rol dinámico, propositivo e innovador será clave para trazar las políticas públicas del posacuerdo en articulación con el resto de actores sociales de la región.

Algo bueno está sucediendo en la ciudad para que estos tres factores de poder social confluyan en una misma dirección. Sin embargo, de nada servirán estos esfuerzos si el criterio ciudadano no se suma a estas voluntades. A la lucidez y seriedad de las posturas pública de estos actores, se le resiste una fuerza social que no acepta cambios de perspectiva política y apela al miedo para frenarlos. El riesgo de perder este genuino renacimiento de la región pacífico es real. Para que Cali se convierta en un epicentro de desarrollo y paz sostenible, la ciudadanía tendrá que sintonizarse con el momento histórico, participar e iniciar una conversación pública que le permita tomar una decisión a conciencia sobre el modelo de desarrollo que le conviene a la ciudad, al departamento y a la región, interpretados como un todo. El encuentro Cali Epicentro: Desarrollo y paz es un escenario ideal para iniciar esta conversación. Como decía Álvaro Gómez Hurtado,  “el desarrollo como empresa común, es el prerrequisito del bienestar de la ciudadanía. En ella debemos participar todos para no quedarnos a la expectativa de un simple reparto de pobreza”.

 

 

 

 

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