“Cali es una ciudad que tiene que volver a ser narrada”: Jenny Valencia, escritora

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Jenny Valencia Alzate (Pereira, 1984). Caminante, callejera, cronista, cuentista, docente, es una de las nuevas voces de la narrativa breve vallecaucana. Su prosa colorida y sus escenarios urbanos hacen de sus relatos una interesante hibridación. En su libro ‘El diablo del barrio obrero y otros cuentos de terror’ (Caza de libros, 2016) revive algunos de los mitos más populares de Cali, o del Trópiko kandente, como le gustaría decir a ella.

Leyendo algunos de sus cuentos se puede deslindar su interés por las prácticas ancestrales de las comunidades del pacífico, así como su fascinación por aprehender las experiencias de vida de los marginados de la urbe.

Jenny ha sido laureada con importantes premios a nivel regional y nacional. Además, ha trabajado la columna literaria en revistas. En este entrevista hablamos de su libro.

¿Para qué escribir?

Para rebatir con las palabras la realidad; para proponer mundos posibles ante este mundo imposible.

¿Por qué el cuento?

Porque es el género que más me gusta por algunas razones, una, porque es un género corto, porque va directo al grano, porque es como una explosión, porque es preciso, sobre todo por eso; su velocidad narrativa me gusta muchísimo. Prácticamente coge el corazón de la historia y se lo tira al lector en la cara sin conmiseración. Eso es, eso me gusta.

¿Qué significó este libro?

Significó muchísimas cosas, sobre todo ver florecer un proceso que por varios años venía buscando; me la pasaba escuchando las voces irredentas de la ciudad. Obviamente no las pude fijar todas, pero sí pude fijar algunas. De modo que significó compartir con la gente todas esas historias como te digo irredentas, que yo había escuchado que laten debajo del asfalto y que, de alguna manera, salieron a la luz. Para mí es como un trabajo de mediumnidad, como si yo fuese una bruja y los lectores unos espectadores que me hubiesen escuchado; eso significó.

¿Y a nivel personal?

Obviamente el camino del escritor en términos de poder comunicarse con sus lectores, que es lo que finalmente justifica el trabajo de la escritura.

En ese sentido, significó mucho, porque yo llevo ya varios años, más o menos unos cinco escribiendo crónicas y reportajes, tenía algunos lectores ya cultivados, también por algunos cuentos que de manera independiente había publicado en revistas.

Pero además de eso me trazó muchos puentes para comunicarme con muchos de lectores de otras partes, eso a nivel personal es muy enriquecedor. Yo creo que la mejor recompensa que puede tener un escritor es ir caminado por la calle o de pronto abrir el correo y que alguien que tú no conoces y no te sabes su nombre de pronto te diga: Vea sus letras me llegaron, y yo soy fulano de tal. Eso es algo inexplicable, significa muchísimo.

El libro se presentó en la FILBO, 2016.
El libro se presentó en la FILBO, 2016.

Ahora, en los relatos suyos se siente la cercanía con la realidad, más exactamente con el periodismo, aparte de no mentir ¿en qué se diferencia la Jenny que escribe relatos de ficción con la que escribe relatos de no ficción?

Esa pregunta me la han hecho varias veces. Y yo lo he hecho muy adrede, muy aposta en algunos relatos de decir bueno esto ocurrió realmente y yo lo voy a escribir a la manera de cuento. Es muy lícito hacer muchas cosas con el lenguaje en la ficción, en la crónica literaria también puedes contar algo de un modo literario, pero cuando  partes de un suceso real para hacer ficción pues el lenguaje te permite hacer prácticamente lo que se te da la gana contando ese suceso.

Hablando del lenguaje, sus escenarios son urbanos, pero su prosa es, digamos, colorida. Es una hibridación interesante…

Lo que pasa es que yo creo que cada temática también imprime su estilo particular. Cali es un pueblo grande, que juega a ser urbano, pero no es la súper urbe. Eso por un lado y, por el otro, pues Cali dentro de la urbanidad es una ciudad muy colorida y eso ya pues son relatos que hablan de Cali con todos esos personajes que uno se encuentra aquí.

Por ejemplo, en el relato de El Demonomante tuve toda la intención de que fuera una jerga bien colorida, porque es que  es un punkero el que está narrando, un punkero en primera persona. Entonces tú sales ves que los punkeros de aquí pueden vestir de negro, ponerse botas, llevar cresta, pero de pronto los ves un sábado a las 12 de la noche afuera de un bar de salsa bailando salsa. Aquí hay un collage de influencias, por más que las identidades pretendan ser muy diferentes las unas de las otras, hay cosas que las comunican mucho y creo que fue finalmente la ciudad la que me dio como ese lenguaje pintoresco en los relatos.

Y en relación a las temáticas de los cuentos, ¿por qué relatar los mitos urbanos?

Pues mirá, Cali es una ciudad que, de alguna manera, tiene que volver a ser narrada. Nosotros conocemos toda la influencia de Andrés Caicedo, que ha sido un escritor muy importante para los escritores caleños y de otras partes, y bueno su literatura significó mucho; es una influencia para nosotros. Pero a mí me pareció interesante en algunos de los cuentos volver a narrar a Cali, porque es que los mitos son los que nos conectan con el pasado, pero hay que actualizarlos, es decir,  yo me imagino que una cosa era hablar de Buziraco, hace 400 0 300 años, recién la iglesia, cuando se dijo que eso era el diablo y que había que encerrarlo en el Cerro de las Tres Cruces;  hablar de Buziraco ahora es diferente.

Hablando de Caicedo… ¿no le molesta que cada que se escriba sobre las calles de Cali el primer referente sea él?

Mira que no me molesta, pero a veces me parece un poco limitante, porque igual él no retrató todas las calles de Cali; sí, Andrés Caicedo retrató un poco la Cali del norte o el sur o una parte del centro de esa época, hoy centro el norte y el sur ya no son lo mismo.

Como escritora de las calles de Cali he recorrido otras calles que no recorrió Caicedo, por ejemplo,  yo  conozco el distrito, porque he tenido otros procesos con las comunidades del Pacífico, con los desplazados. Andrés Caicedo no fue al Petronio, si me entiendes; entonces como te digo no me molesta, pero a veces me parece como muy limitante .

Pero eso no habla mucho de la literatura vallecaucana, es decir, que el novelista más vivo sea el más muerto…

Mira que ahí también hay otra paradoja puede ser el autor más vivo en la memoria colectiva. Está muy vivo en la memoria colectiva de la gente, porque su obra fue importante, pero es que también es porque es un espíritu irredento, porque pues por todo lo que significó socialmente y que sabemos que fue la misma sociedad a la que pertenecía la que lo atacó. Entonces yo por ejemplo pienso que es un personaje que se convirtió  en una leyenda literaria de esas que no van a dejar descansar a nadie, así como Buziraco.

Y por otra parte pero también considero que el más vivo es el más muerto, porque los que habemos ahora no estamos como en el foco de los ya instituidos, si me entiendes, tu sabes todo lo que significan las elites literarias y académicas de la ciudad, creo yo.

El libro cuenta con ilustraciones de Richard Bent y Jennifer Rojas.
El libro cuenta con ilustraciones de Richard Bent y Jennifer Rojas.

Ahora, por qué no nos cuentas acerca de tus referentes literarios.

En términos del cuento tengo unos referentes bastante clásicos, sigo muriendo por los cuentos de Julio Cortázar y los leo y los releo, porque pues ese señor me parece que en el terreno del cuento era un narrador bastante infinito. Para el terror Édgar Allan Poe me influyó grandísimamente, también hay un narrador actual, que yo leí un poco temprano, de hecho ya leí toda su obra, es Evelio Rosero, ese señor tanto en el terreno  del cuento como en la novelística me parece que ha hecho un gran trabajo .

Álvaro Cepeda Zamudio es un autor que me ha gustado mucho, infortunadamente se murió muy joven, también me gusta Jorge Luis Borges, obviamente me gusta Gabriel García Márquez, es un hombre que me parece que tiene una narrativa que es como un espiral que te traga.

Un autor colombiano y uno vallecaucano que sean de su gusto

Colombiano, Evelio Rosero. Vallecaucano, un cronista que no hace ficción, más bien utiliza técnicas ficcionales para hacer crónica, se llama Harold Pardey.

¿Cali es para leerse o para beberse?

Creo que cuando la lees no podés evitar bebértela y viceversa, no son dos dos acciones muy separadas, al menos no para los caminantes como nosotros…

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