Cali, la ciudad de “los demás”

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Yenny Viviana Cruz Pérez
Yenny Viviana Cruz Pérez

Por Yenny Viviana Cruz Pérez

Comunicadora Social – Periodista

Docente Facultad de Comunicación Social

Universidad Autónoma de Occidente

@yvcruzp

Los caleños tenemos mil razones para quejarnos: muchos pensamos que hace décadas no tenemos un buen alcalde y los concejales tampoco nos deslumbran; consideramos que no merecemos la congestión ni el desorden de las estaciones del MIO; si hablamos de civismo, es con nostalgia porque ya a nadie le importan “los demás”… en fin. Día a día, vemos cómo nuestra ciudad se encuentra sumida en una situación realmente caótica, con un futuro nada alentador.

La falta de liderazgo de los gobernantes, los trancones en las horas pico, las estaciones del MIO con personas atropellándose para abordar el bus, la carencia de amor por la ciudad, todo muestra que Cali ya no es un buen vividero. Es triste decirlo, pero es una realidad latente.

Empecemos con la falta de liderazgo, y para ello hagamos una lista de exalcaldes nombrados por elección popular, recordados con ingratitud: Mauricio Guzmán (1995-1997), Ricardo Cobo (1998-2000), Jhon Maro Rodríguez (2001-2003), Apolinar Salcedo (2004-2007) y Jorge Iván Ospina (2008-2011). Si bien unos fueron peores que otros, resultamos responsables de ello cuando los elegimos, pues optamos “por el más nombrado en las encuestas”, “por el que nos va a dar trabajo” o, más fácil aún, no participamos en las elecciones.

En cuanto a Rodrigo Guerrero, esperemos hasta el 2015, cuando finaliza su segunda temporada, porque durante su primer mandato (1992-1994) nos dejó la sensación de haber sido nuestro último buen alcalde. Sin embargo, ahora poco se ha visto de ese gran líder, y tal parece que fuera a cumplirse aquel presagio pesimista de los críticos respecto de la continuación de alguna película: “las segundas partes nunca fueron buenas”.

La moraleja es que los habitantes de Cali somos responsables de una parte de esa triste historia pues no nos interesa elegir a nuestros gobernantes. Una muestra de ello es que en la elecciones más recientes a la Alcaldía no votaron ni la mitad de las personas aptas para hacerlo: tan sólo el 42.84 % participó de la jornada. Y para el Concejo hubo una cifra similar: un 42.39 % ¿Por qué molestarnos con algo tan aburrido? Dejémosle eso a “los demás”.

Y sigamos con los insufribles trancones de las horas pico. ¡Qué desespero! ¡Qué calor! ¡Qué estrés! ¿No se supone que para evitar esto está el Pico y Placa? Claro que sí, pero el problema es que nadie quiere sacrificarse ni un poco para mejorar la movilidad, pese a que son casi 60.000 los vehículos que salen de circulación con la norma. No obstante, antes de las 7:00 a.m. es imposible transitar tranquilamente porque hay más de 350.000 carros compitiendo por llegar a su destino sin que los sorprenda el Pico y Placa. Eso quiere decir que los conductores preferimos madrugar más a usar transporte público, y lo peor es que todos andamos afanados y neuróticos por el pánico a ser multados. ¿Dejar el carro en la casa? Eso que lo hagan “los demás”.

Ahora, intentar abordar un bus en una estación del MIO es toda una odisea: empujones, codazos, pisotones, malas caras y hasta insultos se reciben y se dan durante esta proeza. Pero eso sí, nadie da un paso al lado, pese a que este servicio lo compartimos más de 300.000 usuarios. Lo complicado del asunto es que todos pensamos en hacernos adelante para abordar el bus de primeros porque tenemos prisa. Entonces, de malas por “los demás”.

Personalmente, tengo grabada en mi memoria una imagen infantil de la primera vez que vine a esta ciudad: ¡aquí la gente hacía fila para subir a los buses! Me pareció tan bonito ver personas adultas como niños de colegio, organizadas por iniciativa propia, esperando su turno para abordar, con paciencia y cortesía; sin afanes, sin atropellar, sin “colarse”. Eso no lo veo hace más de veinte años.

Estoy segura que ninguno de nosotros está feliz viviendo entre tantas dificultades. Pero, además de quejarnos tanto, ¿nos hemos puesto a pensar qué tan responsables somos de la situación en la que está hoy nuestra ciudad? Cali necesita ciudadanos responsables y comprometidos, que cambiemos nuestra manera de actuar. Cali necesita que la sintamos en el corazón. Cali necesita que empecemos a pensar en “los demás”, porque  aquí olvidamos que todos somos –como dice la canción del argentino Alberto Cortez– “los demás de los demás”.

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