Cali Pachanguero, dos años después de Jairo Varela

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Por: Jaír Villano

@VillanoJair

El día en que Jairo Varela falleció la edición número diez del semanario El Pueblo tituló: “El hombre que hizo de Cali una canción”. Un encabezado que adicionalmente fue acompañado con una foto del maestro, con un texto que señalaba:

“Pasado el medio de día de un caluroso miércoles de Agosto de 2012 el corazón dejó de funcionar. La noticia se regó como pólvora. Se arrugó el corazón. El maestro Varela se había ido. Todos querían despedirlo. La romería en el teatro Jorge Isaacs se hizo interminable. El escenario estaba tan abarrotado como en 1993, cuando Jairo decidió desafiar la solemnidad del Teatro Municipal que solo recibía Opera y conciertos de la llamada música clásica y decidió organizar un concierto en ese espacio. La orquesta se vistió de frac y las mujeres de trajes de fiesta. La platea se convirtió espontáneamente en una pista de baile”.

Hoy, y luego de casi dos años de ausencia de la eximia salsera, El Pueblo vuelva a evocar el autor del Cali Pachanguero, aquella oda de una ciudad que sigue escuchando su música y sintiendo orgullo cada vez que las trompetas emanan el ritmo que es armoniosamente hilvanado con la luz de un nuevo cielo.

Resulta imposible en la urbe de romántica luna, de noches tan bonitas, en suma, en la sucursal del cielo, no recordar que fue en un Festival de Música del Caribe celebrado en 1984 en Cartagena, cuando en la mente de Jairo se gestaron esos versos de tan pegajosa eufonía y que luego lo llevaron a catapultarse como el artífice de la canción de la Feria de Cali de ese año, pero además como el creador de tan imprescindible himno que se canta entre copas y cigarrillos en las fiestas. Y aunque es poco prudente que un autor se vanaglorie, Varela irreverente y sincero dijo en una entrevista en 1992 a La Palabra (de Univalle), que su fama se la debe al Cali Pachanguero: es que “es un pecado no tocar ese tema en una de nuestras presentaciones”.

En esa línea, Umberto Valverde, escritor caleño y creador del libro “Que todo el mundo te cante”, un testimonio que recopila la amistad del escriba y el músico, señala que el Cali Pachanguero “es la canción por la cual se conoce a Cali en todo el mundo. Es la huella de la gran música que por fortuna va seguir existiendo permanentemente. Varela es el compositor más importante de la salsa colombiana, él no se hubiera muerto si hubiera sabido que el pueblo de Cali lo quería tanto; es una persona que no se va a repetir; es una bestia creativa”.

La banda fabulosa a la que se refirió Willie Colón, según recuerda Carlos Victoria, en una columna publicada en El Pueblo, hacedora de un  perenne alborozo gracias a temas como Buenaventura y Caney, Del puente para allá, Mi Valle del Cauca, Cali Ají, Mi pueblo natal, todas homenajes a la tierra que tantos frutos le dio a Jairo Varela y que a cualquier vallecaucano que transita otras latitudes produce una ambivalencia entre alegría y nostalgia. La banda de melodías románticas como Gotas de lluvia, Una aventura, Hagamos lo que diga el corazón, Sin sentimiento, La magia de tus besos, Nuestro Sueño, entre muchas otras. Además, de una composición con un subyacente umbrío para Jairo, como lo fue A prueba de fuego,  creada mientras el maestro purgaba una pena en la cárcel por sus relaciones con el narcotráfico.

La cuestión de pandebono que Mauricio Levi, administrador de Zaperoco uno de los bares más emblemáticos de Cali en lo que a salsa se refiere, estima como goce y disfrute es precisamente la que más demanda el público local e internacional, “a Cali el extranjero viene a ver bailar y a aprender a bailar, el Cali Pachanguero es el ritmo más idóneo”, dice.

Willy García, ex integrante del Grupo de Niche y  de Son de Cali, en ese sentido agrega que “es una canción  con una sonoridad que identifica al caleño, con unos arreglos musicales y un ritmo que imprime alegría y que sabe a esta tierra. Jairo Varela fue un gestor cultural, una persona que con su salsa aportó para la identidad de Cali, de Colombia y siendo la salsa un género ajeno, logró darle a Cali una identidad”.

IMG_1346Esto sigue siendo cuestión de pandebono

Y pese a que el fallecimiento del maestro produjo una serie de escándalos producto de las pugnas por la herencia que dejó, el Grupo Niche se permite dejar al margen esas controversias y se dedica hacer lo que más le hubiere gustado a su creador: música.

Luego de casi dos años de ausencia de Jairo, la orquesta  ha estado de giras en Europa, Estados Unidos, México, Perú, Ecuador, Venezuela y próximamente en Colombia. Además ha tenido éxito con su nuevo álbum “Tocando el cielo”, cuyo contenido los ha llevado a visitar Alemania, Holanda y festivales en como el de Perú, el cual estuvo colmado de espectadores, así como eventos de la talla del festival Club Colombia que se celebrará en New York el próximo 19 de julio.

Tocando el cielo cuenta con muchas composiciones del maestro, dado que antes de su fallecimiento lo había dejado en reposo, como dice Rommel Caycedo, representante en Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú y México, Varela solía anticiparse a los hechos, en 1996, por poner un ejemplo, el salsero optó por no acompañar a la orquesta en las giras internacionales por un supuesto miedo a los aviones, “en realidad lo que quería Jairo era que el grupo se acostumbrara a no girar en torno a él”, acusa Caycedo.

Es por eso que la agrupación sigue teniendo superioridad y prestigio a nivel nacional e internacional. Actualmente es dirigida por el chocoano Richie Valdés, amigo de Alexis Lozano y Varela y otrora director de Guayacán orquesta. Como si fuera poco en 2013 la orquesta decide contratar a Yuri Toro y Arnold Moreno, quienes ya habían estado bajo la mirada musicalmente aguda del creador de Mi Valle del Cauca.

El legado de la bestia creativa, a la cual se refiere Valverde,  es invaluable, todos sus miembros manifiestan sumo respeto por la disciplina, la exigencia y el fervor que le imprimía este a cada una de sus actos musicales.

Cantar canciones creadas por una mente maestra como la de Jairo Varela representa un privilegio y un sueño cumplido, y por otro lado es un reto porque implica respetar un estilo que a través de los años se ha posicionado como uno de los conceptos y formas de hacer salsa más aceptados por el público a nivel mundial”, apunta Yuri Toro desde New York.

Es algo muy emocionante porque al ver y oír cantar a la gente las canciones se te eriza la piel, eso demuestra que Jairo es un maestro, un gran compositor y un gran arreglista”, añade Mauricio Cachana, quien también hace parte de la orquesta.

Cada que canto siento la magia, lo profundo de cada palabra de las letras del maestro y la energía y la alegría de un público entero que vibra con sus canciones”, dice el vocalista Arnold Moreno

Yanila Varela, hija del músico y actual representante de la agrupación en Miami, advierte que su disciplina, originalidad y constancia lo llevó a ser uno de los salseros más respetados en Cali aun cuando son muchos los artistas que se proponen hacerlo, “a pesar de no haber nacido en la ciudad, se identificaba con su cultura, su gente, tanto así que en su mayor éxito, Cali Pachanguero, dejó plasmado lo que siente por esta bella ciudad”, añade.

Así pues, el grupo salsero sigue y seguirá haciendo la música que tanta alegría, tristeza y nostalgia ha provocado, y si bien es cierto que la presencia del progenitor de la orquesta hace falta, su legado, no obstante, es más que suficiente para que las futuras generaciones sigan coreando lo que él denominó una cuestión de pandebono.

Es que, pensándolo bien, la música de Jairo Varela hace pensar en que tenía razón el poeta Fernando Pessoa cuando escribió que “morir es solo no ser visto”. Hay niche pa’ mucha generación, hay Varela pa’ rato.

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