Cali y el cine: un romance eterno

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Conocedores del proceso del cine en Cali  aún no tienen claro si fue la ciudad la que atrajo al séptimo arte o viceversa, lo que sí han logrado definir es la afinidad entre la Sultana del Valle y esta forma de entretenimiento, en todos sus aspectos: producción, proyección y visitas. Algunos incluso aseguran que Caliwood sigue vivo, solo que transformado.

 El cierre de reconocidas salas de cine en los años noventa hizo por un momento pensar a los caleños que el gusto por el séptimo arte en la ciudad estaba muriendo como una de las primeras formas de entretenimiento, eso sin contar con el cierre, mucho antes, de teatros como el Aristi. Para ese entonces, salas de cine que habían tenido sus puertas abiertas durante muchos años, como el teatro Calima, el Bolívar, el México, los Cinemas, entre otros, dejaban de existir y se convertían en locales abandonados u ocupados para otros fines. Sin embargo no fue así, ese gusto no murió y las salas se trasladaron a centros comerciales en su gran mayoría: ya no era una sola sala en un solo lugar, sino que se instauraron las salas múltiples. Hoy en día son cerca de 50 las salas de cine distribuidas por toda la ciudad, cómodas, y con una amplia variedad en sus precios (según los tipos de sala, los días de promociones…) y con carteleras para todos los gustos, lo que garantiza una asistencia totalmente exitosa que a su vez demuestra que el cine para los caleños podría ser la principal forma de entretenimiento. La capital vallecaucana es conocida por ser la capital de la salsa, la actividad nocturna es predominante, solo que a la hora de pensar en diversión familiar, Cali prefiere ir a cine.

El cineclub de Cali fue fundado por Andrés en los años setenta
El cineclub de Cali fue fundado por Andrés en los años setenta

El gusto de Cali por el cine es histórico

Hacia los años setenta, Cali era el semillero por excelencia de actores, directores y productores de cine de gran reconocimiento a nivel nacional, formados en la Universidad del Valle o quizás en otras del país pero que llegaron a Cali a explorar una nueva forma, considerada especial, para hacer cine. Carlos Mayolo, Andrés Caicedo y, en sus inicios, Luis Ospina, entre otros, harían parte del movimiento Caliwood, que revolucionó el cine en Colombia con producciones que marcaron una parte importante de la historia del séptimo arte a nivel nacional: un cine irreverente que para los caleños marcó a las generaciones de la época, que a su turno vez dejaron la misma herencia en las actuales.

Los caleños de aquel entonces recuerdan que Andrés Caicedo fundó Ciudad Solar y el Cineclub de Cali a comienzos de los años setenta; y que Mayolo comenzó cuando con cámara prestada dio sus primeros pasos en la realización de cine local. Una de las principales anécdotas que se recuerdan en la historia del reconocido director es la sufrida filmación de los Juegos Panamericanos de 1971, cuya sede fue la capital del Valle del Cauca. Sin una agenda estricta sobre qué filmar, Mayolo y Ospina empezaron por donde cualquiera hubiese empezado: por los estadios, el público y los deportistas. Cuenta Mayolo en su libro La historia de mi cine y mi televisión que la seguridad de los juegos les prohibió filmar porque no estaban debidamente carnetizados, lo que hizo que tuvieran que ver los juegos como la mayoría de habitantes de la ciudad: por televisión y desde afuera.

Arbeláez, Ospina y Caicedo en el Teatro San Fernando
                                                            Arbeláez, Ospina y Caicedo en el Teatro San Fernando

El inconveniente se convirtió en una oportunidad para hacer un cine propio de los caleños, el que mostrara la Cali que no mostraron los organizadores de los juegos, la Cali excluida. Se hizo el documental Oiga, vea, proyectado en 1971. En la cinta, Ospina y Mayolo les preguntan a los caleños de a pie sobre la enorme inversión que se hizo para el evento. Las respuestas y las reacciones de la gente permiten dilucidar el propósito del filme, que no fue otro que mostrar la marginalidad tanto desde el punto de vista de los cineastas, como del de la Cali excluida del evento más importante realizado hasta ese entonces.

Pero, en esa época, la fiebre del cine no solo les daba a quienes querían dedicarse a la producción, sino a los espectadores; sobre todo a ellos. Así, de una forma muy particular, el cine ha marcado la vida de los caleños desde hace mucho tiempo: las historias de amigos, de amores, de desamores están estrechamente relacionadas con una sala, una película, un actor.

EL PUEBLO habló con Luis Ospina, actor, realizador y director caleño, acerca del enorme gusto de Cali por esta manifestación artística. Ospina no logra descifrar a qué se debe exactamente tanta empatía de una ciudad como Cali, conocida como ciudad “rumbera”, con un género artístico como el cine; sin embargo, cree que es toda la influencia multicultural de años atrás lo que ha dejado un legado importante en la cultura caleña y le permite tener un gusto por el cine, y buen gusto.

Ospina resalta que Cali ha sido la primera ciudad en varios de los pasos importantes que ha dado el cine nacional no solo en contenidos, sino también en tecnología, lo que se traduce en una impresionante destreza de los caleños para todo lo audiovisual. La inquietud para hacer nuevas cosas, para transformar lo cotidiano en algo fantástico, hace que igualmente a la hora de ser espectador, el caleño sienta mucho gusto por el cine, sea deferente ante las propuestas, lo observe, y luego lo critique, lo acepte o lo rechace.

Precisamente, a la receptividad del caleño –tanto para hacer cine como para verlo– es quele  atribuyen las generaciones de buenos productores de los últimos años, sobre todo a partir del 2007, cuando se habló de una segunda generación del Caliwood. Solo para el siguiente año (2008) se estrenaron cinco  largometrajes y nombres como los de Carlos Moreno, Diego Ramírez, Carlos Palau, Óscar Ruiz y otros sonaron por sus producciones de características –calificadas de exquisitas– como el guion y la fotografía.

Otro aspecto muy favorable de la producción caleña ha sido el espacio que han usado en sus metrajes, al que han podido darle diferentes matices de múltiples temáticas por medio de la creatividad.

Es verdad que el cine de Cali no ha dejado a un lado el tema del narcotráfico, lo que siempre hace pensar que fuera lo único que hay para contar en una ciudad como Cali; sin embargo, se las ingenian para argumentar de formas diferentes.

Cali y sus primicias en el cine

Los pasos importantes del proceso del cine en Colombia, de los que Cali ha sido testigo directo por ser la ciudad donde por primera vez se han dado esta clase de manifestaciones:

El primer largometraje, en el año 1921, se realizó en Cali y en municipios cercanos: María, basada en el libro del escritor Jorge Isaacs. La primera película sonora se llamó Flores del Valle y se realizó en 1941, duraba 69 minutos. El primer largo a color fue La  bran obsesión, rodado en Cali y en poblaciones de Valle del Cauca en 1954 y fue estrenado, en la misma ciudad, al año siguiente. Lo dirigió Guillermo Ribón Alba y la producción corrió por cuenta de Tito Mario Sandoval Llanos, quienes se asociaron en la Dawn Bowyer Films de Colombia, que en español se podría traducir como “Arquero del Alba Filmes de Colombia”, nombre  extraño para una empresa que terminó produciendo un único filme; eso sí, a color.

En  2013  Cali fue la primera ciudad a nivel nacional que contó con una sala de cine con tecnología 4DX. La empresa Cinépolis invirtió dos millones de dólares para  traer en agosto la última tecnología en la producción Mi villano favorito, y fue vista casi “en vivo” por los espectadores. Si en Cali los amantes del cine pensaron que ya había bastante comodidad, era porque no contaban con los 190 olores, más los aspersores de agua y las sillas con movimientos de vibración, que hacen que la experiencia sea lo más parecido a la realidad. El precio de una boleta en esta exclusiva sala de cine puede costar entre $21.000 y $27.000.

Así, pues, hay que destacar que la relación que ha tenido Cali con el cine ha sido estrecha, las nuevas generaciones están demostrando que la ciudad sigue siendo un escenario importante, y algo más importante: que de Cali hay mucho por contar.

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