Campaña presidencial en la recta final. ¿la paz o la guerra?

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El analista político, Alejo Vargas. (Colprensa-archivo)Por Alejo Vargas Velásquez

Profesor Titular Universidad Nacional

Se acerca la fecha de la elección presidencial y la contienda electoral se vuelve enredada por las acusaciones que van y vienen desde las distintas campañas. La campaña pero cada vez se tiende a polarizar más entre el candidato-presidente y el candidato del uribismo, dejando a los demás candidatos sin opciones reales de juego. El escenario  nos da la razón a quienes no creímos nunca en la posibilidad de supuestas ‘tercerías’. Hay un solo tema que polariza la campaña y es el de la terminación del conflicto interno armado, los demás son temas en los cuales las diferencias son de matices. La paz y la guerra sí que plantean una gran controversia acerca del futuro del país.

Y no es que se esté dividiendo al país, es que hay una clara polarización entre un sector, aparentemente minoritario, que pretende seguir ‘vendiendo’ la tesis que es por la vía de la capitulación militar que se va a resolver el conflicto armado y otro amplio sector de la sociedad que considera que es a través de mecanismos concertados que se va a lograr este propósito.

Si bien progresivamente las candidaturas de Enrique Peñalosa, Marta Lucía Ramírez y Clara López apoyan las conversaciones de La Habana entre el Gobierno Santos y las FARC, lo real es que ha sido el candidato-presidente el que ha hecho todo el esfuerzo político para llevar las conversaciones al nivel en que se encuentran y por lo tanto la campaña de Juan Manuel Santos se vuelve para los uribistas en el centro de sus ataques; en últimas no les molestaría que triunfara cualquier candidato, siempre que no fuera el candidato-presidente.

El único candidato que ha dicho claramente que de ganar la elección suspendería inmediatamente las conversaciones de La Habana, es el del uribismo.

Pero, ¿a qué se debe lo anterior? Al hecho de que fue el Gobierno del Presidente Santos el que rompió con la tendencia que trató de construir meticulosamente el uribismo durante los ocho años de gobierno, en el sentido que aquí no había un conflicto interno armado sino una ‘amenaza terrorista’. Desconocía la realidad política e innumerables pronunciamientos de distintos gobiernos desde hace tres décadas en el sentido que lo había en Colombia era un conflicto armado interno.

En ese sentido hay que reafirmar que fue el Gobierno Santos el que corrigió el rumbo que nos llevaba hacia una sociedad del miedo y de la guerra, en la cual todo aquel que disentía de las posiciones del gobierno del momento era calificado como ‘amigo de los terroristas’. Y eso es imperdonable.

Claro que no nos gustan algunas políticas del Gobierno Santos, por supuesto que rechazamos y nos molestan ciertas prácticas de la política y de los partidos, pero eso es algo que hay que dejar de lado por ahora, frente al problema central del momento que es el apoyo pleno a los diálogos tendientes a la terminación concertada del conflicto armado interno y en esto no nos podemos equivocar.

En el escenario de construcción de paz, en el post-acuerdo, debemos todos los colombianos adelantar los grandes debates que apunten a corregir las políticas públicas y a lograr a mediano plazo unas organizaciones políticas representativas y con prácticas decentes.

En este debate presidencial el problema no son las capacidades de los candidatos, todos son lo suficientemente competentes para ser Presidentes. El tema central es quién puede conducir adecuadamente las conversaciones de La Habana con las FARC para llevarlas a su feliz término y empezarlas igualmente a corto plazo con el ELN. Y esto no hay duda que lo puede hacer con la mayor solvencia quien las inició y las ha conducido hasta el punto en que se encuentran, en que ya prácticamente hay acuerdos sobre los tres temas sustanciales que se han debatido y podemos decir que se han colocado en una situación irreversible.

Ojalá la mayoría de los colombianos, no se dejen confundir con la ‘guerra sucia’ y pensando en los altos intereses nacionales, le demos en las elecciones presidenciales un mandato amplio y contundente a los esfuerzos de cerrar este conflicto armado que nos tiene ampliamente fatigados.

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