Carlos Carbonero, la templanza de un triunfador

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Carlos Mario Carbonero es el joven volante que confirma el relevo generacional que vive la Selección Colombia. Llegó al Mundial sin esperarlo, ante la lesión de Aldo Leao Ramírez, pero ha sabido esperar las oportunidades que el fútbol ha traído a sus pies. Un bogotano con talento del Cauca.

Carlos Carbonero es considerado uno de los cuatro hijos del Cauca que participan en este Mundial de Brasil 2014 /Foto: FIFA
Carlos Carbonero es considerado uno de los cuatro hijos del Cauca que participan en este Mundial de Brasil 2014 /Foto: FIFA

Cuando Carlos Carbonero fue adquirido por un grupo de inversionistas argentinos, y llevado a Estudiantes de La Plata para debutar en el fútbol de ese país, llegó la primera gran prueba a su temple. Antes, Carlos había sido una destacada promesa del fútbol colombiano, debutando con  Atlético Huila en 2010 y luego jugando la Copa Libertadores en 2011 con Once Caldas. Nada podía ser más prometedor para un joven con 20 años, que acababa de formarse en Academia – Compensar para pasar a jugar campeonatos internacionales.

Pero su llegada a Argentina fue la primera vez en la que Carlos pudo dimensionar por qué su talento debía esperar por las oportunidades. En Estudiantes, el jugador no llegó a disfrutar de minutos y tuvo que buscar salida, para recalar en el Arsenal del profesor Gustavo Alfaro, quien le asignó un puesto como titular y de paso la responsabilidad de guiar al equipo de Sarandí hacia una senda de triunfo que terminó con el campeonato argentino en el 2012, luego en la Supercopa Argentina ese mismo año y finalmente la Copa Argentina un año después, en el máximo esplendor de su fútbol como volante. Se convirtió en un polifuncional del medio atacante, que podía jugar con labores de creación, de recuperación o incluso como extremo.

Cuando se vistió con la banda cruzada, Carbonero ya era un hombre de autoridad, y ahí se volvió a encontrar con Éder Álvarez Balanta, con quien coincidió en su formación con Academia en Bogotá, ahora en el River de Ramón Díaz que se tambaleaba ante la falta de buen fútbol. Para que llegaran los resultados hubo de esperar hasta este año, cuando el River más colombiano de la última década, con Teófilo Gutiérrez, Éder Álvarez y él, volvió a ser River. El River de los millonarios.

Pero la calma y el temple con el que suele jugar Carlos Mario también se ve reflejado en sus palabras. A pesar de haber sido convocado a la Selección Colombia en el 2011 por Hernán Darío Gómez, Carlos nunca perdió la esperanza de volver a lucir la tricolor,  y necesitó ser campeón de todo lo que jugó con Arsenal y River para darle razones suficientes al seleccionador José Pékerman de que sería un buen revulsivo.

Su lenguaje eran los títulos en el diccionario del balón, con el que habla jugando. Pero su nombre no apareció en la lista de los 30 jugadores preseleccionados al Mundial ni en la definitiva de los 23. Era una puerta a un sueño que parecía aplazarse, al menos, por cuatro años, y de nuevo la paciencia fue la clave. En una entrevista, Carlos dio muestras de su personalidad al afirmar que debía ser justo y saber que no había hecho parte del proceso del técnico Pékerman, y que era apenas entendible que no lo hubieran llamado.

La lesión de Aldo Leao Ramírez en Argentina, la última de una lista de cinco ausencias importantes para Colombia a menos de una semana de viajar a Brasil, le dio entonces el premio a su constancia: “Estaba en mi casa y recibí dos mensajes. Se me hizo raro. Cuando llamaron para darme la noticia de la Federación no lo podía creer. Le dí gracias a Dios y pensé que debía retribuirle el apoyo a la Selección”.

En un mundial, las situaciones cambian a un plantel de un día para otro, y por eso, preguntado sobre si se imaginaba así el Mundial con Colombia, siendo parte del equipo, atinó a decir con una emoción inconfundible de quien ha encontrado la gloria: “Estaba preparado para ver a la Selección desde casa, estaba en vacaciones, y hoy estoy aquí. Es un sueño cumplido para mí. Voy a trabajar para aportar al equipo y ponerme a tope con el nivel de juego del grupo”.

El técnico José Pékerman le dio la confianza a último momento para ir al Mundial /Foto: FIFA
El técnico José Pékerman le dio la confianza a último momento para ir al Mundial /Foto: FIFA

El sueño de papá

Carlos cumplió el sueño que tuvo Jair, su papá, un caucano destacado con el balón que se fue a Bogotá para probarse con Santa Fe, aunque sin mucha fortuna. Jair se quedó en la mitad de camino de quien busca ser un jugador profesional, en parte por las difíciles condiciones del fútbol bogotano para financiar el anhelo. Había ya probado en distintas categorías inferiores del América, pero su sueño no llegó a ser realidad.

Del Puerto más alegre del Cauca, ‘Caliche’, como se le conoce a Carlos Mario cuando está con su familia, sacó lo buen bailarín de salsa y su prudencia. Hace un tiempo, algún entrenador argentino dijo que quien sabe bailar de forma amena, también sabe destacar con la pelota a sus pies.

El hoy jugador de River Plate y mundialista con la Selección Colombia es un bogotano que heredó el talento que su padre no puedo mostrar a plenitud en el fútbol, con esos genes caucanos que han dado tantos y tan buenos jugadores al país. Tiene en el Pibe Valderrama su más ferviente ejemplo del fútbol vistoso que ya poco se practica, y contrario a la historia de muchos de los jóvenes jugadores nacionales, Carlos sí se formó siempre en el mediocampo. Su padre, en cambio, ha jugado siempre como aficionado de defensa central.

Carlos es un hombre que supo esperar su fortuna. Una que apenas comienza con el Mundial, en medio de esa vocación que encontró a los cinco años, cuando pateó su primer balón. Desde entonces, Carlos Mario Carbonero Mancilla es el volante que asegura títulos a donde quiera que va, y que ahora sueña con darle uno a su país.

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