Chávez dejó garantizada su resurrección

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Claudia PalaciosPor Claudia Palacios
Caracas, Venezuela

“El libertador del siglo XXI”, “los restos ‘inmortales’ del presidente”, así están llamado a Hugo Chávez después de su muerte, y quienes lo hacen –cual aplicando el legado de quien fue su mandatario por 14 años– desean que ambas cosas queden en la Constitución, la herramienta que blanden opositores y oficialistas para defender sus posturas contrarias y que a la luz de los hechos parece haber sido escrita para que tenga el efecto de una comfortpillow, se amolda a la necesidad del usuario, en este caso, del usuario mayoritario: el oficialismo.

Varias veces me ha pasado que en un momento coyuntural entrevisto a un representante del oficialismo y me queda claro que tiene razón pese a los cuestionamientos que le pueda hacer a partir de críticas públicas o de lasque considere lógicas. Pero acto seguido, al entrevistar a un opositor quedo exactamente con la misma convicción. Al final, como pasó en enero cuando no hubo posesión presidencial en la fecha que la Constitución mandaba, los que definen son los poderes habilitados para hacerlo. En este caso, el Tribunal Supremo de Justicia determinó que la posesión era un acto obligatorio solo para un presidente electo y no para uno en ejercicio, como consideraron que lo era Chávez.

Hago memoria sobre este hecho reciente para destacar uno de los legados más claros de Chávez: todo lo que se haga tenga un respaldo legal. Atrás quedaron las épocas dictatoriales en las que los gobernantes se pasaban las leyes por la faja, empezando por las que establecían la forma de llegar al poder –y que por eso eran gobernantes de facto–. Ahora quienes ponen en duda que la mayoría de los líderes que tenemos en el continente han sido elegidos legítimamente en las urnas quieren tapar el sol con un dedo; tanto, que aun aceptando que hubiera un grado menor de fraude, las diferencias suelen ser tan amplias con el segundo en disputa, que dicho fraude resultaría innecesario.

Esos caudales de votación no solo son alimentados por los vicios de la política tradicional que compra, vende, presiona e influencia votantes, sino por casas, escuelas, hospitales y carreteras que debieron ser construidas con los recursos que manejaron los gobernantes de otras décadas, pero que solo aparecieron cuando llegaron estos ‘cumple promesas’ de campaña con sentido social.  Con sobrada razón son vistos como mesías o magos, capaces de hacer en un par de años lo que nunca cumplieron lo que otros prometieron.Un factor que facilita investir de legalidad –escribir y sellar en un papel– cualquier acto o iniciativa del gobernante por irregular que parezca.

La oposición discapacitada es el otro legado que deja el presidente Chávez –aunque quizá menos calibrado por él–. Les dio un puño tan fuerte cuando llegó al poder, que han pasado 14 años y siguen noqueados. Imagínense un boxeador que trata infructuosamente de pararse de la lona, y cuando por fin lo logra no sabe hacia dónde mirar para apuntar a su contrincante, alza el puño y no alcanza a subirlo ni por encima del hombro, pega y no choca sino con el aire. Es un espectáculo que despierta lástima. Esa no es solo la oposición venezolana, es la de todos los gobiernos de izquierda de Latinoamérica. Las oposiciones las noqueó Chávez antes de que vieran la necesidad de existir como unidad. Su discurso, conectado con las mayorías necesitadas, fue el primer golpe; su asamblea constituyente –replicada en varios de los países en los que ha servido de inspirador y mentor– fue el segundo; y su habilidad para permear los demás poderes del Estado, el golpe que los dejó sin aire.

No hay muerto malo, y Chávez no es la excepción. Pero no por desacreditada que esté esta tendencia hay que dejar de reconocer que el legado de este hombre no es una doctrina que han de defender solo sus áulicos, es también un derecho que millones de latinoamericanos que recibieron sus beneficios van a proteger con uñas y dientes, sin tener en cuenta incluso que en algunos libros de historia se califique a este hombre, cuyos restos podremos ver eternamente, como un gobernante con un modus operandi poco ortodoxo.

O sea, obviamente habrá chavismo sin Chávez, y los que creen que esto es indeseable están crudos. Eso, si es que ya se dieron cuenta de que deben organizarse para evitarlo.

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