¿Ciudadanos de tercera?

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Camila-zuluagaPor Camila Zuluaga
Twitter: @ZuluagaCamila

Lo sucedido a Natalia Ponce de León, una diseñadora de 33 años, que fue atacada con ácido es de los actos más repudiables que puede presenciar una sociedad y nos debe llevar a cuestionarnos qué tan enfermos estamos como comunidad para ser el país con mayor número de mujeres victimas de este tipo de ataque. Pero así mismo este lamentable hecho debe llevar a preguntarnos por qué razón no todos los casos nos generan la misma indignación ¿Qué hace que una agresión a una mujer sea más importante que la agresión a otra?

Desde que se conoció la noticia de este caso empezamos a ver la reacción e indignación de muchos ciudadanos que con  razón no se hizo esperar,  el repudio a esta agresión fue total.  Sin embargo vale la pena interrogar,  por qué esta misma reacción y actuación de rechazo no se dio cuando las victimas de ese tipo de ataque fueron otras mujeres, de las cuales hoy ni conocemos los nombres ni tampoco su historia. Esas victimas no contaron con el apoyo de un gobierno, que ofreciera setenta y cinco millones de pesos de recompensa para quién diera información sobre el paradero de su atacante, ni tampoco el exhaustivo cubrimiento de los medios. Hasta hoy, muchas de ellas  siguen esperando una respuesta de la justicia y un apoyo por parte de las autoridades.
No intento plantear una lucha de clases, ese no es el objetivo y mucho menos en medio de una situación tan dolorosa de la que ninguna mujer merece ser victima, no importa la extracción social a la que pertenezca. Simplemente es un llamado de atención para intentar evidenciar que hasta en los hechos más atroces existe discriminación y segregación.

Hago la tarea de incluirme,  no quiero evadir responsabilidad, también  he sido de aquellas indiferentes que no indagaron de manera tan exhaustiva en otros episodios igual de dolorosos y monstruosos. Por eso creo pertinente poner sobre la mesa el eterno debate colombiano que plantea y se cuestiona por qué pareciera que existieran ciudadanos de primera y otros de tercera.

Para no quedarme exclusivamente en el caso de Natalia, paso a recordar que este no es el único que hemos tratado con particular atención. Recordemos los asesinatos a estudiantes, son muchos los que ha vivido el país y poco o nada recordamos o sabemos los nombres de muchos de ellos. Sin embargo, si tenemos claro el terrible asesinato ocurrido en el 2011 de Mateo Matamala y su novia Margarita Gómez. Ambos eran  estudiantes de la universidad de los Andes. En ese caso al igual que en el de Natalia Ponce de León las autoridades actuaron de manera ágil y expedita,  contrastado con el accionar poco diligente que tuvieron en otros hechos que aún siguen sin respuesta y permanecen en la impunidad.

Igualmente sucedió con otro crimen, el del agente norteamericano  de la DEA James Therry Watson, a quién una banda de taxistas dedicada al paseo millonario, asesinó después de recogerlo en el parque de la 93 en Bogotá. Conocido el caso, las autoridades no hicieron esperar sus anuncios de  recompensas a quién diera información. Hoy el resultado es que la Corte Suprema de Justicia dio el aval para la extradición a Estados Unidos de los autores del delito.  ¿Por qué en esa ocasión las autoridades si funcionaron y en tantas otras similares no?

Y así podríamos enumerar casos y casos que llaman la atención, que tienen un gran cubrimiento de los medios y una inmediata reacción por parte del Estado. Todos estos episodios tienen en común que acontecen en Bogotá y que sus victimas pertenecen a una clase privilegiada.  El llamado no es a polarizar, es simplemente  para que nos despertemos de ese letargo e indiferencia que nos produce la violencia, que este no se interrumpa simplemente cuando las cosas le sucedan a unos cuantos. La invitación es a que la indignación sea constante frente a todos los hechos de violencia que se viven en el país sin importar quien sea la victima y que tan recóndito el lugar donde acontece. No podemos seguir actuando como si existieran ciudadanos de categorías distintas, pues eso es lo que entre otras cosas nos ha llevado al conflicto.

Una cosa más: ¿De verdad el gobierno piensa seguir haciéndonos creer que el trabajo de la ministra de educación ha sido el más idóneo y por eso la ha dejado permanecer en su cargo?

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