Ciudades sostenibles y exclusión social en Cali

0

Por Luis Eduardo Lobato Paz
Centro Interdisciplinario de Estudios de la Región Pacífico Colombiana, CIER
Universidad Autónoma de Occidente

Cada vez más prolifera en la literatura de las ciencias sociales, una serie de conceptos con los cuales se busca explicar o fijar lineamientos de política, para medir el desarrollo o la calidad de vida de los habitantes de un país. En las cuatro últimas décadas, hemos pasado de hablar de Desarrollo Económico Sostenible, Huella ecológica, Índice de Calidad de Vida, Índice de Desarrollo Humano y recientemente se habla de Ciudades Sostenibles y Competitivas.

Estos conceptos e índices son promovidos desde macro instituciones como Las Naciones Unidas (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, PNUD), Banco Mundial y Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Casi todos estos conceptos tienen algo en común y es que tras un aparente interés de ir más allá de una dimensión económica y de considerar algunos aspectos sociales y ambientales, el propósito ulterior es asegurar las condiciones para la reproducción del capital económico.

Un análisis de los componentes de la iniciativa del BID sobre Ciudades Sostenibles y Competitivas, surgida de la Iniciativa de Ciudades Emergentes y Sostenibles (ICES), nos permite corroborar la aserción anterior. Un primer componente es la sostenibilidad ambiental y cambio climático (el propósito es que cada ciudad reduzca los impactos sobre el medio natural), a este se le agrega el desarrollo urbano sostenible (asociado con el transporte y la movilidad), la sostenibilidad económica y social (vinculada con la competitividad local y la seguridad) y la dimensión fiscal (cuya meta debe ser tener un manejo adecuado de sus ingresos y gasto público).

En su conjunto, la búsqueda o el cumplimiento de esos componentes, promete a los ciudadanos de una localidad, gozar de una mejor calidad de vida, mantener el atractivo para atraer la inversión nacional y extranjera y propicia la reproducción del capital. En la teoría económica clásica, el crecimiento económico asegura el aumento del empleo y por tanto, el mejoramiento de  las condiciones de vida de sus habitantes.

Ciudades como Barranquilla, Bucaramanga, Manizales y Pereira, fueron las primeras que se inscribieron en este programa y la meta era la identificación de las problemáticas que afectaban la competitividad de las mismas. El BID  les prestaba su colaboración para la preparación de los proyectos y su respectiva financiación. Cali logró, a finales de 2012, ser incluida en este grupo. ¿Puede significar este hecho un avance para la solución de las problemáticas que afectan a la ciudad y sus habitantes? En el espíritu que anima la puesta en marcha de este programa, sería generar más condiciones para la atracción de capital, pero que no necesariamente su acción benéfica llega al conjunto de la población.

Programas como el descrito anteriormente, refuerzan una tendencia evidenciada en las dos últimas décadas: a la ciudad llegan bancos, inversión extranjera en hoteles y centros comerciales, empresas comercializadoras nacionales y extranjeras, call centers; pero cada vez se acentúa el  proceso de desindustrialización. El resultado es el siguiente: los empleos que genera el sector de servicios, que se fortalece cada vez, son menores que los que se pierden con el cierre de varias empresas manufactureras. Con el agravante de que en el sector de servicios se necesita personal cada vez más calificado, lo cual deja de lado a vastos sectores sociales que no pueden o no han accedido a la educación superior.

La consolidación del sector servicios con las características descritas, hace que en la ciudad de Cali, y extensivo al resto del país, cada vez se consolide un sector informal bastante significativo, que sobrevive del comercio al por menor, de la venta de productos alimenticios en los sardineles de las vías o los andenes, de la recarga o venta de minutos, prestación de servicios por días u horas y del moto taxismo en las ciudades intermedias y en los pueblos.

Hablar de ciudades sostenibles y competitivas, sin establecer compromisos para buscar solución a problemáticas que afectan a vastos sectores económicos (desempleo, informalidad creciente, acceso a educación de baja calidad, contar con pocas oportunidades de recreación y en estado de desprotección ante los grupos violentos), es seguir manteniendo la exclusión social. Es reforzar las situaciones dualistas que caracterizan a la mayoría de las ciudades latinoamericanas. Por un lado, la ciudad atractiva, que ofrece todas las posibilidades al capital nacional o extranjero, para obtener ganancias, que cuenta con la infraestructura necesaria para establecer negocios de cualquier tipo; y la otra ciudad, en la que sus ciudadanos sobreviven al día a día, con servicios de deficiente calidad  y están expuestos a hacer parte de los grupos de excluidos, los outsiders, que en cualquier momento pueden caer en prácticas ilegales que preocupan a quienes buscan una ciudad segura para el capital.

Comments are closed.