Colombia anhela un Estado sano, sencillo y frugal

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Floro Hermes Gómez PinedaPor Floro Hermes Gómez

Twitter: @Florohermes

La opinión pública está hoy curiosa por saber cuáles serán las reformas que traerán los diálogos de La Habana. Del asunto se habla a todo nivel de “chisme”, sin someter a estudio asuntos vitales para el funcionamiento del Estado y sus responsabilidades frente a los colombianos y al mundo.

¿Será que lo que se traen entre manos el Gobierno (que no los colombianos) y las Farc-EP va más allá de ser reformas y pretenden elaborar un vestido? ¿O será que lo que se traen entre manos son meras reformas y pretenden cambiar de maquillaje? ¿O que lo que se traen entre manos es cambiar para que todo siga igual y pretenden elaborar un manto?

Sin embargo, la realidad nos habla de un país con unas estructuras administrativas enfermas, enredadas y tragonas: cada día deben incrementar la carga tributaria para garantizar, entre otras obligaciones, la enorme distancia entre los salarios de los altos cargos del Estado y el ciudadano común: los altos cargos del Estado (Presidente de la República, Procurador General, Fiscal General de la Nación, Contralora General de la República, congresistas, magistrados de las Altas Cortes, Registrador Nacional del Estado Civil y Defensor del Pueblo) ganan 39.45 veces más que millones de electores que solo devengan un salario mínimo mensual legal vigente.

Esta situación confirma que Colombia es un país con una distribución estrecha del poder en manos de una élite que diseña instituciones económicas para enriquecerse y afirmar su poder a expensas de la gran masa de electores, como lo expliqué en mi columna de mayo 11 de 2013 en EL PUEBLO, “al desnudo las instituciones políticas y económicas extractivas el caso de las pensiones millonarias”, en la cual me referí a 1.058 pensionados privilegiados quienes recibían una mesada pensional 35.2 veces más alta que la de miles electores pensionados que solo reciben un salario mínimo mensual legal vigente.

En conclusión: esta situación requiere la revisión de los regímenes salarial y pensional con miras a una simplificación de la estructura salarial y pensional estatal, que haga realidad el anhelo liberal de un Estado sano, sencillo y frugal, una situación que, por lógica, genera animadversión por parte de la burocracia, lo cual es un enorme desafío dentro del propósito de recomposición de la estructura administrativa del Estado colombiano, que debería ser parte de los diálogos de La Habana.

Pero si no está dentro de la misteriosa agenda de La Habana, los electores colombianos debemos tomar consciencia de esta insana y enredada situación, para en las elecciones de 2014 al Congreso de la República cuidar de elegir ciudadanos no beneficiarios de esta inequitativa y perversa estructura salarial y pensional, que nos garanticen y aseguren una reducción de los altos costos del poder en Colombia, antes que la irritante indignación nos encolerice y provoque un levantamiento a la manera de la “Primavera Árabe”, cuyas causas objetivas son extremamente parecidas a nuestra situación: alto desempleo calificado, exasperante corrupción generalizada, salarios inequitativos, economía extractiva y gobiernos sin apoyo popular.

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