Colombia decide entre dos caminos

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SantosLa coyuntura electoral  ha alineado a los colombianos en dos grandes coaliciones: una amplia y heterogénea de centro izquierda y una homogéneamente de derecha. La elección de éste domingo es crucial para nuestro inmediato futuro

La segunda vuelta para la elección presidencial en Colombia será histórica porque significa el paso a nueva etapa de la política colombiana. En este certamen electoral se cerró una etapa de relativo consenso sobre la orientación de las políticas públicas y el sistema político que se abrió con el acuerdo de liberales y conservadores que dio paso al Frente Nacional. De entonces a esta parte no ha habido una gran confrontación ideológica y los sectores de izquierda que plantean un cambio en el modelo económico han sido muy minoritarios  en el espectro electoral.

La derecha colombiana había sido representada por el Partido Conservador que mantenía una posición moderada, semejante a la de la democracia cristiana. En estas elecciones surgió un movimiento de extrema derecha, liderado por el ex presidente Álvaro Uribe, el Centro Democrático, que logró el 20% del Senado, su candidato ganó la primera vuelta presidencial y varias de las encuestas difundidas por los medios de comunicación lo ponen como favorito para ganar la Presidencia.

Oscar Ivan ZuluagaEste grupo político ha representado la “mano dura” para enfrentar a la guerrilla de las FARC y en los ocho años que duró su gobierno promovió la idea de la derrota militar que si bien le asestó fuertes golpes a esa guerrilla y la redujo a casi la tercera parte, también es cierto que esa acción tuvo un enorme costo en materia de derechos humanos y estuvo acompañada de la reforma constitucional que autorizó la reelección inmediata, mientras se enfrentaba a la Corte Suprema de justicia y fustigaba a la oposición.

El Centro Democrático está asociado a sectores económicos tradicionalmente muy conservadores como los propietarios de grandes extensiones de tierra dedicadas a la ganadería y se apoya en grupos que recibieron generosos beneficios tributarios como la minería y algunos sectores agroindustriales. Uribe ha conseguido importantes apoyos en clases medias urbanas por el repudio que la sociedad colombiana siente hacia las FARC, por lo que como estrategia electoral se convirtió en el principal contradictor del proceso de paz que el gobierno del Presidente Juan Manuel Santos adelanta con esa guerrilla en La Habana.

En esta nueva organización política confluyen sectores radicalmente conservadores como los que representan el procurador Alejandro Ordoñez y el ex ministro Fernando Londoño Hoyos opositores al reconocimiento de derechos a parejas de homosexuales o a mujeres a abortar en determinadas circunstancias y críticos de instrumentos como la acción de tutela que ha permitido que los jueces amparen en forma amplia los derechos de los ciudadanos.

Como respuesta a este hecho después de la primera vuelta se configuró una heterogénea coalición que apoya la reelección del Presidente Santos. A este grupo se han sumado sectores de izquierda de distintos matices como la Marcha Patriótica, asociada al Partido Comunista, el Polo Democrático que lidera la candidata presidencial Clara López, los Progresistas de Gustavo Petro y miembros del Partido Verde como los senadores elegidos Antonio Navarro y Claudia López.

A Santos también lo han apoyado reconocidos líderes de opinión tradicionalmente independientes de los partidos políticos, así como sectores sociales como las organizaciones indígenas, grupos de promoción de los derechos de la comunidad LGTBI, de comunidades afrodescendientes, sindicatos, campesinos y ambientalistas.

Estos grupos han conformado lo que se ha llamado el Frente amplio por la paz que es una especie de gran coalición de izquierda que se ha agrupado para asegurar la continuidad del proceso de La Habana.

Ese Frente se ha sumado a los partidos –Liberal, Cambio Radical y de la U- de la Unidad Nacional para promover la reelección de Santos. Forma parte de esa coalición multicolor un sector del Partido Conservador que a pesar de ser ideológicamente más afín con el Centro Democrático se ha quedado con Santos por razones clientelistas y de conveniencia.

Colombian Defense Minister Juan Manuel Santos speaks to media in BogotaCANDIDATO PRESIDENCIAL OSCAR IVÁN ZULUAGA SE REÚNE CON EMPRESARIOS

Durante esta campaña los colombianos hemos tenido como protagonistas dos expresiones políticas a las que no estamos acostumbrados pero que en otros países son comunes: una derecha radical y una coalición heterogénea conformada por contradictores fuertes que se unen para atajar un movimiento que califican como autoritario.

En Francia, por ejemplo, para citar el ejemplo de un país con una democracia consolidada, el Frente Nacional, de ultra derecha, liderado Marie Le Pen, alcanzó –hace una semana- el 26% de los votos para el Parlamento Europeo. En Italia, Berlusconi representa una facción de extrema, racista y discriminadora y aun así ha logrado estar en el gobierno de ese, el quinto país más industrializado del mundo, durante casi una década.

En Alemania, los partidos conservador y social demócrata, tradicionales rivales, acordaron una coalición para conformar una mayoría que mantiene en el poder a Ángela Merkel.

El ejemplo más cercano está en Chile donde desde 1988 opera La Concertación, una coalición de partidos de derecha, centro e izquierda unida por su oposición a la dictadura de Pinochet y su interés de impedir que sectores afines a esa dictadura vuelvan al poder. La Concertación, por la que se eligió la Presidenta Michele Bachelet, perdió una elección con Sebastián Piñera y a ella se sumó el Partido Comunista en las últimas elecciones con el propósito de derrotar nuevamente a la derecha.

Para algunos analistas consultados por El Pueblo, en Colombia podríamos estar en el inicio de una etapa en la que durante varios años los electores se agrupen en un sector de derecha, que prefiere la mano dura, que privilegie el orden a la libertad, que está dispuesto a sacrificar  el sistema de controles y la descentralización para ser más eficaz en los resultados del Estado. Del otro lado estarán los que se sumen a una coalición de centro izquierda que busca la salida negociada y pronta al conflicto, a partir de la cual se modifique la política agraria, se empodere a las organizaciones sociales, se garantice la independencia judicial y se profundice la descentralización.

El primer pulso de esas dos tendencias se dará este 15 de Junio y resultará decisivo para tomar uno u otro rumbo en nuestro país.

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