Colonial, luego republicana

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 La Cali colonial, fundada en 1536 –y hasta 1690–, contaba con una población reducida y pocas relaciones externas. Sus casas eran construidas con tecnología rudimentaria y una forma arquitectónica simple. Según Gilma Mosquera Torres, docente de Arquitectura de la Universidad del Valle, el crecimiento de Cali era compacto y solo se iba expandiendo en sectores cercanos para satisfacer la poca demanda de viviendas nuevas.

 La población ascendió en este periodo a 360 habitantes. El río Cauca era vital pues había pocas relaciones externas y una sola vía de tránsito, el camino real, cuya ruta era Popayán –Caloto-Buga-Santa Fe. Según el antropólogo Rafael Pereachalá, las comunidades afro aparecieron en Cali desde sus inicios, haciendo parte del circuito económico de las haciendas.

 “Durante algunas temporadas del año, los esclavos de las haciendas eran convertidos en mineros y los llevaban al Chocó a trabajar metales preciosos, para luego regresar a ser agricultores y ganaderos”, afirmó Pereachalá, y explicó también que la aparición temprana de las haciendas se debió a la iglesia católica, particularmente a los jesuitas.

 El siguiente periodo, entre 1690 y 1810, fue conocido para la ciudad como el mercantilismo. Ya eran más de siete mil los habitantes, de los cuales 1500 vivían en el casco urbano y 20 % eran esclavos. Apareció El Vallado como primer desarrollo popular al oriente de la ciudad.

 También apareció el núcleo del barrio San Nicolás, así como los barrios San Agustín, San Antonio, la Mercéd, Santa Rosa y San Francisco, por lo cual la arquitectura religiosa tuvo bastante peso en aquel momento. Las haciendas ganaron mayor importancia y la economía giró en torno a la minería, la ganadería y al cultivo de caña.

 Sin embargo, este periodo se vería afectado por las guerras de independencia. Entre 1810 y 1830, las revueltas hicieron que la actividad económica regional decayera y la expansión fuera mínima, en parte también por la crisis del esclavismo y la minería. Pese al estancamiento en el que entró la ciudad, se destaca la inauguración del colegio Santa Librada y la construcción de la Iglesia San Francisco.

 La recuperación para Cali fue lenta pero firme debido a la reactivación de la agricultura, la ganadería, el comercio exterior y la tecnificación. Casi 14 000 personas vivían en la ciudad entre 1830 y 1884. Además, para 1852 llegó la abolición de la esclavitud.

 Los ahora hombres libres tuvieron que abandonar las haciendas. Pereachalá aseveró que “aunque se produjo una estampida de la población afro hacia diversos sectores, en la ciudad permaneció una población significativa, hasta el punto en que Popayán trataba despectivamente a Cali, aduciendo que era la ‘ciudad negra’”.

 La contratación de mano de obra libre jalonó la producción. Conjuntamente, la expansión obligó a expandir los caminos de la ciudad. Apareció el puente Ortiz, que permitió la conexión entre el norte y el sur de la ciudad, la carrera 15 y la vía Cali-Buenaventura.

Ver: Cali y una Historia de 476 años.

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