Como empresaria me moriría por tener la mano de obra de los presos: Johanna Bahamón

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Por Claudia Palacios

@ClaudiaPCNN

El país ya empieza a conocerla como una líder social, a creerle que trabajar con mujeres presas no es uno más de los caprichos por los que durante años apareció en las revistas de farándula, y por los que generó odios y amores. Por esa seriedad con que maneja su fundación «Teatro Interno» es que la revista Semana la acaba de reconocer como una de las 30 líderes del país. Pero no es que haya cambiado sino que, como ella misma dice, «Encontró una pasión.»

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Claudia Palacios: Johanna, ¿Cómo recibió el reconocimiento de Semana como una de las 30 líderes más importantes de este país?

Johana Bahamón: Lo recibo más que un reconocimiento hacia mi liderazgo, a uno de las actividades que hace la fundación, lo cual me enorgullece mucho más. Mi mamá estuvo nominada hace un año a este mismo premio y ahora este año lo gané yo.

C.P. ¿Cómo es eso de la nominación de su mamá hace un año?

J.B. Mi mamá es la presidenta de Banca Mia. Hace un año fui la más orgullosa al ver que ella había recibido la nominación. Mi mamá lleva 35 años en eso y yo apenas dos, es la primera vez que mi mamá está tan orgullosa de mí, porque desde el colegio siempre la han llamaban a darle quejas mías. (Risas)

C.P. ¿Cree que por ser figura pública se le facilitó tener este reconocimiento?

J.B. Al revés. No creo que en este caso ayude mucho. Con el reconocimiento se pueden abrir algunas puertas, pero en un tema de liderazgo y de Revista Semana, en donde no salen temas de farándula ni gente del medio donde estuve 15 años, mi fama puede ser un estigma.

C.P. Y es como si se le hubiera aparecido la virgen ya que justo ha tenido que sortear problemas con el proyecto de Teatro Interno por estos días ¿Han comenzado a solucionarse?

J.B. No precisamente pero el momento permite sacar un buen balance. Hace un mes, con la censura a la obra de teatro, se tuvo la dificultad con un patrocinador.

C.P. ¿Perdió patrocinios por cuenta de la censura?

J.B. No es que haya perdido patrocinios pero pienso que la credibilidad del festival de teatro se ve afectada. Y es en eso en lo que yo baso la fundación. Con la censura, primera vez que me sucede en dos años, los patrocinadores lo pensarán dos veces, al ver que no es tan fácil que esto se logre.

C.P. Pero al final, gracias a la Defensoría, pudo presentar la obra sin censura…

J.B. Sí, el lunes, y gracias al director al Gnral Murillo, a la guardia y al abogado Abelardo de La Espriella.

C.P. ¿Por qué no las habían dejado?

J.B. Porque es Antígona, de Sófocles. Con Victoria Hernández, quien es la directora y quien adaptó el guion, se estableció que en la parte de la obra en donde está la voz del pueblo se reemplazara con la voz de los internos de la cárcel.  Contábamos cosas que suceden en la realidad dentro de las cárceles, especialmente en la del Buen Pastor. A nadie le gusta que le digan lo malo que tiene.

CP: Qué sigue ahora?

J.B.: Lo que sigue es un coro que estamos haciendo en la modelo para presentar en Navidad, el segundo festival nacional de teatro carcelario y el primer festival nacional musical carcelario.

C.P. ¿Qué opina de la guardia del INPEC?

J.B. Me he llevado una muy grata sorpresa del sindicato. Hace unos días estuve reunida con el Coronel Murillo, nuevo director del INPEC, y con los jefes del sindicato, y apoyaron que hiciéramos la obra así habláramos mal sobre algunas cosas. Nosotros también hablamos bien de la guardia en otras cosas, así que es la realidad de lo que pasa en la cárcel. En los noticieros los ven todas las noches, no estamos diciendo cosas que nadie conozca.

C.P. ¿Qué tan real y que tan ficticia es la mala fama, hasta de que son tan o más delincuentes que los presos, que tiene la guardia del INPEC? 

J.B. No lo diría en términos de si son delincuentes o no. Evidentemente sí hay errores en la guardia, corrupción y abusos de poder como todo el mundo lo sabe. También hay corrupción entre los internos que están allí. Los guardias deben estar ahí para cuidar al interno, para la seguridad, pero eso no quiere decir que tengan que maltratarlo. Ese trabajo de la guardia con el interno no debería producir terror, porque las cárceles deben servir paga rehabilitar y resocializar a los internos.

C.P. Los guardias ahora están en Plan reglamento porque sus condiciones son pésimas…

J.B. Ellos tienen además de eso un horario de trabajo ridículo, cualquiera se desespera. Por eso también entiendo a la guardia, es estar preso sin estarlo. Pero aun así la culpa no la tienen los internos y no deben pagar por el bajo salario de los guardias o porque tengan que hacer jornadas de 12 horas.

Claudia Palacios y Johana Bahamon

C.P. ¿Cree que la solución es privatizar las cárceles?

J.B. No lo sé, pero sí es evidente que hay que cambiar el sistema con el que está funcionando ahora porque precisamente ¡No funciona! Yo entiendo al gobierno, a los sindicatos y a los presos. Por el lado del gobierno uno entiende que no es posible negociar con 54 sindicatos!

C.P. ¿La solución es crear más cárceles?

J.B. Claramente no. La solución no es más espacio para meter más presos sino cambiar la forma en que se mantienen dentro de las actuales cárceles.

C.P. Pero con más cárceles no estarían hacinados…

J.B. Se les puede hacer remodelación y hacerlas más aptas para brindar mayores posibilidades laborales a quienes ya están presos. Como empresaria me moriría por tener esa mano de obra que está ahí. Es mano de obra desperdiciada, se les puede enseñar a hacer mil cosas. Hay gente que es muy buena y talentosa.

C.P. ¿Usted haría industrias dentro de las cárceles para las empresas de Colombia?

J.B. Absolutamente. De hecho es lo que hago con mi fundación. Tenemos tres ramas: una es teatro interno, otra es crecimiento interno, que es un apoyo a la rehabilitación de adicciones, y la otra es trabajo interno.

C.P. ¿Cuál es el resultado de las tres ramas de su fundación?

J.B. En teatro interno lo más importante es que se brinda la posibilidad de tener un contacto al interno con el mundo exterior  porque presentan sus obras fuera del penal. El contacto con la familia y con la población civil genera un cambio de imagen, pasan de tenerles miedo a tenerles respeto y reconocimiento por el buen talento. Ver que quienes las han juzgado y condenado las aplauden las hace creer en ellas mismas. Por el lado del crecimiento interno ya el INPEC tiene un programa de tratamiento de adicciones, entonces lo que hacemos es funcionar como red de apoyo, por ejemplo con Alcohólicos Anónimos, con profesores de yoga, entre otros.

C.P. ¿Y con trabajo interno?

J.B. Mercedes Salazar les enseña, por ejemplo, a hacer pulseras y les paga $3.000 por cada una. Shirley Sáenz les enseña a hacer cabezas de papel maché y les paga. Otra persona les enseña origami, y les paga por cada corazón hecho en esta técnica. Ese conocimiento les queda. Lo que me parece más bonito es que muchas de ellas prefieren que se le consigne este dinero a la familia el producto de ese trabajo.

C.P. ¿Esto representa una rebaja en costos de producción para los empresarios?

J.B. Y mucho. No tengo la cifra con exactitud pero si fuera del penal hacer una pulsera cuesta $5.000, por suponer algo, aquí cuesta $3.000.

C.P. ¿Cree que todos los presos se pueden socializar o definitivamente sí hay casos en los que la persona merezca estar recluida por mucho tiempo?

J.B. Pienso que los que se quieren resocializar merecen tener la oportunidad, pero no todos desean hacerlo. No todos quieren recompensar lo malo que han hecho en el pasado.

C.P.  La sociedad colombiana siempre quiere castigar todo con cárcel pero ahora se habla mucho de penas alternativas… 

J.B. Hay casos que siempre merecen un castigo, si hubiera un sistema perfecto de rehabilitación sí deberían meterlos a la cárcel pero como no lo hay, para qué meten a todo el mundo en la cárcel si no se le hace el trabajo necesario a la persona.

C.P. ¿Esto que usted hace en su fundación es lo que va a hacer por el resto de su vida?

J.B. Hasta la muerte.

C.P. ¿Por qué?

J.B. Nunca pensé hacer este trabajo. Mi mamá es presidenta de Banca Mía hace 35 años y ella fundó el Banco de la Mujer, que en ese entonces era la Corporación de la mujer. Toda la vida tuve ese lazo social pero nunca me interesó desarrollarlo o aplicarlo. Actué por 15 años y creo que fue un medio para hacer lo que hago ahora. Amo la actuación y no quiero decir que no volveré a actuar pero eso me permitió o me condujo a hacer lo que hago ahorita.

C.P. ¿No puede combinar las dos cosas para que quienes la extrañan en pantalla puedan volverla a ver?

J.B. En este momento no porque esto me quita mucho tiempo. En estos dos años he hecho dos cosas muy pequeñas por no dejar de hacerlo, pero algo del estilo de un protagónico no podría hacerlo.

C.P. ¿Y si le ofrecieran ahorita un protagónico?

J.B. No lo haría. Ya eso quedó cancelado y se lo he dicho a mi manager.

C.P. ¿Está tranquila con esa decisión?

J.B. Sí porque soy la presidenta de mi fundación y sacarla adelante no es fácil. Yo estudié administración en el CESA así que sé montar una empresa. El trabajo es dispendioso.

C.P. ¿Sus amigos de la farándula qué le dicen?

J.B. No tengo amigos de la farándula. Son mis compañeros. Amigos de verdad solo tengo dos. A los demás los respeto y les tengo aprecio.

C.P. Algunos dirán que usted por fin dejó de dar lora y que cambió. Sí cambió o es la misma?

J.B. Yo soy la misma solo que ahora tengo una pasión. Antes no la tenía. Sí me gustaba actuar, así como mi carrera de administración de empresas y demás, pero no estaba apasionada.

C,P. ¿No hay peligro de que  deje botado este proyecto de repente?

J.B. Sigo siendo igual que siempre. Lo que esto me da a mí no se compara con lo que yo le doy a las internas. Eso no me pasaba antes.

C.P. ¿Ha hecho amigas entre las internas?

J.B. A todas las quiero. No tanto como amigas pero sí las siento como parte de mí.

C.P. ¿Qué le diría a las personas a quienes esas internas les hicieron algún daño, como haberles matado a algún hijo o haber sido robados por ellas?

J.B. El delito de la mujer es más pasional que el delito del hombre. En muchas situaciones que ellas han vivido digo que quizás hubiera hecho lo mismo. ¡Si mi marido me viola a mi hijo no lo mato una vez sino diez!

C.P. ¿Ha pensado dentro de su fundación abrir un capítulo sobre las víctimas para acercarlas a sus victimarias, ahora que estamos en un proceso de paz?

J.B. Pienso que las primeras víctimas de ellas son sus propias familias. Los hijos se quedan sin su mamá, el marido se queda sin su esposa. En todos los trabajos de la fundación están involucradas las familias. En el teatro van en calidad de público, en «Trabajo interno» la plata le llega a las familias, en «Crecimiento interno» las familias van a los retiros. Hay un perdón y una reconciliación con la familia. Tengo un caso en donde una señora tenía dos hijas adolescentes que ni siquiera la visitaban o le llamaban, ahora que está en teatro y sale en revistas la mamá se les volvió su ídolo y la ven como una persona diferente. Para esta mujer es muy gratificante que sus hijas la visiten, que ya no les da pena que ella esté recluida. Eso las hace mejores personas, y eso pasa en muchos casos.

Claudia Palacios y Johana Bahamon

C.P. ¿Si usted hubiera vuelto a nacer habría vivido su vida exactamente igual?

J.B. Habría vivido exactamente igual. Obviamente no hubiera querido cometer muchos de los errores que he cometido pero por otro lado no podría haber aprendido lo que aprendí luego de esos errores.

C.P. ¿Estas experiencias cómo han cambiado su vida y cómo las ha aplicado?

J.B. Lo que he aprendido de ellas es a no juzgar. Cuando pido un grupo de gente para alguna actividad pido que no me digan qué han hecho, no me interesa.

C.P. ¿No le importa saber si están presas por asesinato o por violación, por ejemplo?

J.B. No. Confío que la gente que llega a mis actividades quiere estar ahí. Yo no debo juzgar lo que han hecho.

C.P. ¿Y cuándo se entera de los delitos que cometieron?

J.B. Las sigo viendo como lo primero que les vi: Actrices, artesanas y demás. Eso me facilita el trabajo, verlas sólo por lo bueno, no por lo malo.

C.P. ¿Conserva alguna conexión con Cali, donde nació?

J.B. Mi mamá es de Cali y mi papá es bogotano. Ellos se conocieron allá en la universidad. Nací en Cali y a los tres meses me trajeron a Bogotá.

C.P. O sea que de Cali sólo el registro civil…

J.B. De corazón quiero a Cali porque me encanta decir que soy de Cali pero no tengo nada más. Bailo salsa como caleña.

C.P. Y cómo lo sabe?

J.B. Lo hago porque lo llevo en la sangre. Y porque mi marido de antes era caleño, con el hablado y todo, y él me lo decía.

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