¿Con alma de vasallos?

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Camila-ZuluagaCada mañana de esta semana al abrir los periódicos me encontraba con una nota que detallaba la visita del príncipe Carlos de Inglaterra y su esposa Camila. En las notas de cubrimiento de los medios de comunicación se nos dijo cómo debían comportarse quienes estuvieran cerca a estos integrantes de la realiza británica, cómo vestirse, qué venia hacer y todo el protocolo a seguir frente a ellos.

El cubrimiento de esta visita, a mi modo de ver poco importante, fue tal que en el noticiero en el que trabajo de lunes  a viernes, Red Más Noticias, invitamos a Diana Neira, una de las mujeres que más sabe de protocolo en Colombia, para que nos explicara todas las reglas de comportamiento concernientes al trato que se le debe dar a la realeza. En medio de la amena charla que estábamos teniendo con la experta en buenas maneras, mi compañero de set de todas las noches, Mauricio Reina soltó el siguiente interrogante: “¿Por qué tenemos que seguir nosotros los colombianos, que vivimos en una democracia, las reglas de protocolo y sumisión a unos príncipes que no son los nuestros?  Válida pregunta pensé… Ellos no son príncipes nuestros, el trato que se les debe dar es el respetuoso que se le da a un jefe de Estado cuando viene de visita a nuestro país. Quienes deben cumplir las reglas del trato reverencial a la monarquía son sus súbditos, los ingleses, y de hecho así lo hacen, si así lo quieren, pero no nosotros que desde 1810 nos libramos de esa figura.

Por supuesto, después de esa discusión se vino a mi cabeza la siguiente pregunta: ¿Por qué será que nosotros en Colombia tenemos este tipo de comportamientos y queremos tener ese trato reverencial hacia los príncipes?  En medio del intercambio de ideas con mis compañeros de set planteamos la hipótesis de que tal vez tenemos en nuestro país alma de vasallos, entendiendo por esta palabra lo dicho en el diccionario de la Real Academia de la Lengua “súbdito de un soberano o de cualquier otro gobierno supremo o independiente”. Esta mentalidad servil, y en cierta medida malinchista,  hace que incurramos en la ridiculez de que en las tarjetas de invitación para asistir a los eventos convocados por la presidencia para estar con los príncipes se advirtiera que el saludo venía con venia y  normas por cumplir.

Por supuesto que la tesis planteada, y las críticas expresadas sobre el comportamiento de nuestras autoridades y personalidades nacionales frente a la realeza, tuvo una reacción contraria de quienes piensan que es un acto de decencia comportarse frente a la nobleza como lo indica el histórico protocolo. A lo que simplemente debo decir que tratar a un visitante en la casa de uno con las normas y costumbres de nuestro territorio no es ninguna falta de decencia. Dice el adagio popular: “a donde fueres has lo que vieres”. Y les recuerdo que quienes vivieron fueron ellos y no nosotros.  Cuando nuestros mandatarios asistan a Gran Bretaña o a cualquier país con monarquía, su comportamiento debe ser como se exige en esos territorios, pero, mientras sea en Colombia, sería incluso hasta valioso que siguiéramos manejando nuestras costumbres y así se las hiciéramos conocer al mundo.  Mantener y resaltar un poco de nuestra identidad no estaría nada mal.

Una cosa más: La confesión de Tim Cook, CEO de Apple, de ser homosexual, demuestra que afortunadamente el planeta cada día es un espacio más abierto y tolerante hacia la comunidad LGBTI. Sin embargo, lo que si no puede suceder es que ahora pertenecer a ella se convierta en sinónimo de “Good Will” como han pretendido señalar muchos.

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