CONFESIONES DE UNA MASCARA

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Por Patricia Suárez

Puso a debatir al mundo de las letras, generó controversia y con ella preguntas, respuestas, conclusiones. “La novela es un arte en busca de su metodología”. La novela de Yukio Mishima renueva el universo literario Japonés y forma, con Yasunari Kawabata y Kenzaburo Oé, la pléyade de   escritores representativos de la novela moderna japonesa.

Con lucidez narrativa Mishima   explota su sensibilidad creadora y “elabora una nueva forma de expresarse a sí mismo”. Rompe muros y abre el tintero de los tiempos, objetiviza la subjetividad, recrea en primera persona el sentir, el pensar, el actuar de una nueva manera; sus reflexiones construyen e interpretan.

En la novela Confesiones de una Máscara el personaje falta a la verdad,  asume su defensa y opone la interpretación que hace de sí y del mundo, a su realidad interior; se sabe constructo de su “máquina de mentiras” y “autoengaños”, se reconoce en su tácito estar y pensar el mundo.

Mishima desmenuza el sentido de lo real en una sociedad que vive la destrucción de la guerra; ésta activa su fuerza, lo saca del marasmo y explota su magma narrativo, preclaro; hila el sentimiento, percibe, intuye, elabora;  lúcido pulsa la fina soberbia de su cultura, teje la trama y autobiográfico en Confesiones de una máscara anticipa su deseo de muerte y sangre lo que será realidad en 1970, en los Cuarteles Orientales donde se practicó el seppuku.

Desde el comienzo el personaje y narrador se presenta original, imaginativo; atraído por lo masculino se desborda en pasión y enamoramientos; ser único de múltiples matizados y sorprendente gradación nos sumerge en la interioridad de un niño que, desde la primera página, asegura recordar el instante de su nacimiento.

Siendo el primogénito de una familia disfuncional dominada por la personalidad excéntrica de su abuela enferma, voz y mando en un entorno de costumbres arcaicas, dispone que el niño viva en su habitación de enferma “siempre cerrada y con el aire impregnado de la vejez”.

El personaje se sabe diferente; su constitución enfermiza, el atractivo que ejerce su mismo sexo, el pliegue de un pantalón en armonía con el movimiento de un cuerpo de fuerte contextura, excita, de briosa resonancia, lo íntimo de sus deseos; lo visual, unido a la belleza, lo embriagan; el aguijón lo impulsa a subterráneos afluentes de rugosa armonía de sueño y ficción y construye, en inteligente prosa de aguda fijeza, su Yo creador exaltado y extremo.

“En aquellos tiempos había comenzado a comprender vagamente aquel mecanismo según el cual lo que los demás consideraban una impostura, por mi parte, en realidad, era expresión de la necesidad de afirmar mi propia manera de ser; en tanto aquello que los demás suponían mi verdadera forma de ser no era más que una impostura”.

El “Martirio de San Sebastián” de Guido Reni, lo atrae y deleita; llama su vicio el masturbarse con imágenes homosexuales sádicas. Se enamora de un compañero de escuela mayor que él, las mujeres no le atraen en absoluto, se auto engaña y cree estar enamorado de la hermana de un amigo y guarda la esperanza de convertirse en una persona normal.

Cada vez que las circunstancia lo ponen frente al sexo opuesto sabe que es diferente, que su inclinación es otra; pero finge, engaña y se engaña, manipula desde su contradicción irresoluble cuya farsa condiciona y crea.

Agitación mental de brillantez expresiva, rigor conceptual allí donde la naturaleza del invertido confronta su ser ante los impulsos y deseos anti natura; el esteta reflexiona consciente del atractivo de una línea, de una curvatura, de un pliegue. Luz y sombra en el lenguaje gestual del movimiento, delicias del voyeur, pasión desde la forma, pulsión, incontrolable, deseo de amar lo masculino, carga de sadismo y muerte.

“Si al menos hubiese yo utilizado los métodos deductivos, exactamente igual que el resto del mundo, para resolver las matemáticas de la vida…”

 

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