Confrontación entre “parientes”

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Floro Hermes Gómez Pineda

Twitter: @Florohermes

El Polo Democrático y el Centro Democrático, los dos partidos políticos colombianos que se apellidan “Democrático”, se enfrentaron en el Congreso de la República, durante más de once horas, en torno a la cuestión paramilitar, de donde resultó el señalamiento a los primeros por sus presuntos vínculos con los movimientos insurgentes y a los segundos por sus presuntos vínculos con el paramilitarismo y el narcotráfico.

Tales señalamientos, por los dos partidos políticos que quieren apropiarse de la idea que defiende la participación del pueblo en los asuntos importantes de gobierno, deja claro que la cuestión de la violencia en Colombia es “un proceso que realimenta los procesos políticos”, como lo señala (de manera clara e inequívoca), el profesor titular de la Universidad Nacional de Colombia, Sede Medellín, doctor William Ortiz Jiménez, en su artículo “Comentarios y reflexiones en torno a la violencia política en Colombia”, publicado por la Revista Fórum del Departamento de Ciencia Política de la misma universidad, el cual está disponible en la dirección web: dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/3937532.pdf

Las acusaciones, de parte y parte (que me da pena registrar aquí), muestran un asunto que es de interés científico: “la concepción de la violencia como un flagelo para la sociedad, pero, al mismo tiempo, como el motor de cambios productivos en diferentes umbrales”, como lo sostiene mi colega profesor universitario Ortiz Jiménez, basado en estudios sobre la violencia en Colombia, del profesor francés Daniel Pécaut.

¿Por qué afirmo “motor de cambios productivos”? Porque durante el debate la cuestión no era controvertir, aunque se lo hacía, el objeto central sino señalar al otro, cual si se quisiera soslayar, cual si se estuviera ante situaciones sacras, cuestiones estas que las devela Pécaut: “La violencia tiene,[…] también sus beneficios, y no solamente para sus protagonistas. Beneficios macroeconómicos: el dinero del tráfico de la droga ha ayudado a que Colombia escape a la trampa del sobreendeudamiento externo y ha sostenido la demanda interna. Beneficios sectoriales: este mismo dinero ha permitido el dinamismo de la construcción de las instituciones financieras e incluso de la agricultura comercial”, texto disponible en la web: http://www.jstor.org/discover/10.2307/3467131?uid=381497361&uid=2&uid=3&uid=67&uid=62&uid=6216648&sid=21104712485543

Es decir que, a mi juicio, los dos partidos parientes (por eso de “Democrático”) entienden lo dañina que es la violencia, la quieren enfrentar, pero como saben de sus beneficios macroeconómicos y de sus beneficios sectoriales, temen enfrentarla con decisión, pues saben del riesgo para la estabilidad económica del país y para los éxitos sectoriales, lugares estos de donde al fin y al cabo proceden las financiaciones de las campañas.

En conclusión: según mi saber y entender, enfrentar las cuestiones insurgente, paramilitar y del narcotráfico requiere aceptar como más valiosa la moralidad general que los beneficios macroeconómicos derivados de su existencia; significa comprender como más valioso el sacrificio económico de desterrarlos que los beneficios sectoriales que recibimos, pues, al fin y al cabo, todos somos beneficiarios del “motor de cambios productivos”, sin excepción alguna.

Por lo tanto, más allá del debate de los primos “Democrático”, ha quedado al descubierto el verdadero obstáculo a la paz con las FARC-EP: los beneficios macroeconómicos y de los beneficios sectoriales, que se derivan de los fenómenos insurgente, paramilitar y del narcotráfico.

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