Consejos de Concejos

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Ana-María-RuízAna María Ruiz P.

@anaruizpe

Vivimos en una democracia. Esto es, en una estructura de Estado en el que nadie puede imponer su voluntad porque el titular del poder es el pueblo, y se crean entonces mecanismos de participación y representación para que la gente tenga voz y voto en las decisiones que le afectan.

Parece una falacia, pero es la realidad. Vivimos en una democracia aunque sea imperfecta, incompleta, maltrecha, ladrona, e incapaz de cumplir con sus promesas. Un sistema que en Colombia se obedece a pie juntillas (la democracia más antigua de América, ¡já!) pero no se cumple. Se obedece porque no dejamos de realizar elecciones cada cuatro años, de elegir con nuestro voto a unas personas para ocupar unos cargos. Pero no se cumple porque no es la voz del pueblo la que resulta elegida, sino la del bolsillo de cada electo, la de los intereses en fajos millonarios, la del negocio de los contratistas del Estado.

Ante la evidencia, hay quienes dicen “pues que se acabe toda esa vagabundería en concejos y asambleas, y de paso también en el Congreso”. Vale la pena preguntarse qué pasaría si estos cuerpos colegiados que elegimos por voto popular, desaparecieran, imagínense ustedes al presidente legislando sobre lo que le viene en gana, al gobernador y el alcalde disponiendo de recursos a su antojo, sin rendir cuentas, sin tener que explicar sus decisiones. Eso no es bueno, la historia del mundo ya lo tiene comprobado.

Si no resulta recomendable abolir el sistema de representación, lo único que tenemos a mano es elegir bien, o lo mejor posible, entre las opciones que nos pone el tarjetón. Además de los propios concejales, pocos saben qué es el Concejo municipal y para qué sirve. Pero a estas alturas, pocas semanas antes del día de elecciones, todo el mundo conoce el nombre de al menos un candidato. “A la casa han llevado muchos retratos de ella” me dijo esta semana una señora mayor, campesina, que vive en una vereda, señalando el afiche de la candidata al concejo que estaba frente a nosotras. En nombre de ese retrato, ella sabe que va a recibir unas cervezas y algún guarapo, un almuerzo con tamal, un corte de pelo, una revisión de ojos o una promesa vana. Marcar el tarjetón es lo de menos.

Retratos. Los futuros concejales son meros retratos. Como nadie sabe bien para qué sirven, a nadie le importa quien sale elegido. Y ahí están, y permanecen asentados, ineptos y corruptos de todo cuño, que llegan a sus curules municipales con las ínfulas de quien recibe el favor del pueblo, haciendo de cada voto recibido un negocio propio.

Aunque pareciera que ser corrupto e inepto es condición para candidatizarse al concejo, creo que entre el universo variopinto de candidatos de todo pelambre siempre hay personas razonables, sensatas y honestas que aspiran a aportar con sus conocimientos al desarrollo de políticas públicas para el municipio. Toca buscar con lupa, eso sí, entre la maraña de retratos y propaganda. Pero como las brujas, dicen que no existen pero de que las hay, las hay.

¿Cómo encontrarlos? Me atrevo a dar unos consejos básicos.

Primero, no repita si ya vio que la persona no sirve. Esos concejales atornillados en sus puestos por el favor popular, que no abren la boca para proponer nada en 4 años, no merecen seguir en el concejo. Seguramente saldrán de nuevo elegidos, gracias a su cauda de votos comprados. Pero si usted es una persona libre para escoger, no vote por los mismos. No le haga ese daño a su ciudad.

 Segundo, no se atenga a recomendaciones familiares o de amistades fortuitas. Que fulano dice que tal candidato es bueno porque es el primo del sobrino del abuelo del vecino, no es razón para entregar un voto. Piense que tiene en sus manos la única arma para incidir en la política del municipio, ¿se la entregaría a otras personas por cuenta de una simpatía pasajera?

Tercero, tómese su tiempo. Le quedan poco menos de 3 semanas para averiguar quiénes son los candidatos, qué proponen, quiénes son sus aliados políticos. No se fíe en las listas de su partido político, llevar un color u otro en la camiseta no garantiza transparencia ni efectividad en la gestión. Revise las hojas de vida, no se atenga a la opción de retrato que le imponen. Usted es libre de decidir.

Y cuarto, y último consejo. Deje que su intuición lo guíe. Si un candidato le parece corrupto, seguramente lo es; si le parece un vendido, nada de raro que lo sea; cuando marque el tarjetón, escuche solamente la voz de su conciencia.

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