Correa, el Rey Delirante

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Gustavo OrozcoPor Gustavo Orozco

Poco se ha dicho en la prensa latinoamericana del caso de Edward Snowden, el joven contratista de la inteligencia americana que filtró documentos secretos del gobierno americano sobre un programa de vigilancia. Como hace un ano lo hizo Julian Assange, el fundador de Wikileaks, Snowden ahora busca asilo en Ecuador. El silencio de la prensa ecuatoriana es impresionante, probablemente debido a la nueva ley mordaza que ahora limita la libertad de expresión en ese país. Lo cierto es que es un caso supremamente interesante, con efectos regionales e internacionales que variarán según el desenlace de la solicitud de asilo de Snowden.

Es una ironía que sea precisamente Ecuador, y sobre todo Rafael Correa, que ahora se presente como el guardián de la libre expresión al considerar darle asilo a Snowden. El mismo presidente delirante que hace tan solo una semana hizo aprobar una ley que a todas luces restringe la independencia de los medios de comunicación. Correa ha sido un enemigo acérrimo de la prensa crítica, ha atacado y amenazado frecuentemente a la Relatoría Especial para la Libertad de Expresión de la OEA y ahora ha dado la estocada más fuerte del continente contra la libertad de expresión. Ecuador, bajo Correa, dista de ser el paraíso de la libertad que él trata de pintar.

Pero el mandatario ecuatoriano, más que un verdadero activista defensor de la libre expresión, utiliza a Snowden para satisfacer sus intereses y aspiraciones políticas. Domésticamente le conviene mostrarse como el amigo de la prensa y la libertad, sobre todo ahora que es el blanco de fuertes críticas. Y regionalmente, su antiamericanismo le sirve para reivindicar su vocación revolucionaria e intentar llenar el vacío que dejó Chávez en la izquierda latinoamericana, como han indicado varios expertos. Tampoco es nada nuevo, pues su antiimperialismo ha sido evidente desde su elección en el 2007. Sin embargo, Correa además de populista y obsesionado con el poder es un oportunista, y el pedido de Snowden es una oportunidad demasiado valiosa para dejar pasar. Es el chance perfecto para una nueva bofetada a los gringos; pero a un costo, eso sí, que Correa parece no haber bien calculado.

A Ecuador ya le empezaron a salir bien caros los jueguitos de su presidente. El pasado jueves, en una movida chauvinista y guerrerista, Correa decidió renunciar de manera “unilateral e irrevocable” a las preferencias arancelarias del ATPDEA. Todo por probarles a los gringos que no se dejaría presionar en su decisión sobre el asilo. Adiós al pragmatismo; bienvenidos a la dictadura ideológica irracional de la Revolución Bolivariana. Igual que como ha sido hasta ahora tratado el tema de Snowden, fue una decisión impulsiva de poca utilidad para los ecuatorianos. Además, ¡claro que EE. UU. usaría la renovación de las preferencias para presionar a Ecuador a no otorgarle asilo a este filtrador! Como cualquier otro país haría si tuviera cómo. Es un mecanismo diplomático, y legítimo, de disuasión. EE.UU tiene intereses y está en todo su derecho de defenderlos, más allá del debate sobre la culpabilidad de Snowden.

Lo triste es que el año pasado las preferencias aplicaron para exportaciones equivalentes a USD$429 millones, un alivio para propulsar la competitividad de productos de campesinos ecuatorianos. ¿Cuál es, entonces la utilidad de esta jugada? Cero, económicamente aún menos. ¿Conveniencia política para un líder desesperado? Bastante. Continúa la batalla contra el Coloso del Norte, sea cual fuere el costo.

Para lo único que servirá esta jugarreta de Correa será para mostrarle a EE. UU. que está cada día más en aprietos por Latinoamérica. No es malo que probemos que ya no somos el patio trasero de hace algunas décadas, pero es irracional desconocer la importancia de los vínculos económicos por priorizar temas ideológicos.  Amanecerá y veremos hasta dónde el desafiante Correa, con delirios de rey, será capaz de llegar.

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