De favelas y comunas

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Mabel Lara
Mabel Lara

Por Mabel Lara

@MabellorenaLara

La ciudad se encuentra casi lista. El gran estadio Maracanã está renovando su estructura  para recibir la gran fiesta del fútbol en 2014, pero también  la Copa de las Confederaciones, la Jornada Mundial de la Juventud de la Iglesia Católica, en la que se espera la visita del papa Francisco, y los Juegos Olímpicos en 2016. El centro del universo por algunos días se trasladará  a la  Cidade Maravilhosa, Río de Janeiro, en Brasil.

Y es tal la importancia que tomará en los próximos años la ciudad, que las autoridades extreman desde ya las medidas de seguridad, sobre todo en los puntos de mayor crisis: las favelas. Esta semana, por ejemplo, se lanzó una mega operación con más de 1.600 policías con helicópteros y tanques blindados en las zonas conocidas como Barreira do Vasco y Complejo Marañón,  la zona del puerto, donde viven cerca de 8.000 personas, por donde pasan dos de las principales vías de acceso de Río, camino al aeropuerto, porque venían siendo azotada por cuadrillas criminales procedentes de las favelas.

Las favelas representan hoy en Río de Janeiro más del 30 % del territorio de la ciudad. Son barrios que se mueven con vida propia en las zonas de ladera, en los cerros;  asentamientos subnormales foco del crimen organizado.  Nacieron inicialmente para ubicar a decenas de soldados que participaron en la guerra de la ciudad de Canudos en 1893 y quienes al regresar a Río de Janeiro, según investigadores brasileños, fueron autorizados para edificar sus casas en los cerros de la ciudad, apoyados por el gobierno local, que con el paso del tiempo incumplió promesas de reubicación y dejó de pagarles a los militares sus salarios.

Esta situación generó informalidad en la construcción y  la popularización de un modelo habitacional precario, desordenado, que  fue aprovechado por las poblaciones de migrantes pobres del país, que se ubicaron en los múltiples cerros de la prometedora y bella ciudad de Río.

Por años estos lugares  fueron vetados por las organizaciones criminales traficantes de armas y drogas, que manejaban su propia estructura de poder y mando e instalaban barricadas para evitar el ingreso de la fuerza pública. Barrios como Manguinhos Jacarezinho, Mandela, con más de 70.000 habitantes y otrora sede de grandes industrias, se dieron a conocer como  la temida “Franja de Gaza”, lugares impenetrables y foco de criminales pistoleros, que con el paso del tiempo acrecentaban su empresa delincuencial.

Veinte años después el panorama en Río  se ha modificado. Con el anuncio de la llegada de los Juegos Olímpicos 2016 y el Mundial de Fútbol 2014, las autoridades comenzaron un ambicioso programa  para arrebatar el control de las milicias en las favelas en un intento por frenar la violencia. Desde el 2008 las instituciones  regionales instalaron las UPP: Unidades de Policía Pacificadoras en las zonas marginales. Funcionando como cuadrillas de recuperación, las autoridades anuncian con anterioridad que se tomarán las favelas, bloquean las salidas y entradas de los sectores y por más de 72 horas 2.000 efectivos o un poco más  retoman el poder de sectores bloqueados por la delincuencia.

Pero quizás lo más  interesante de esta iniciativa es que la intervención no viene sola. Las UPP son toda una política pública que llega a las favelas con la construcción de viviendas, saneamiento público, infraestructura, escolarización y  tratamiento médico para adictos. ¿La inversión? Más de 480 millones de reales, unos 240 millones de dólares anuales, que hoy permiten vivir de una manera distinta la ciudad maravillosa.  El proyecto ha logrado la pacificación de unas treinta favelas del centenar que hoy subsisten en Brasil y se ha convertido en un modelo de intervención para el mundo entero.

En Colombia, medidas las proporciones, zonas como las comunas de Medellín, el sector de Aguablanca (pese a no estar en ladera) o Siloé  en Cali y tal vez el barrio de la Popa en Cartagena o el Once de Febrero en Popayán podrían ser buenos espacios para intentar intervenciones de este tipo, porque las  que se han hecho hasta este momento se  han quedado realmente cortas, como por ejemplo la desastrosa operación Orión en Medellín en 2002 bajo el mandato del Presidente Uribe. Más de 200 personas resultaron heridas, 11 personas muertas y 70 desaparecidas por ejecuciones extrajudiciales que a la luz de la verdad no pueden ser tenidas en cuenta como satisfactorias. Y cabe decir aquí que las UPP intervienen en Brasil sin registrar una sola muerte.

Muchos me dirán que va mucho de Colombia a Brasil, a lo que respondo, con conocimiento de causa tras haber caminado algunas favelas y recorrido algunos barrios populares de Cali como el Pozón, Charco Azul o El Retiro en Cali, que las condiciones sociales  son similares y las realidades humanas, casi idénticas.

Colombia está en mora de repensar sus proyectos de desarrollo, de intervención. Las balas generan más balas y las experiencias pasadas nos indican que el camino es por otro lado.

 

 

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