De la ‘fiebre blanca’, a la ‘fiebre amarilla’

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GUIDO-HURTADOEn Colombia estamos mutando de la ´fiebre blanca´, a la ´fiebre amarilla´.

Según datos del Sistema Integrado de Monitoreo de Cultivos Ilícitos, Simci, la producción de cocaína en Colombia en el 2013 fue de 290 toneladas (t). En relación al 2012, la producción bajó 43 t. De la misma manera, según cifras de la Agencia Nacional de Minería, ANM, Colombia comenzó a incrementar su producción de oro al pasar de 15.4 t, en el 2007, a 55.7, en el 2013. Ahora bien, de las 55.7 t de oro, sólo 13.9 la extraen las compañías nacionales o extranjeras que cumplen con las “reglas de juego”. El 41.7 restante son extraídas por empresarios ilegales que no cuentan con los títulos exigidos por la Ley.

Según el Simci, los departamentos de Chocó, Antioquia, Bolívar y Cauca mostraron reducción en la siembra de hoja de coca y producción de cocaína. Contrariamente en Nariño, Norte de Santander y Putumayo hubo aumento. En estos 7 departamentos se concentra el 82% del cultivo de la hoja de coca. De otro lado, cifras del Sistema de Información Minero Colombiano, Simco, ubican a los departamentos de Antioquia, Chocó, Cauca, Nariño, Bolívar y Caldas como los mayores productores de oro. Estos 6 departamentos produjeron 40 t, en el 2013. Es decir, concentran el 72% de la producción de oro en Colombia.

La caída en la siembra de hoja de coca y en la producción de cocaína se entiende por una tendencia ascendente a que los cultivos den menor rendimiento por la fatiga de la tierra y los efectos ambientales. Además por las políticas antidrogas adelantadas por la Policía y el Ejército en los enclaves de producción. En contraste, algunas de las explicaciones del crecimiento de la explotación aurífera es que los precios internacionales del oro y la “locomotora minera”, impulsada por el Gobierno nacional, han creado un escenario propicio para que la producción de este mineral haya presentado cifras positivas en los últimos 7 años. Esto mismo ha motivado que grandes compañías internacionales y mineros ilegales inviertan grandes capitales en este negocio.

Antioquia, Chocó, Cauca, Nariño y Bolívar no solo coinciden en ser departamentos productores de hoja de coca y cocaína sino también en la producción aurífera, y al mismo tiempo como epicentros del conflicto armado.

En estas regiones existe correlación con la violencia, extorsiones, asesinatos y donde la producción de cocaína y la explotación aurífera están controladas o pagan ´peaje´ a los grupos armados de todo tipo, desde las Farc, el ELN y hasta las llamadas ´bacrim´. Asimismo, en estos departamentos los cultivos de hoja de coca y yacimientos de oro no solo se encuentran en las reservas naturales, sino donde habitan comunidades campesinas, indígenas y afros.

Las multinacionales no son las únicas interesadas en este seductor negocio. Los actores armados ilegales también han encontrado en la explotación de oro una ruta para acrecentar sus ingresos. Es más, muchas veces se utiliza el oro para ´lavar´ el dinero obtenido de la droga exportada.

Los índices de violaciones de derechos humanos en zonas mineras son progresivos. El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) llamó la atención a este fenómeno y señaló “que la competencia por uso del suelo y subsuelo puede convertirse en una forma soterrada de presión y despojo de la tierra. Generalmente en estas zonas la violencia y el conflicto armado se agudizan contra la población civil, generando desplazamientos forzados y desestabilizando la vida comunitaria”.

Diferentes organizaciones sociales han denunciado que algunas multinacionales han financiado a grupos paramilitares para protegerse o para desplazar comunidades de los territorios que quieren explotar. La Consultoría para los Derechos Humanos y el Desplazamiento (CODHES), señala “que las zonas mineras están militarizadas y paramilitarizadas: la fuerza pública protege la gran inversión privada y los paramilitares evitan la protesta social y presionan el desplazamiento”.

El análisis anterior permite explicar el cambio del cultivo de la hoja de coca y su elaboración en cocaína, a la explotación y producción de oro. Y no porque la producción de un kilo de oro deje mayores réditos frente a la producción y distribución de cocaína, sino que la explotación de oro es una práctica que, siendo en algunos casos ilegal, está dentro de lo legal. Si a una persona las autoridades le incautan un kilo de cocaína enfrentará cargos penales. Si a una persona le incautan un kilo de oro producido ilegalmente, no será cobijado dentro de las penas del Código Penal, tan solo las autoridades le decomisarán el oro y quedará libre. Y precisamente esta es una de las lógicas que conocen los actores violentos.

Por ello, en la etapa del posconflicto será la minería del oro uno de los factores que determine las condiciones sociales, culturales, ambientales, políticas y económicas de los escenarios que el Estado y la sociedad en su conjunto intentarán consolidar. Si lo anterior no se logra, los estadios de posconflicto no serán sostenibles en el tiempo en la medida en que la fiebre del oro genera eventos y episodios de violencia.

De esta manera, es urgente que el Estado fije las reglas de juego para que la explotación de oro se haga de manera legal, responsable y sustentable, evitando así que siga siendo un catalizador de la violencia y la criminalidad en Colombia.

Guido Germán Hurtado Vera

Historiador y politólogo

Miembro del Centro Interdisciplinario de Estudios de la Región Pacífico Colombiana, CIER

Universidad Autónoma de Occidente

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