De la macro a la micro

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Ana María Ruiz Perea

@anaruizpe

Comienzan los afanes navideños, las luces de colores titilantes, los “detallitos” para todo el mundo, las natillas y los buñuelos, tutaina por aquí, nochebuenas más allá. Cada quien busca cómo alargar su bolsillo para los “imprevistos” de la época, que se traducen en litros y litros de licor, regalos por montones, cenas con pavos y tamales y frutas almibaradas. Los bancos y los agiotistas acechan las ilusiones de la gente con ofertas de dinero para gastar, gastar y gastar, para hacerse en la temporada de fiestas decembrinas al largo y tortuoso guayabo de las facturas que llegarán mes a mes en el 2015.

Si cada quien se busca por estos días la manera de ahondar su propio bolsillo, lo mismo deben estar haciendo el Ministro de Hacienda, la Junta del Banco de la República y los tecnócratas que planifican las finanzas del Estado. Como si se tratara de cualquier vaciado en navidad, deben estar quebrándose la cabeza para ver cómo consiguen los recursos que se les escapan de las manos. Y la evidencia es que nada pueden hacer para revertir la dinámica.

El primer fenómeno que deja maniatado al país, y al mundo, es el precio del petróleo. Los árabes, dueños del poder global del crudo, tienen el precio del barril rodando cuesta abajo. Ya llegó a los US66, un precio con el que destrozan las peores proyecciones de los otros países productores, creando un efecto dominó sobre la economía que significa menos inversiones, menos subsidios y menos obras de infraestructura por la disminución en la caja de circulante del Estado.

Lo que para los jeques significa apenas unos doblones menos en sus poderosas arcas, para Venezuela significa el debilitamiento –aun más, del gobierno post Chavez, y para Colombia, una merma de gran impacto para las inversiones en infraestructura, subsidios y protección social.

Pero al que tal vez le va peor es a Barack Obama. La industria del petróleo de Estados Unidos, que le apostó a su crecimiento explotando hasta la última gota, el “cuncho” que llamamos, de oro negro de sus pozos gracias a la tecnología del fracking, queda absolutamente maniatada con el precio desculado impuesto por la OPEP. Para vender barriles a US66, el fracking se convierte en un descalabro económico. Las vueltas de la vida: ahora los saudíes serán los mejores aliados de los ambientalistas, por cuenta de que el precio del crudo por el piso acaba con el nefasto método de explotación por fracking. Vea pues.

Y si el petróleo aprieta porque baja, el dólar aprieta por que sube. Las navidades, época en la que somos tan adeptos a “quedar divinamente” con regalos baratos, este año se ve venir con un alza evidente en los productos de consumo importados, sean de contrabando o no, por cuenta del dólar que pasó la barrera de los $2.000 y que, ya se sabe, no va a bajar en los próximos meses. Los importadores saben que sus mercancías van a costarle más al consumidor, porque a alguien hay que trasladarle los sobrecostos del dólar cada vez más caro. En este escenario, los únicos favorecidos serán, de nuevo, los chinos que seguirán inundando de productos baratos el consumo navideño del mundo.

En este afán del “detallito” navideño que se acerca, sugiero que mientras Santos, Maduro y Obama se devanan los sesos pensando en la macroeconomía, los compradores que con dificultad administramos nuestra microeconomía, escojamos regalos hechos a mano por nuestra gente. Cerámica, lana, madera, metal, frutas de nuestra tierra. Prefiero ver en el árbol de navidad de mi casa una artesanía colombiana que una baratija china.

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